Coche usado en España: 1.200€ por un Saxo sin aire ni ITV
El mercado del coche de segunda mano en España no está caro. Está roto. O al menos eso sostiene cualquiera que haya dedicado un par de tardes a rastrear anuncios de utilitarios básicos y se haya topado con coches comprados hace quince años por
10.000 o 12.000 euros que hoy se ofrecen por más de 1.000 euros y con más de
200.000 kilómetros en el marcador. La queja no es una rareza de un día tonto: es el punto de partida de una discusión que se ha estirado durante años y en la que se mezclan precios inflados, vendedores sin prisa, compradores con el puño cerrado y una crisis que empujó a media España al mercado de ocasión.
Qué se pide hoy por un coche de 15 años
Los ejemplos concretos son de manual. Un propietario pide
900 euros por un coche con
350.000 km y lo anuncia como «como nuevo. No negociable». Otro quiere
1.200 euros por un vehículo sin aire acondicionado y sin ITV ni seguro, y lo justifica precisamente en eso: la falta de papeleo forma parte del precio. Un tercero compara directamente y se queda a gusto: por un utilitario de la quinta del Saxo, que costó
un millón de pesetas, se pide lo mismo que por un Mercedes que salió del concesionario por
siete millones.
La sensación de despropósito tiene su lógica. Con 600 euros no se compra nada, y subir a 1.200 no garantiza gran cosa: el coche puede tener el motor más duro del mundo, pero antes o después perderá aceite por una junta o se le romperá una rótula.
El cálculo del vendedor: 16.000€ y 350.000 km
El otro lado del mostrador también tiene números. Un propietario que gastó
16.000 euros en un coche hace catorce años y le ha hecho
350.000 km calcula que no baja de mil euros: es su amortización. A razón de poco más de mil euros por ejercicio, el coche todavía anda y no ve motivo para regalarlo a quien le ofrece la mitad.
Mientras decide, el coche duerme en el garaje y sigue generando gastos:
seguro, ITV e impuesto. Es decir, cuesta dinero tanto venderlo mal como no venderlo. Hay quien lo tiene claro y no se mueve.
Regatear 500 euros y exigir un coche revisado
Los particulares que venden no creen que su precio sea un abuso. Alegan que mantener un coche es caro, que ponerlo a la venta obliga a echarle dinero encima —cambios, neumáticos, pintura— y que luego aparece el listo de turno a denunciar por vicios ocultos cuando falla algo que simplemente se ha desgastado. De ahí su conclusión: quien ofrece 500 euros por un coche revisado quiere que se lo regalen.
Enfrente, la postura del comprador es igual de dura. Nunca hay que comprar un coche de mil euros o menos, sostiene otra corriente, porque lo único que se adquiere es un montón de problemas. Y una tercera voz añade el matiz que molesta a los dos bandos: un coche de veinte años no se convierte en clásico por estar impecable.
Oferta, demanda y el suelo de la chatarra
El mecanismo es simple y cruel. Un Saxo anunciado por 600 euros no dura ni diez segundos publicado: gasta poco, tiene recambios a patadas y aguanta como una piedra. Cuando todos buscan lo mismo y la oferta escasea, el precio sube. En la bonanza, cuando medio país se cambia de coche por capricho, aparecen gangas; en crisis, la gente tira del mercado de ocasión y los precios se van arriba.
Después está el suelo del mercado. Llevar un coche al desguace en Zaragoza se paga con
80 euros; si tiene que ir la grúa a buscarlo, no se cobra nada. En 2016, por un Megane, un desguace pagó
150 euros. Entre lo que da la chatarra y lo que pide el propietario hay un abismo que nadie cubre.
¿Por qué en Alemania piden menos por el mismo coche?
La comparación internacional incomoda. En Alemania, con rentas más altas, se piden precios más bajos por coches equivalentes. La anomalía española admite varias explicaciones que se solapan: la crisis que retuvo la compra de coche nuevo durante años, la escasez de oferta asequible y la presencia de compraventas informales que acaparan unidades y retocan cuentakilómetros para fabricar una impresión de valor falsa.
Cuándo comprar nuevo sale más barato que usado
En algunos tramos, la segunda mano ha dejado de tener sentido económico. Buscando un modelo con menos de 30.000 km, más de uno ha encontrado que los usados de dos años costaban más que el coche nuevo del concesionario. Con esos números, la amortización estándar —a los tres años un coche nuevo vale aproximadamente la mitad— se rompe. Y no se sostiene pagar
7.000 euros por un coche de quince años cuando un Sandero nuevo, según se comenta, no llega a 10.000.
Lo curioso es que, en otros casos, la vieja escuela sale ganando. Un conductor que ha pasado por un Polo de gasolina (1.500 euros), un Clio diésel (2.500) y un Ibiza SDI (1.800) calcula que en catorce años y medio ha gastado
5.800 euros en coches. Su hermano compró uno nuevo en 2000 por
16.000 euros. El desglose completo de esas compras, con averías incluidas, da un resultado que sorprende a quien defiende a ciegas el coche nuevo.
Con estos mimbres, lo previsible es que el mercado siga atascado. Los utilitarios viejos no bajarán mientras el coche nuevo siga caro, y los particulares no aceptarán 500 euros por un coche que a ellos les costó un millón de pesetas. La corrección llegará, si llega, desde la oferta nueva o desde el bolsillo del comprador. Cuándo, nadie lo firma.