Milei gana en Argentina y promete dolarizar el país
Javier Milei ha ganado las elecciones argentinas. La noche arrancó, sin embargo, con una filtración interesada del búnker de La Libertad Avanza: «Tenemos una amplia diferencia, le sacamos entre 4 y 7 puntos», se atribuyó al entorno del candidato antes de que llegaran los números. Y en algunas mesas, el resultado fue directamente sideral.
El escrutinio de la
mesa N°8901 de Bell Ville, en Córdoba, dejó un 80,52% para Milei y un 19,48% para Massa. Es una foto del interior productivo que algunos leen como síntoma del desgaste peronista en territorios donde antes no se discutía.
Qué ha prometido el nuevo presidente de Argentina
El programa con el que ha ganado es de ruptura: reducir el Ejecutivo a
diez u once ministerios, liquidar el Banco Central, avanzar hacia la dolarización, revertir el aborto legal, la eutanasia y las leyes LGTBI+, y meter la tijera en el gasto público. El paquete, por ambicioso, arrastra un problema de aritmética: su partido llega al Congreso con muy pocos diputados y con el Senado en contra.
De ahí que la primera duda no sea económica, sino parlamentaria. Cualquier ley que toque el corazón del sistema va a necesitar unos votos que hoy no tiene. Y en el momento en que los primeros proyectos se bloqueen, la culpa —ya se está preparando el relato— será exclusivamente suya.
La dolarización: diez promesas y una pregunta incómoda
En el debate se repite un decálogo a favor de dolarizar: se acaba el riesgo cambiario, se exporta e importa en la misma moneda, se puede ahorrar dentro del país, aflora el dinero negro, se frena la inflación, bajan los tipos de interés y baja el riesgo país. Países como Panamá, Ecuador o El Salvador llevan años funcionando así. Hasta aquí la teoría.
La objeción es igual de simple y bastante más incómoda:
no hay dólares suficientes. Argentina está hasta el cuello de deuda, y hacerse con los billetes necesarios exigiría un ajuste brutal sobre el poder adquisitivo de la población a corto plazo. Nadie discute que el país lleva tiempo dolarizado de facto —los ahorros se piensan en dólares—; lo que se discute es si el Estado puede convertir esa costumbre en política monetaria sin reventar por el camino. El desglose completo de ese debate, con sus cifras y sus objeciones, es lo que convierte el asunto en algo más que una consigna de campaña.
El voto joven, la participación y el desgaste peronista
Una parte del análisis se agarra a la demografía: ha votado más gente joven de lo habitual y eso apunta a un electorado dispuesto a romper con lo anterior. Otra parte recuerda que Milei no ha ganado solo con los suyos, sino con votos prestados de un peronismo que ya no se reconoce en la herencia kirchnerista. Si eso es una mayoría estable o un préstamo con fecha de devolución es, hoy por hoy, la incógnita central.
En el capítulo de curiosidades, el nuevo presidente arrastra un repertorio que sus adversarios explotan sin pudor: le apoyan Trump, Bolsonaro y Abascal, ha tenido algún desplante con el Papa y hasta se le atribuye haber clonado a su perro cinco veces, según dejó caer un comentarista en televisión. Con ese material, la caricatura está servida; con una inflación anual del
140%, también lo está la urgencia.
El 69% de los argentinos en España y el relato que no aparecía
Según un dato que circuló en el debate, entre los argentinos residentes en España el
69% votó a Milei y el 31% a Massa. La proporción se comenta con retintín: casi el doble de votantes del ganador y, aun así, las televisiones públicas y subvencionadas no encontraban a ninguno para ponerle un micrófono. Es anécdota, no estadística, pero ilustra por qué el resultado pilló a contrapié a buena parte de las redacciones.
También circuló, sin ninguna prueba, la sospecha de que una victoria de Massa solo podría explicarse por un fraude. Se lanzó antes de conocer un solo dato y se desinfló sola. En un país donde la desconfianza institucional es materia prima, conviene recordar que una acusación sin evidencia no es análisis: es consigna.
Con estos mimbres, apostar por el futuro argentino es hacerlo contra el pronóstico. Si Milei logra domar la inflación y abrir la economía, su experimento se estudiará en las facultades durante décadas. Si el ajuste se queda a medias y el Congreso le desmonta el programa, el país habrá consumido otro ciclo para quedarse en el mismo sitio. Lo único seguro es que el laboratorio económico más imprevisible del mundo acaba de cambiar de director.