Medio centenar de predicciones fallidas sobre Ucrania
¿Cuántas veces se puede anunciar una caída inminente sin que la caída llegue? En el caso de un analista de línea prorrusa con canal de pago, sus críticos cifran en más de medio centenar las entradas recopiladas. Esa recopilación de predicciones fallidas sobre la guerra de Ucrania —formuladas desde los primeros días del conflicto y ordenadas como una lista de éxitos musicales— dibuja, según sus autores, un historial en el que el pronóstico y lo sucedido apenas se rozan. La cuenta atrás arranca con
Black is black y, de momento, termina en
Aterriza como puedas.
Un catálogo de guiños cinematográficos
Los títulos funcionan como un género propio. Cada vaticinio va bautizado con un guiño de cine:
Terminator —con tres entregas—,
El imperio contraataca,
Alguien voló sobre el nido del cuco,
La carretera o
Por un puñado de rublos. A juicio de sus críticos, apenas hay cuerpo analítico detrás; el índice, por sí solo, cuenta la historia.
Caída inminente, «Hoy no, mañana», «Empieza lo bueno», «No sé cómo pasó». Cada rótulo es una promesa que se aplaza sola.
El recuento se presenta por sus críticos como prueba documental:
más de 50 entradas en las que se anuncia el hundimiento de la resistencia ucraniana, el corte del gas, la toma de Járkov o la victoria definitiva. La etiqueta «fino análisis heconómico», con la falta de ortografía incorporada, resume el tono con que se despachan algunos de los apartados más grandilocuentes. Y no es una lista cerrada: queda un hueco reservado para los «futuros éxitos» que, según su autor, ya van llegando.
Kiev cercada y Moldavia: el mapa que nunca llegó
El pronóstico más citado se publicó
a los cuatro días de iniciada la operación militar rusa. En él se sostenía que las tropas rusas estaban a pocos días de ocupar toda la costa sur de Ucrania, que ya habían entrado en Moldavia por el oeste y que sólo Mariúpol faltaba para unir Donetsk con Crimea. Traducido: Ucrania a punto de quedar aislada del mar, con
cien kilómetros por delante hasta Odesa.
A partir de ahí, la lista crece. «Kiev cercada», «Járkov tomada», «Lo de Azovstal se llama obsesión», el avance sobre Moldavia, «El corte del gas», las «fintas» que se suceden unas a otras. Cada vez que el frente se mueve en sentido contrario, el relato se reorganiza con un capítulo nuevo. El anterior, a juicio de sus críticos, no se corrige nunca. El archivo sólo suma.
La fecha móvil de los «dos meses más»
A finales de marzo, según la recopilación, llegó otra fecha: a la guerra le quedaban
«dos meses más». Ese vencimiento móvil —cada anuncio sustituye al anterior sin rendir cuentas— es lo que la hemeroteca deja a la vista con más crudeza. La lista no discute una interpretación; exhibe una secuencia de plazos que vencieron sin que nadie los liquidara.
Después llegaron los lanzacohetes Himars y el corte del gas. Nada de eso aparece como una revisión del pronóstico, sino como una entrega numerada más. El resultado es una contradicción curiosa: un analista que presume de anticiparse a los hechos y un historial que sólo acierta al enumerar lo que no pasó.
El canal de pago y dos meses de silencio
El otro frente es el económico. La
suscripción de pago del analista subió un euro y quedó en el entorno de los tres, con niveles de aportación admitidos desde un dólar. Hay quien sostiene que detrás del ajuste está la intención de exprimir a una audiencia fiel; la cuota, en cualquier caso, sigue siendo modesta. Más llamativo resulta el silencio:
casi dos meses sin publicar.
Un precio al alza y una producción a la baja encajan mal con el papel de vigía permanente que el propio analista reivindica. Tampoco con la respuesta que dio cuando el archivo se le puso delante: según su versión, que sus críticos se molesten por lo que escribe es la prueba de que acierta.
La hemeroteca como deporte de riesgo
El interés del ejercicio no está en el desmentido puntual, sino en el método. Un pronóstico que se publica a diario y no se revisa jamás convierte la actualidad en una sucesión de capítulos sin rendición de cuentas. Comparar lo anunciado con lo ocurrido —la vieja hemeroteca— es lo único que obliga a algo parecido a la responsabilidad.
La reacción que genera es proporcionada a la paciencia acumulada. No falta quien lee la recopilación como una enmienda a la totalidad de un relato que durante meses se presentó como certeza; otros la ven como un ajuste de cuentas sin valor analítico. Las dos cosas pueden ser verdad a la vez.
El archivo sigue abierto y creciendo. La caída inminente, cómo no, está a punto de llegar.