La alta velocidad pierde 3,2 millones de viajeros en seis meses
¿Se está bajando la gente del tren? Los números dicen que sí. La alta velocidad española perdió 3,2 millones de viajeros en seis meses, un 14% de caída según un cálculo que circula en el foro, y el propio ministro de Transportes, Óscar Puente, reconoció una «pérdida de confianza» en el ferrocarril, según recogen los medios. La cifra no habla solo de billetes: habla de retrasos, averías y de una red que mucha gente usa a diario porque no tiene otra cosa. Y no todo el desplome está en el AVE.
¿A qué se atribuye la caída de viajeros del AVE?
Una corriente de análisis lo achaca al estado de las vías y a la falta de mantenimiento: si el viaje se hace largo, incómodo o imprevisible, el usuario acaba buscando coche. Otra parte sostiene que el problema es más viejo y más estructural, que se ha desviado dinero de Cercanías hacia una alta velocidad que solo se sostiene en Madrid-Barcelona y aun así con dudas. Hay también quien pone el foco en el efecto estadístico: las promociones de tarifa plana inflaron los conteos con reservas que después nadie usaba, y corregir eso se parece mucho a perder pasajeros sin que nadie se haya bajado del tren.
¿Por qué el Cercanías preocupa más que el AVE?
Porque la caída del AVE se lee como ocio que se cae; la del Cercanías, como trabajo que no llega. Los datos que circulan apuntan a un descenso adicional de entre el 6% y el 8% en el servicio que usan a diario quienes no pueden teletrabajar ni tienen otra alternativa. Averías continuas, retrasos ya rutinarios y el detalle llamativo de que lo raro es el tren que cumple el horario. Y aquí el precio del combustible, lejos de empujar gente al andén, no basta para compensar la incomodidad.
La paradoja está servida: con el combustible caro y pocas alternativas, lo lógico sería ver andenes llenos. Con 3,2 millones de viajeros menos, alguien tendrá que explicar dónde se han metido todos esos trayectos. A lo mejor es que se han ido andando.