El 65% de los albañiles pasa de 45 años y el sector reclama 700.000 trabajadores
¿De verdad faltan albañiles en España o lo que falta es pagarles lo que valen? El 65% de los albañiles supera los 45 años, quince puntos por encima de la media del resto de sectores, y la patronal cifra en 700.000 los trabajadores que harían falta para ejecutar la obra pendiente. El dato lo firma un informe de BBVA Research y lo repiten desde la Confederación Nacional de la Construcción (CNC) hasta la patronal alicantina: «No hay trabajadores. Hay obras paradas esperando a que haya mano de obra disponible», resume el secretario general de los constructores de Alicante, Jesualdo Ros.
La construcción aporta un 5,4% del PIB y en marzo de 2025 ocupaba al 6,8% de los trabajadores, 2,1 puntos por debajo de su promedio de las últimas tres décadas. El diagnóstico oficial es demográfico: los jóvenes no quieren subirse al andamio. El diagnóstico que circula en los foros de economía es otro, y tiene menos que ver con la demografía que con la nómina.
¿Por qué los jóvenes no quieren ser albañiles?
La explicación más repetida en el sector es la falta de atractivo. «España ha sufrido una disminución en las inscripciones en formación técnica, lo que unido al envejecimiento de la fuerza laboral y la falta de atractivo del sector para los jóvenes está provocando una situación que, si no se combate a tiempo, resultará crítica en el futuro», advierte Sílvia Balcells, directora general de Synergie en España. El presidente de la CNC, Pedro Fernández, lo atribuye a la «injusta demonización» que la crisis financiera de 2007 dejó sobre el oficio.
El contraargumento que domina el debate es más prosaico. Hace dos décadas un encofrador o un oficial de primera podía superar los 2.000 euros mensuales, y los buenos llegaban a cifras muy superiores trabajando a destajo. Hoy, sostiene una parte del análisis, el mismo oficio se paga por la mitad y con retenciones crecientes en nómina. La conclusión que se repite: si se ofrecieran 2.500 o 3.000 euros netos, aparecerían trabajadores «debajo de las piedras».
El cálculo que desmonta el argumento de la escasez
Hay un dato que se repite con insistencia: el número de inscritos por cada oferta de empleo en construcción. El cálculo completo, con las cifras de vacantes y candidatos, es el que deja en evidencia la supuesta escasez. La patronal reconoce que es la actividad con más puestos sin cubrir, pero la estadística de demandantes apunta en otra dirección.
A esto se suma la evolución del propio sector. Tras el estallido de 2008, muchos oficiales cualificados se cambiaron de actividad y no volvieron. Los que se quedaron envejecieron. Y los que llegaron después lo hicieron, en muchos casos, sin formación reglada, cubriendo el hueco con cursos acelerados o directamente en el tajo. El resultado es un sector con la plantilla más veterana del mercado laboral y un relevo generacional que no llega.
La vivienda como excusa: impuestos, suelo y burocracia
El segundo frente del debate señala que la falta de mano de obra no es la causa del problema de
vivienda, sino una consecuencia más de un modelo intervenido. El argumento central: el precio final de un piso lo disparan los costes administrativos —licencias, tasas, trámites, suelo no urbanizable— mucho más que el salario de los operarios. Si el albañil se sube a 3.000 euros, el impacto sobre el precio de venta sería marginal comparado con la carga que soporta el promotor.
En paralelo, la patronal pide un «Plan de Choque» que incluya la reforma de la formación profesional, la regularización de inmigrantes por arraigo y la incorporación de jóvenes y mujeres. La construcción ya emplea a un 11,4% de mujeres, 3,6 puntos más que el año anterior, aunque en los tajos la presencia femenina sigue siendo anecdótica.
Inmigración: ¿solución o coartada?
El tercer eje del debate es el migratorio. La CNC reclama regularizar y atraer trabajadores del exterior, y el PSOE desbloqueó la regularización de medio millón de inmigrantes tras una iniciativa legislativa popular con 700.000 firmas. Funcas calcula que desde 2022 el 40% de los nuevos trabajadores incorporados al sistema productivo son inmigrantes.
La objeción es doble. Por un lado, se sostiene que la llegada de mano de obra dispuesta a aceptar salarios bajos presiona a la baja las condiciones del sector y desincentiva la inversión en formación. Por otro, se apunta a que los inmigrantes que llegan tampoco se dedican mayoritariamente a la construcción. El resultado, según esta lectura, es que se importa población para un problema que se resolvería pagando más y construyendo más.
El envejecimiento que viene
La edad media del sector era de 45,1 años en 2022, ocho más que en 2007. Más de la mitad de los ocupados supera los 45. La construcción renueva antes su mano de obra envejecida que su mano de obra joven, en un país con paro juvenil elevado. Ese es el nudo del asunto: no falta gente, falta gente dispuesta a hacer el trabajo por lo que se paga.
Mientras tanto, la patronal insiste en que el problema es de captación y de imagen. Y los números de ocupación siguen por debajo del promedio histórico. Con estos mimbres, el sector puede seguir pidiendo trabajadores o puede empezar a pagarlos. Lo primero es más barato. Lo segundo, más eficaz.