Dancausa propone eliminar el paro: «solo crea vagos»
La asesora fiscal y laboral María Pilar Dancausa lo tiene claro: «Yo eliminaría el paro porque solo crea vagos». La frase, repetida en sus redes, ha reabierto el debate sobre la prestación contributiva por
desempleo que gestiona el SEPE, una ayuda que se puede cobrar hasta un máximo de dos años y que para muchos no está lo suficientemente vigilada. Dancausa no se queda en el titular: desmonta el argumento de que se cobra lo cotizado y recuerda que la aportación al desempleo es del 1,55% del salario bruto.
Su ejemplo es el que más ha circulado: con 10.000 euros brutos anuales, la cuota de paro son 21,70 euros, unos 200 al año y 782 en tres años. «¿Quién te lo va a pagar? Yo no», remata. La propuesta ha caído como un guijarro en un charco y ha salpicado a todo el mundo: desde quien pide quitar también el Ingreso Mínimo Vital hasta quien recuerda que el paro es un seguro obligatorio al que se adscriben todos los trabajadores.
Qué es exactamente la prestación por desempleo
El paro funciona como un seguro obligatorio estatal. Lo pagan todos los trabajadores con una pequeña cuota mensual y solo lo cobra una minoría en un momento dado. Mientras haya un porcentaje alto de gente trabajando y un porcentaje bajo recibiendo la prestación, el sistema se sostiene. Esa es la primera corrección técnica que se le hace a la tesis de Dancausa: la asesora habla como si ella pagara íntegramente los 1.200 euros del trabajador despedido, cuando en realidad aporta una fracción.
El cálculo de la asesora, sin embargo, tiene su lógica interna. Si alguien cotiza 782 euros en tres años y luego cobra un año completo de prestación, la diferencia sale del bolsillo de otros cotizantes. El problema es que ese razonamiento ignora para qué sirve un seguro: no se paga por lo que uno va a consumir, se paga para cubrir un riesgo. El que no lo usa financia al que lo necesita.
El argumento de la paz social
Hay una corriente que sostiene que el paro no se puede tocar porque es una herramienta de paz social. La idea es que a un rico de verdad —uno que cobra 50.000 euros brutos de salario no es rico, matizan— le compensa pagar una cuota mínima para el paro o el IMV antes que arriesgarse a una revolución que tumbe el Estado y le deje sin nada. Es el cálculo frío del que tiene patrimonio: prefiere soltar una limosna preventiva que jugarse el todo.
En contra pesa el ejemplo de Singapur o Hong Kong, donde no existe un subsidio de desempleo tal y como se entiende en España y, según esta tesis, hay más paz social que aquí. Si se quiere, se puede. La discusión, por tanto, no es solo económica: es sobre qué modelo de convivencia se quiere comprar y a qué precio.
El paro frente al Ingreso Mínimo Vital y las pensiones no contributivas
Una parte del análisis sostiene que el problema no es el paro, sino las ayudas no contributivas. El paro es una red de salvamento: se cobra tras haber trabajado, tiene un tope temporal y exige cotización previa. Las no contributivas, en cambio, se perciben sin haber cotizado un solo día. Ahí es donde algunos ven el agujero de verdad, y no en la prestación contributiva.
La asimetría es llamativa. Si aportas al sistema, te castigan con un tope de dos años. Si no aportas, puedes recibir una ayuda indefinida. Es el argumento que más se repite en contra de la propuesta de Dancausa: antes de quitar el paro, habría al menos diez partidas más urgentes que recortar, empezando por el número de políticos, funcionarios y subvenciones públicas.
Quién paga realmente el paro de Paco el Remero
El caso concreto que se pone sobre la mesa es el de un trabajador de polígono industrial, 25 años moviendo palés, despedido de su empresa. Cobra 1.200 euros de prestación. ¿De dónde salen? De la cuota del 1,55% que han ido aportando él y millones de trabajadores como él durante décadas. No de la caja fuerte de la asesora. Ese es el malentendido central del planteamiento: confundir un seguro colectivo con una limosna personal.
El desglose completo de lo que aporta un trabajador medio a lo largo de su vida laboral y lo que recibe en prestaciones da una diferencia que sorprende, pero no en el sentido que sugiere Dancausa. La clave está en que el sistema no es una cuenta de ahorro individual, sino un fondo mutualizado. Quien pretende convertirlo en un cálculo de euros aportados contra euros recibidos está cambiando las reglas del juego a mitad de partida.
El trasfondo: empresarios, rentas y señores feudales
Hay quien va más allá y señala que el problema de fondo no es el paro, sino la estructura empresarial española. En España no hay empresarios, hay señores feudales que consideran que tienen derecho de nacimiento a un señorío empresarial y a rentas aseguradas, y que ven al trabajador como un siervo de la gleba. Bajo esa lógica, cualquier prestación que dé poder de negociación al asalariado es un estorbo.
La propuesta de eliminar el paro, leída en ese contexto, no es una medida de eficiencia económica. Es una medida de disciplina laboral. Y ahí es donde el debate se atasca: unos hablan de cuentas y otros hablan de poder.