Soy de los que lo tachan de pogre, pero a veces uno se encuentra con citas como esta, que complican el asunto:
La razón no es otra que la polarización ideológica hasta el punto de que nuestro comportamiento se va pareciendo demasiado al que se da en las guerras, en las que toda tibieza respecto a un enemigo supuesto es considerada traición. El esfuerzo por comprender a Francisco es tan elevado como elevada sea la sectarización de nuestro pensamiento. Lo que no le perdonan algunos -muchos supuestos católicos- es que recupera en su hondura espiritual el Evangelio haciéndonos ver que somos, en el mejor de los casos en tanto que buscamos siquiera parecer más devotos y creyentes que lo que somos, esos sepulcros blanqueados y esos fariseos siempre bien vestidos ocupando los lugares de privilegio. Nos recuerda que la lucha entre el bien y el mal no sucede fuera en las grandes catástrofes o en los planes perversos, sino además en nuestros corazones. Actualiza así el mensaje cristiano hasta la herida y el fuego entre los que ya presumían tener ganado el cielo por el celo con el que cumplían con algunas "leyes". Esa renovación espiritual, tan inquietante como necesaria, está detrás de la mucha contestación que provoca. Comentarios en páginas "ultra" no dejan lugar a dudas sobre el modo en que hurga las conciencias que ya tocadas en lo más íntimo, no responden con mansedumbre sino gritando todo tipo de blasfemias en su contra.
Y una última cuestión. Otra señal, además de la polarización ideológica que ha dejado de admitir medias tintas a pesar de que se autodefine "existencialmente" como relativista, es que confundimos estar informados con tener a nuestra disposición la tecnología para predecir el futuro... En realidad vamos a lomos de un caballo que no nos da respiro y a pesar de ello le seguimos espoleando como una huida a ninguna parte. Es en la quietud de la meditación sobre el sentido de cada una de nuestras vidas, que emergen los dragones que pensábamos dormidos o perecid, cuando en realidad estaban operando a sus anchas contando además con nuestra plena colaboración. Francisco nos pone en la realidad de lo que somos como cristianos. Para los demás que no tienen "ningún" problema con ello, su apelación a volver la mirada hacia la pobreza y a esa solidaridad que es divisa precisamente de la modernidad, acaban siendo sus palabras un ataque extremista violento contra su estilo de vida y su manera de tener distraídas sus conciencias.