Mainat se gasta 200.000 euros en hormonas para rejuvenecer a los 79
Josep María Mainat, exmiembro de La Trinca y uno de los productores más influyentes de la televisión en España, ha sorprendido con una imagen visiblemente rejuvenecida a sus 79 años. El productor catalán se somete a un tratamiento hormonal que incluye inyecciones de testosterona y hormona del crecimiento, y que según las informaciones publicadas le habría costado más de 200.000 euros. Él mismo lo ha comparado con «afinar una gran orquesta», donde cada hormona actúa como un instrumento clave para recuperar el equilibrio. Su objetivo declarado: vivir hasta los 120 años luciendo joven.
El caso ha abierto un debate incómodo. Por un lado, la medicina antienvejecimiento advierte de que estas terapias «pueden ayudar, pero solo cuando están indicadas, con supervisión médica y con un control estricto». Por otro, hay especialistas en terapias hormonales que defienden su uso para abordar síntomas asociados a la edad, como la pérdida de masa muscular, las alteraciones del ánimo o los problemas de sueño. La horquilla de precios no ayuda a zanjar la discusión: la hormona del crecimiento puede superar los 3.000 euros al mes.
Qué incluye el tratamiento y cuánto cuesta
El paquete no se limita a las hormonas. Mainat también ha renovado su dentadura y se ha sometido a un injerto capilar, dos intervenciones valoradas en unos 5.000 euros cada una. Sumadas al tratamiento hormonal, la factura total se dispara por encima de los 200.000 euros, una cifra que para la mayoría de mortales es inalcanzable pero que para alguien que vendió su productora y se guardó un puesto bien remunerado es calderilla.
La horquilla de precios de la hormona del crecimiento es el dato que más incomoda. Más de 3.000 euros al mes, todos los meses, durante años. No es un capricho puntual: es un gasto recurrente que solo tiene sentido si se mantiene en el tiempo. Y ahí entra el problema médico.
Los riesgos que los médicos advierten
La testosterona exógena tiene un efecto secundario que no sale en las revistas de estilo: cuando el cuerpo detecta suficiente hormona en sangre, los testículos dejan de producirla. Si el tratamiento se mantiene durante meses, la función de producción se atrofia y el tamaño testicular puede reducirse entre un 20% y un 30%. Si se interrumpe la cadena de suministro, el paciente se convierte en un eunuco químico hasta que el eje hormonal vuelva a reactivarse, un proceso que puede tardar muchísimo tiempo y que rara vez devuelve los niveles previos.
Hay quien sostiene que a partir de cierta edad —50, 60 años— la sustitución hormonal no se deja: se mantiene hasta el último día. El clomifeno se usa para intentar reactivar la producción endógena, pero no hay garantías. La alternativa natural —dieta, gimnasio, pérdida de grasa abdominal— funciona, aunque con un efecto mucho menos espectacular. Un caso citado en la discusión: alguien que bajó cuatro kilos de barriga con dieta keto y ejercicio, y notó mejoras en libido y resistencia sin tocar una sola ampolla.
El negocio de la longevidad
La medicina antienvejecimiento mueve un volumen creciente de dinero. Las clínicas especializadas han encontrado un filón en varones de edad avanzada con patrimonio suficiente para financiar tratamientos que la sanidad pública no cubre y que en algunos ámbitos rozan la ilegalidad. La advertencia de los especialistas es clara: sin indicación médica y sin control estricto, estas terapias son peligrosas. Con supervisión, pueden mejorar la calidad de vida. La línea entre una cosa y otra es más fina de lo que parece.
El caso de Mainat no es aislado. Empresarios y celebridades de todo el mundo han convertido la longevidad en un proyecto personal. El fundador de Amazon es el ejemplo más citado: su transformación física en los últimos años se atribuye, al menos en parte, a la testosterona. La diferencia es que Mainat lo cuenta en la radio y presume de ello, mientras otros lo niegan o lo maquillan con filtros.
La trinca, Gestmusic y el dinero que no se acaba
Para entender por qué 200.000 euros no le quitan el sueño hay que recordar de dónde viene el dinero. Mainat no solo fue el rubio de La Trinca. Fue dueño de Gestmusic, la productora detrás de formatos como Operación Triunfo, Crónicas marcianas, Mira quién baila o La parodia nacional. Cuando vendió la empresa, se guardó un puesto directivo bien pagado para seguir cobrando nómina. Estuvo casado con Rosa María Sardá, de familia con patrimonio. El resultado: un patrimonio que, como señala un comentario, «nos entierra en pasta a todos».
Con esa base, gastarse 200.000 euros en hormonas es una decisión perfectamente racional desde el punto de vista económico. Si el tratamiento funciona, gana años de vida con buena calidad. Si no funciona, pierde una cantidad que no compromete su patrimonio. La asimetría es total.
El debate sobre el gasto y la vanidad
La discusión pública se ha dividido entre quienes defienden que cada uno haga con su dinero lo que quiera —siempre que sea legal y no perjudique a terceros— y quienes consideran que gastar semejante suma en parecer más joven a los 79 años es un síntoma de vanidad o de falta de aceptación de la vejez. La comparación con Amancio Ortega ha salido a relucir: si el fundador de Inditex dona millones contra el cáncer y se le critica por facha, mientras Mainat se gasta 200.000 euros en enderezarse el nabo y se le aplaude, algo falla en el rasero.
La cuestión de fondo es otra. Mainat tiene 79 años, dinero y un deseo explícito de vivir hasta los 120. Si el tratamiento le funciona, habrá ganado. Si le sale mal, habrá perdido una cantidad que no le hace falta. En cualquier caso, el experimento ya está en marcha y los resultados se verán con el tiempo. De momento, el productor dice sentirse «mejor que nunca». Habrá que ver si dentro de una década sigue diciendo lo mismo.