El déficit genético español: el prejuicio que vuelve con ropaje nuevo
España no está donde está por culpa de sus genes. Y aun así, cada vez que la actualidad aprieta, reaparece la explicación biológica: un supuesto determinismo genético convertiría a los españoles en un pueblo de estómago, de tribu y de rebaño, incapaz del matiz. La tesis circula sin una sola prueba y funciona como coartada perfecta: si el problema es la sangre, no hay que tocar ni el sistema fiscal, ni la vivienda, ni los salarios.
De la disgenesia universal al caso español
El primer contrapeso aparece dentro del propio argumento. Lo que se atribuye al español medio se atribuye igual al resto de la especie: la mayoría de humanos se comporta así, con independencia del país, y la selección cultural ha premiado históricamente lo contrario de la empatía. Si el defecto es universal, no explica nada de España. Y el salto desde ahí —del carácter nacional a la genética de la población migrante— convierte una queja de barra de bar en una teoría racial sin ningún respaldo científico.
Comparar con el norte de Europa y salir escaldado
El segundo pilar es la comparación: en Francia, Países Bajos o Alemania las élites concederían mucho más a sus ciudadanos. Algo hay: el gasto social y la calidad institucional difieren. Pero el relato se autodestruye al mirar a Polonia, invocada a la vez como paraíso y como aviso, porque allí la juventud cobra salarios bajos y paga una vivienda aún más cara. El espejo nórdico sirve para la queja, no para el análisis.
«¡Dios, qué buen vasallo, si oviesse buen señor!»
Para rematar, el verso 20 del Cantar de Mío Cid, ese lamento por el buen vasallo sin buen señor, se usa como retrato eterno del país. La fórmula tiene pedigrí literario y una segunda vida política: el «que inventen otros» y el «muera la inteligencia». El líder de Vox, Santiago Abascal, ha llevado ese marco a su terreno con afirmaciones como que «esto no es inmigración, es una invasión en toda regla», junto a su propuesta de expulsar a quien entre sin papeles, delinca o viva de ayudas sin querer trabajar.
Cabe esperar que la tesis genética siga teniendo mercado mientras el reparto económico no mejore. Con una reserva: es también la excusa más barata para no cambiar nada.