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Acaba de publicarse un análisis masivo en la revista Diabetes, Obesity and Metabolism. Los investigadores han seguido a más de 440.000 adultos. Con muy buen criterio histórico y médico, decidieron no quedarse en la superficie de medir cuánto pesaba la gente, sino que cruzaron dos variables fundamentales: la complexión física (delgado frente a pesado) y la salud metabólica (medida mediante la presión arterial, el azúcar en sangre, los triglicéridos y el colesterol HDL).
A partir de ahí, dividieron a los participantes en cuatro tribus:
Si hacemos una encuesta ahora mismo, el instinto de la inmensa mayoría, educado por décadas de cultura de la delgadez, apostaría a que el grupo 4 (los más pesados y enfermos) es el que tiene todas las papeletas para un desastre inminente.
Pues la biología tiene un sentido del humor macabro:
el grupo con el mayor riesgo de gloria, con diferencia, fue el de las personas delgadas pero metabólicamente enfermas.
Pero el artículo nos deja una conclusión que es pura esperanza. En cada uno de los cuatro grupos analizados, las personas que se movían más, morían menos en una proporción dependiente de la dosis. A más movimiento, menos gloria.
Incluso en ese grupo crítico de personas delgadas y metabólicamente enfermas, el riesgo disminuía a medida que aumentaba su actividad. El movimiento fue el factor redentor universal para absolutamente todos los participantes, sin importar desde qué casilla de salida comenzaron.
A partir de ahí, dividieron a los participantes en cuatro tribus:
- Delgados y metabólicamente sanos.
- Delgados y metabólicamente enfermos.
- Pesados y metabólicamente sanos.
- Pesados y metabólicamente enfermos.
Si hacemos una encuesta ahora mismo, el instinto de la inmensa mayoría, educado por décadas de cultura de la delgadez, apostaría a que el grupo 4 (los más pesados y enfermos) es el que tiene todas las papeletas para un desastre inminente.
Pues la biología tiene un sentido del humor macabro:
el grupo con el mayor riesgo de gloria, con diferencia, fue el de las personas delgadas pero metabólicamente enfermas.
Superaron en riesgo a las personas de mayor peso que compartían los mismos problemas metabólicos, y no por poco margen. Por el contrario, las personas de complexión grande pero con marcadores metabólicos limpios tuvieron una supervivencia radicalmente mejor de lo que cabría esperar.Pero el artículo nos deja una conclusión que es pura esperanza. En cada uno de los cuatro grupos analizados, las personas que se movían más, morían menos en una proporción dependiente de la dosis. A más movimiento, menos gloria.
Incluso en ese grupo crítico de personas delgadas y metabólicamente enfermas, el riesgo disminuía a medida que aumentaba su actividad. El movimiento fue el factor redentor universal para absolutamente todos los participantes, sin importar desde qué casilla de salida comenzaron.