Abascal aparta a Ortega Smith y coloca a Julia Calvet en VOX
¿Qué gana VOX echando a uno de sus fundadores más reconocibles para sentar en la ejecutiva a una dirigente que casi nadie sitúa? El movimiento, confirmado en la cúpula del partido, ha reabierto la herida que dejó la salida de
Espinosa de los Monteros y ha encendido a buena parte de su electorado más fiel. Ortega Smith ya había perdido la portavocía en el Congreso —ese puesto lo ocupa ahora
Garriga— y ahora se consuma su salida del núcleo duro. La pregunta no es quién entra, sino qué queda del partido cuando los nombres que arrastraban votos van cayendo uno a uno.
Quién es Julia Calvet y por qué su nombre no suena
La sustituta es una dirigente de perfil bajo, conocida por haber encabezado el sindicato estudiantil
Socabat, una organización que, según se recuerda en el entorno del partido, ha sido amenazada y agredida por grupos independentistas. Ese dato, que en cualquier otra formación sería un aval, aquí se usa como contrapeso:
tiene mérito haber estado al frente de una estructura hostigada.
El problema no es su currículum, es la lógica de la sustitución. Hay quien sostiene que la dirección prefiere perfiles jóvenes y presentables para la foto antes que pesos pesados capaces de marcar línea propia. La crítica se repite con distintos nombres:
Espinosa de los Monteros fuera, Ortega Smith apartado, Fernando Paz también desaparecido. El patrón, dicen, no es casual.
El giro en seguridad: de la crítica al feminismo al discurso del miedo
El punto que más ampollas ha levantado es el cambio de marco en materia de seguridad. Ortega Smith era una de las voces que más claramente cuestionaba el enfoque de género en la violencia. Su relevo coincide con un discurso que habla de
«el derecho a caminar tranquilas por la noche» y de subir las penas a los violadores, un lenguaje que, se argumenta, es el mismo que usa la izquierda.
La objeción es doble. Primero, estratégica: quien vota en clave de seguridad femenina ya tiene partidos que lo representan y no va a cambiar de papeleta por una conversión de última hora. Segundo, de fondo:
hay quien sostiene que los hombres son las principales víctimas de delitos violentos, así que convertir la inseguridad en un asunto de género hacia las mujeres deja fuera al núcleo del problema. El resumen de una de las intervenciones más repetidas: VOX no gana nada y le regala el marco a sus adversarios.
El cálculo electoral: ¿a quién se dirige VOX de verdad?
El diagnóstico que circula es que VOX tiene un electorado muy masculinizado y que su caladero natural de crecimiento está en las mujeres. De ahí el giro. La duda es si ese giro se hace con mensajes propios o copiando los del rival, porque
en el terreno de la seguridad con perspectiva de género la izquierda parte con ventaja.
La alternativa que se plantea es la contraria: hablar de los hombres como sujeto político, convertir sus problemas en tema prioritario y forzar a los demás partidos a posicionarse. Eso moviliza bases y arrastra al PP hacia posiciones más duras. Lo otro, sostienen, solo diluye la marca.
El patrón que se repite en todos los partidos
Más allá del caso concreto, la conversación deriva hacia un diagnóstico estructural:
hay quien sostiene que los partidos con listas cerradas y liderazgo fuerte tienden a rodearse de perfiles dóciles. El líder no quiere sombras. Y eso vale para VOX, para el PSOE y para el PP. La consecuencia es que los activos que incomodan se van y los que quedan no discuten.
A eso se suma la sospecha de siempre: que toda formación que entra a jugar en el sistema acaba asimilada por él.
Hay quien sostiene que la oposición se convierte en un engranaje más, con sus redes clientelares y su cuota de consenso. El ciclo se cierra solo.
Al final, la pregunta que nadie responde con datos: si el electorado que se va a buscar con este giro ya tiene a quien votar, ¿a quién se le está quitando el voto con el cambio? Nadie lo ha calculado. Y mientras tanto, los que se van no vuelven.