El lastre emocional de ligar en aplicaciones: mentiras y ghosting
¿Cuánto daño hace una conversación que se apaga sola? El artículo de
El País firmado por Jessica Mouzo el 20 de julio de 2025 pone cifras a una queja que hasta ahora circulaba sin nombre: el desgaste psicológico de ligar por el móvil.
El 40% de los españoles ha usado aplicaciones para conocer gente, según el estudio que recoge el texto, y el 7% de la información que se comparte en esas plataformas es falsa. El resultado es una mezcla de mentiras, desapariciones y atención racionada que la ciencia empieza a medir y que las empresas del sector ya notan en su cuenta de resultados.
Qué es el ghosting y por qué duele tanto
El
ghosting es la desaparición repentina y definitiva de alguien con quien se estaba hablando. La sexóloga Francisca Molero, directora del Instituto Iberoamericano de Sexología, describe el efecto en su consulta: quien lo sufre se pregunta qué ha hecho mal y arrastra «una sensación de caos e incertidumbre» que puede condicionar relaciones futuras. En Estados Unidos, hasta
uno de cada cinco encuestados lo ha sufrido y entre el 10% y el 30% admite haberlo ejecutado. En España, una encuesta a más de 600 personas sitúa en el 20% quienes lo han padecido o iniciado.
El
breadcrumbing funciona distinto: no desaparece, dosifica. Señales intermitentes de interés sin compromiso ni responsabilidad afectiva. Un tercio de los encuestados españoles lo ha sufrido o practicado en el último año, y el estudio vincula ambos comportamientos al uso intensivo de las aplicaciones, con mayor incidencia entre el colectivo LGTBIQ+.
Las mentiras del perfil: edad, ingresos y estado civil
Una encuesta de
Forbes recogida en el artículo desglosa el catálogo de falsedades:
uno de cada cinco miente sobre su edad, el 14% sobre sus ingresos o aficiones y el 13% sobre su trabajo, su historial amoroso o su estado civil. Molero lo resume sin paños calientes: «Hay una idea de que siempre se miente y ya vas con cierta barrera, por lo que es difícil establecer relaciones duraderas».
A eso se suma la irrupción de asistentes virtuales que redactan las mejores respuestas para ligar. La espontaneidad se pierde y nadie sabe ya qué hay de cierto en la conversación que tiene delante.
El hartazgo de los usuarios de pago
Tras una década de éxito rotundo, las aplicaciones han perdido miles de suscriptores de pago y sus matrices han sufrido retrocesos en Bolsa. Molero lo atribuye al cansancio: «No quieren entrar en esa vorágine de conocer personas cada semana, tener que tener sexo en la primera cita y que todo el mundo vaya a lo mismo».
El sexólogo Ignasi Puig Rodas, de la Sociedad Catalana de Sexología, añade dos ingredientes: la sensación de rapidez y la percepción de abundancia —hay demasiados perfiles donde elegir— empujan a «relaciones más superficiales» y a cierta crueldad en el trato. Su diagnóstico de la demanda es incómodo para el sector: la gente pide autenticidad y recibe superficialidad.
El otro lastre: cuando el like no llega nunca
La conversación derivó pronto hacia el desequilibrio de partida. Frente al relato del desgaste femenino, una parte de los lectores reclamó el suyo: el de quien acumula rechazos silenciosos. «Los hombres no tenemos ningún lastre emocional cuando nos da like 1 de cada 38478185784828585828 mujeres, y para colmo la conversación muere en un hola, que tal», resume una intervención. Otra lo cuantifica en términos de embudo: el 80% de los perfiles masculinos resultan invisibles y solo queda cortejar a quien responde.
Hay quien va más allá y sostiene que la queja publicada es una inversión del orden real de los hechos, porque
las mujeres serían quienes más practican el ghosting y ahora se presentan como víctimas. La acusación circula sin datos que la respalden más allá de la experiencia personal de quien la lanza.
El mercado del romance, visto desde la oferta
El artículo deja un retrato económico poco halagüeño. Las plataformas facilitaron el acceso a relaciones sexoafectivas y, de paso, monetizaron la atención. La facilidad para construir una narrativa idealizada de uno mismo y la pérdida de espontaneidad han retorcido las dinámicas hasta un punto en que la confianza es el bien más escaso del mercado.
La ciencia sobre la cara amarga de estas aplicaciones, admite el propio texto, llega a cuentagotas. Lo que ya no es una hipótesis es el desgaste: el mismo fenómeno que sostiene el modelo de negocio empieza a erosionar su base de clientes.
Con estas cifras, la pregunta no es si las aplicaciones hacen daño, sino a quién le sale más caro el intento. Y ahí, cada perfil lleva su propia contabilidad.