El coronel Baños lanza Avante 2/3 con militares como fundadores
El coronel Baños ha presentado Avante 2/3, un partido fundado por militares que aspira a dos tercios del Congreso. El anuncio llega con la legislatura en su tramo largo —más de siete años de Gobierno, según el cómputo que se maneja en la calle— y con la sensación extendida de que habrá elecciones antes de lo previsto. La primera precisión importa:
no es un partido formado solo por militares, sino iniciado o fundado por militares, que es bien distinto. La diferencia no es menor cuando lo que se pone en discusión es el papel de las Fuerzas Armadas en la política y el encaje constitucional de quienes las integran.
Qué es Avante 2/3 y quién está detrás
La marca se presenta como plataforma nueva, aunque el nombre remite directamente a la meta:
dos tercios de la Cámara. Detrás hay un coronel con presencia habitual en medios y una estructura que, según las primeras lecturas, se apoya sobre todo en personal militar. No se especifica cuántos afiliados hay, ni si habrá candidaturas propias en el corto plazo.
Hay dos lecturas dominantes. Una sostiene que se trata de un partido más,
un partitócrata que se suma a la oferta existente sin tocar las reglas; otra pone el foco en el perfil de los impulsores y en el ruido que genera que un militar dé el paso. La duda de fondo, planteada sin resolver, es si un militar en activo —o en la reserva— puede fundar una formación sin que eso choque con el papel que le asigna la Constitución. En toda democracia liberal, se argumenta,
los militares son servidores y no regidores.
¿Qué propone Avante 2/3?
Entre las líneas de actuación que se le atribuyen figuran el control de fronteras, el fin de las subvenciones a organizaciones que trabajan con población migrante, la recentralización de competencias autonómicas y un giro duro en la política de idiomas cooficiales. Eso convive con un marco que no se toca:
defensa de la UE, del euro, de la monarquía y del sistema de partidos representativo. Y con una petición que descoloca a más de uno, la «integración efectiva de la inmigración legal».
Ahí aparece la primera contradicción señalada: si el diagnóstico es que el sistema no funciona, no se entiende que el programa se presente como avalista del estatus. En el otro extremo, hay quien sostiene que con un paro que se estima entre el 15% y el 20% fuera de la estadística oficial no hace falta ningún tipo de inmigración. Es una posición que se defiende con vehemencia, pero que en el material no viene respaldada por ninguna fuente estadística citada.
¿Cuántos votos hacen falta para entrar en el Congreso?
Aquí los números aprietan. Se parte de un dato grueso: en España hay
270.000 policías y militares, según la referencia estadística que se cita. El PNV sacó en las últimas elecciones 272.783 votos, una cifra muy parecida al colectivo entero de fuerzas del orden. Con ese volumen, el cálculo más optimista ve difícil el escaño y remite a que haría falta acercarse a los 400.000 votos directos para tener opciones razonables.
La comparación electoral que circula es la que descoloca de verdad: PACMA obtuvo 286.702 votos en 2016 y se quedó fuera; Coalición Canaria entró con 78.253. El sistema reparte escaños por provincias, no por total nacional, y eso hace que el mismo caudal vote distinto según dónde se concentre. La conclusión que se repite es un clásico:
Spain is different.
Dos tercios del Congreso: la aspiración frente al espejo de 202 diputados
La meta anunciada es de las que se recuerdan. Ni en los mejores tiempos de Felipe González, con sus
202 diputados, se llegó a un resultado de esa magnitud. Ese es el dato que se repite para dimensionar la ambición y también para dudar de que el proyecto vaya en serio. La respuesta de quienes defienden la propuesta es que precisamente por eso hace falta una formación nueva, porque el sistema actual no admite mayorías claras sin pactos.
Sospechas de financiación extranjera y operación controlada
Parte del público sitúa el proyecto en clave de operación dirigida. Se apunta, sin prueba alguna, a que la financiación vendría de fondos reservados o de la banca, y se insinúa una vinculación con servicios de inteligencia que habría montado la candidatura. Otra línea, igual de repetida, atribuye al promotor intereses rusos y sostiene que todo lo que hace debilita las instituciones.
Ninguna de esas acusaciones está respaldada por evidencia en el material y no hay condena ni expediente alguno: son sospechas lanzadas al aire. La ironía recurrente habla de financiación en rublos y de que cierta empresa tecnológica cobra en dólares.
Militares en política: el punto donde el análisis se atasca
El debate se parte en dos. Para unos, el paso de un militar a la política electoral rompe el principio de subordinación al poder civil y convierte al proyecto en una anomalía. Para otros, es exactamente la reacción esperable en un sistema que no resuelve nada, y la prueba es que hay votantes dispuestos a escuchar a quien venga de fuera del circuito habitual. Hay incluso quien habla de
pendulazo y de un giro de época.
Lo cierto es que el anuncio abre el ciclo y lo deja abierto: no hay fecha, no hay listas, no hay programa cerrado y no hay certeza de que vaya a presentarse. Lo que hay es una marca, un nombre, una promesa de dos tercios y 270.000 personas en uniforme mirando de reojo.