Debate interno en VOX: críticas a Abascal y defensa del cierre de filas
La política española vuelve a demostrar que el éxito electoral es el mejor abono para las guerras intestinas. VOX, el partido que ha capitalizado el descontento con el bipartidismo, afronta un debate interno en el que algunos participantes critican la gestión de Santiago Abascal y otros defienden la necesidad de cerrar filas ante el PP. En el centro de la polémica está
Iván Espinosa de los Monteros, exportavoz en el Congreso, a quien algunos foreros acusan de buscar apoyos para disputar el liderazgo a Abascal, mientras que otros niegan que existan pruebas de ello. La discusión llega, paradójicamente, cuando la formación ha consolidado su presencia institucional y ha entrado en gobiernos autonómicos del PP, un escenario que algunos interpretan como el momento idóneo para redefinir el rumbo y otros como una traición en toda regla.
El detonante no es una disputa programática, sino una concatenación de gestos y movimientos que han encendido todas las alarmas. La
Fundación Atenea, presidida por Espinosa de los Monteros, ha servido de plataforma para reunir a críticos con la dirección actual. A ello se suma la presencia de
Javier Ortega Smith en actos institucionales y su sintonía con el sector encabezado por el exportavoz, lo que ha sido interpretado por el entorno de Abascal como una exhibición de disidencia inaceptable en un partido que se juega su supervivencia en cada negociación con el PP.
El momento elegido: entre el éxito autonómico y la amenaza del PP
La aritmética parlamentaria es tozuda. VOX ha entrado en
tres gobiernos autonómicos del PP, un hecho que la dirección presenta como la prueba de su utilidad estratégica. Sin embargo, la misma dirección que celebra esos pactos advierte de que el PP no es un socio fiable. Santiago Abascal lo ha verbalizado sin ambages: «Puede volver a pasar que Sánchez acabe ganando. El PP se empeña en dañar a Vox y eso puede ser letal». La frase, pronunciada en una rueda de prensa recogida por
ABC, resume la paradoja: VOX necesita al PP para gobernar, pero el PP necesita debilitar a VOX para absorber su electorado.
En ese contexto, la ofensiva de Espinosa de los Monteros es leída por sus críticos como un favor involuntario a Génova. Hay quien sostiene que los medios que tradicionalmente han combatido a VOX —con
The Objective y
Okdiario a la cabeza— están amplificando las críticas internas para erosionar al partido desde dentro. La acusación es recurrente: se acusa a Espinosa de compadrear con el PP mientras se presenta como el adalid de la democracia interna. El argumento de sus defensores es que un partido que aspira a gobernar debe preservar puentes de diálogo institucional y capacidad de relación suficiente para articular una alternativa de poder comprensible y estable.
¿Qué dice el manifiesto de los críticos con Abascal?
El documento que circula entre los firmantes —catorce personas, según las referencias disponibles— no pide explícitamente la cabeza de Abascal, pero sí reclama un cambio de método. El texto sostiene que «liderar un espacio político no consiste en dinamitarlo» y aboga por recuperar la democracia interna como mecanismo de legitimación. La convocatoria de una consulta interna, abierta incluso a correos electrónicos inventados según sus detractores, ha sido interpretada como un órdago que busca forzar un congreso extraordinario.
La respuesta de la dirección no se ha hecho esperar. Abascal ha cerrado filas en torno a la idea de que no hay margen para debates internos mientras el partido se juega su posición en las instituciones. La purga de Ortega Smith en Madrid —según las versiones críticas— se presenta desde el entorno del líder como una decisión inevitable ante la deslealtad de quien fuera uno de los fundadores. El argumento oficial es que no se puede tolerar que un portavoz municipal se alinee con quienes colaboran abiertamente con los rivales políticos.
El fantasma de Ciudadanos y la tentación del partido único
La comparación con Ciudadanos planea sobre todo el conflicto. El partido naranja pasó de ser la gran esperanza liberal a desaparecer del mapa político en apenas un ciclo electoral. La causa, según el análisis más extendido, fue su incapacidad para mantener una identidad propia mientras competía por el mismo espacio que el PP. Hay quien teme que VOX repita ese guion si se convierte en una escisión liberal del PP, una vía ideológica que, se argumenta, no es transversal y perjudica a los sectores mayoritarios del voto trabajador.
Frente a esa tesis, los defensores de Espinosa de los Monteros sostienen que su perfil —serio, con ideas, con carisma— es precisamente lo que VOX necesita para dar el salto de calidad que exige gobernar. Sus críticos replican que ese perfil de señorito procedente de la élite madrileña no conecta con el votante medio y que su supuesta inteligencia superior genera más rechazo que adhesión. La discusión, en el fondo, no es sobre personas, sino sobre el modelo de partido: ¿una estructura vertical y disciplinada, o una plataforma plural donde quepan sensibilidades distintas?
La batalla por el relato mediático
El papel de los medios es otro frente abierto. La gira del Planeta —una entrevista con Alsina, otra con Herrera, un paso por Onda Madrid, Cuatro y RNE— ha sido diseccionada como una operación coordinada para instalar el relato de que VOX necesita un recambio en la cúpula. Los mismos digitales que durante años han combatido al partido ahora doran la píldora a sus críticos internos. La coincidencia temporal con las negociaciones presupuestarias y la entrada en los gobiernos autonómicos no parece casual.
La tesis de la dirección es que todo esto forma parte de una campaña más amplia para fagocitar o anular a VOX. Primero se le acusa de extremista para restarle votos; ahora se le exige moderación para diluirlo en el PP. En ese marco, cualquier disidencia interna se convierte en munición para el adversario. La consigna es clara: cerrar filas y resistir. Ya habrá oportunidad de debatir y discrepar, pero no ahora.
¿Quién gana si Espinosa se enfrenta a Abascal?
La pregunta del millón no tiene respuesta fácil. Si se convoca una elección interna, el cálculo más extendido es que Abascal arrasaría. Su control del aparato, su capacidad de movilización y su perfil de líder indiscutido le otorgan una ventaja difícil de remontar. Espinosa de los Monteros tendría las de perder y posiblemente acabaría fundando su propio partido o integrándose en las listas del PP, un escenario que sus críticos consideran el objetivo real de toda la operación.
Los defensores del exportavoz sostienen que su proyecto no es personalista, sino que responde a la necesidad de adaptar el partido a una nueva fase. Un partido que aspira a gobernar no puede permitirse purgas internas ni comportarse como una secta. La acusación de deriva estalinista —recurrente entre los críticos— apunta a que el cierre de filas se está convirtiendo en pensamiento único. La respuesta desde la dirección es que la disciplina no es estalinismo, sino sentido común cuando tienes a todo el espectro político y mediático en contra.
La incógnita sigue abierta. Con los datos disponibles, lo único seguro es que VOX afronta su prueba interna más delicada desde su fundación. Si Abascal logra imponer su autoridad, el partido saldrá reforzado o profundamente dividido. Si Espinosa de los Monteros consigue forzar un congreso, la formación entrará en un territorio inexplorado. Lo que nadie discute es que el resultado de esta pugna determinará no solo el futuro de VOX, sino también el equilibrio de poder en la derecha española para los próximos años.