El plan de Trump para Ucrania: 800 millas de tropas de la OTAN
¿Puede un acuerdo de paz consistir en meter tropas de la OTAN en el territorio del país invadido? Eso es lo que se desprende de la filtración publicada por
The Telegraph: Donald Trump podría pedir a tropas europeas y británicas que patrullen una zona de amortiguamiento de 800 millas entre los ejércitos ruso y ucraniano para congelar la guerra. La línea roja del mapa no marca una retirada, marca dónde se plantarían los soldados de la Alianza Atlántica. Y eso, para una parte del análisis, es exactamente lo que desató el conflicto.
El plan, tal como circula, tendría tres patas: Ucrania cede de facto el terreno ocupado, Europa paga la reconstrucción y el despliegue, y Estados Unidos se limita a seguir enviando armas para disuadir a Rusia de reiniciar la guerra. Es decir, Washington gestiona el negocio y Europa pone los muertos. La propuesta se lee menos como paz y más como un reparto de costes.
Qué dice el plan de 800 millas y quién paga la factura
El núcleo de la filtración es una
zona de amortiguamiento de 800 millas patrullada por tropas europeas y británicas. No se especifica cuántos soldados, ni de qué países, ni con qué mandato. Tampoco aparece Ucrania en la ecuación: se le ofrece a Rusia en torno al
20% de su territorio sin contar con Kiev, según la lectura más repetida. A cambio, Estados Unidos llenaría Ucrania de armas para disuadir a Rusia de reiniciar la guerra.
Hay quien sostiene que esto deja en la estacada a Ucrania y a Europa: Ucrania pierde territorio y soberanía, Europa paga el despliegue y la reconstrucción, y Estados Unidos se forra vendiendo armamento sin poner un solo soldado sobre el terreno. El cálculo más optimista para Moscú asume que Putin firmaría en cero coma: une Crimea por tierra, se queda el Donbás y encima puede vender que la OTAN está a las puertas. El escenario pesimista parte de lo contrario: si Rusia acepta tropas de la OTAN en su frontera, en veinte años no existe.
La contradicción de fondo: la OTAN como fuerza de paz
La paradoja recorre todo el asunto. Durante años, el argumento oficial para no negociar era que meter tropas de la OTAN en Ucrania provocaría la tercera guerra mundial. Ahora, esas mismas tropas serían el instrumento de la paz. El desplazamiento del relato es tan grande que cuesta sostenerlo sin sonrojo.
En contra pesa un dato de capacidad: el Reino Unido no puede desplegar más de
30.000 soldados, y ningún país occidental aguantaría una remesa de ataúdes llegando a casa por un país corrupto. La pregunta no es si el plan es bueno, sino quién está dispuesto a morir entre la nieve por ejecutarlo.
Rusia no sale descalza: Odesa y el corredor terrestre
La pieza que descoloca el tablero es
Odesa. Si Rusia no reconquista el corredor terrestre hasta Transnistria y deja a lo que quede de Ucrania sin salida al mar, el acuerdo sería una derrota estratégica camuflada de victoria. Rusia ya ha unido Crimea con el resto del país y el Donbás ya es ruso. Lo que falta, como mínimo, es Nova Rusia. Sin Odesa, Putin habría sido sometido por la angloesfera.
El problema es que congelar el frente con tropas de la OTAN en la frontera deja a Rusia en una posición insostenible a medio plazo: una Ucrania armada hasta los dientes, financiada por Europa y con soldados occidentales en su territorio es una amenaza permanente. Aceptar eso es aceptar una derrota diferida.
El coste humano que nadie quiere poner en la balanza
La cifra que sobrevuela el asunto es la de
100.000 nuevos efectivos rusos en el invierno. La guerra no se ha detenido, se ha recalentado. Y mientras se negocia el mapa, la pregunta incómoda es cuántos ucranianos quedan por movilizar antes de que el frente se convierta en un cementerio sin nombre.
Una parte del análisis sostiene que si Ucrania hubiera aceptado la anexión, sus vidas habrían sido iguales o mejores, y los muertos estarían vivos. Es una hipótesis contrafactual que no se puede demostrar, pero que circula con fuerza entre quienes ya no creen en ninguna de las dos propagandas.
Al final, el plan de Trump tiene una virtud involuntaria: deja al descubierto que la paz y la guerra las deciden los mismos que nunca van a pisar el barro. Los ucranianos, como siempre, se enterarán por la prensa.