130 muertos en un día por calor: ¿cifra real o nueva polémica estadística?
El martes, la agencia estatal de meteorología registró temperaturas máximas históricas en media docena de provincias. Horas después, el Ministerio de Sanidad publicó la cifra: 130 fallecimientos atribuibles al calor en una sola jornada, y 496 en lo que va de julio. La reacción no se hizo esperar. En foros y redes, el escepticismo sobre la metodología de atribución de muertes por calor se disparó, recordando viejas polémicas sobre los recuentos de fallecidos por COVID.
El fantasma de la contabilidad creativa
Las comparaciones con la pandemia son inevitables. Entonces, los criterios para considerar una muerte como «por COVID» variaban entre comunidades y cambiaron varias veces. Ahora, los críticos apuntan a que las muertes por calor se estiman a partir de modelos estadísticos que cruzan temperaturas diarias con excesos de mortalidad, pero sin autopsia ni certificado médico específico. La duda sembrada es si realmente 130 personas cayeron fulminadas por el termómetro o si ese número incluye fallecimientos cuya causa directa fue otra, pero se produjeron en día de calor extremo. «Es igual que lo de los muertos por COVID, que contaban lo que les salía de los cojones», se argumenta en círculos críticos.
Del calor a la cartera: la sospecha fiscal
Otra corriente va más allá y ve en estas cifras la antesala de nuevas cargas económicas. «Hay que meter miedo a la población como sea, para luego esquilmarla con nuevos impuestos y prohibiciones climáticas», resume un análisis compartido en redes. Mientras el debate sobre la fiabilidad de los datos se encona, los bolsillos de los ciudadanos sufren la subida de precios, la dificultad de acceso a la vivienda y la congelación salarial. La conexión entre la ola de calor y la agenda fiscal es, al menos, una coincidencia sospechosa para muchos.
Ironías y memes: el actor inesperado
La polémica incluso ha generado su propio icono involuntario. El actor Antonio Resines, que ya fue portada durante la pandemia por su grave ingreso hospitalario, ha sido rescatado por la sorna digital: «Me espero a Antonio Resines sudado y diagnosticado con un 97% de posibilidades de morir, echándole la culpa a los negacionistas climáticos», se lee en las trincheras de Internet. La anécdota ilustra hasta qué punto la credibilidad de las cifras oficiales ha quedado tocada.
El dato que descoloca es que, según los registros históricos del Instituto de Salud Carlos III, en julio de 2023 los fallecimientos diarios atribuibles al calor nunca superaron los 40 en los peores días. Que la cifra se haya triplicado este julio sin un episodio inédito de temperatura —sí, ha hecho calor, pero no un récord planetario— deja la pregunta en el aire: ¿hemos mejorado la detección o hemos cambiado el criterio?