Del patrón oro al fiduciario: Trump y el fin del dólar
En 1971, Richard Nixon cerró la ventana del oro y acabó con el patrón dólar oro. Ahora, en 2025, Donald Trump y las élites que lo acompañan habrían decidido finiquitar el patrón dólar fiduciario, el sistema que ha permitido a Estados Unidos exportar inflación al resto del mundo durante décadas. La tesis, planteada en un análisis que ha generado un intenso intercambio de posturas, sostiene que el país norteamericano se encuentra en una encrucijada: cambiar de patrón monetario o morir por colapso inflacionario.
El dilema de Triffin y el privilegio monetario
El punto de partida es el dilema de Triffin, ese conflicto entre los intereses nacionales de Estados Unidos y su papel como garante de la moneda internacional de referencia. Al no existir un respaldo tangible —canjear dólares por oro o plata—, el mundo debe confiar en la buena gestión del emisor. Pero cuando Estados Unidos emite deuda para cubrir sus déficits gemelos, fiscal y comercial, la oferta monetaria supera a la producción nacional y el dólar puede llegar a un colapso inflacionario.
La clave del sistema, según este planteamiento, es el libre comercio mundial. A través de él, Estados Unidos exporta inflación al resto del mundo, que la diluye. El resto del mundo paga el alto nivel de vida estadounidense. Sin embargo, el abuso del privilegio —rescate de 2008 y rescate del 2020— habría llevado al sistema a su límite. Trump y las élites que lo apoyan habrían decidido parar el actual patrón dólar fiduciario y volver al proteccionismo arancelario. Sin libre comercio, no se puede exportar la inflación, y sin exportar inflación, no se pueden hacer nuevos rescates sin que la inflación se quede en Estados Unidos.
El ajuste fiscal y la contradicción letal
Para compensar, la administración Trump busca el mayor ajuste fiscal de su historia, reduciendo a saco el gasto público mediante el DOGE de Elon Musk. Pero a la vez, baja impuestos y exige a la FED tipos bajos. Una contradicción letal: quiere dejar de emitir para no monetizar deuda, pero sigue siendo adicto a un nivel de vida más allá de sus posibilidades. Sin un patrón tangible, nadie se fiaría de Estados Unidos y del dólar. Con el fiduciario, se puede ser un buen chico, pero no hay garantía de que lo sea en el futuro.
¿Vuelta al patrón oro o salto al Bitcoin?
La pregunta es cuál será el sustituto. ¿Volver al patrón dólar oro, la edad de oro del trabajador estadounidense? El análisis lo descarta: Estados Unidos debe cerrar sus déficits gemelos con el mayor ajuste de su historia, similar a la desmovilización del ejército tras la Segunda Guerra Mundial. Debe mantener una disciplina fiscal extrema, pero cuando venga una crisis, será muy tentador abusar del privilegio monetario.
¿Un patrón Bitcoin? Parte de las élites que apoyan a Trump quizás lo quieran. Saben que el patrón fiduciario llevaba al colapso inflacionario con tantos rescates. Es una adicción muy peligrosa. Van a acabar con ella, pero no están seguros de cuál será el sustituto. Deben ofrecer algo tangible a los acreedores: no promesas, sino hechos palpables de que van a seguir una fuerte disciplina fiscal. Un patrón Bitcoin es una disciplina férrea, mayor que la del oro. La ventaja del BTC frente al oro, se argumenta, es que es auditable en tiempo real, algo demasiado tentador para un político que siempre intenta robar al contribuyente.
El reparto del mundo y el patrón mixto
Trump podría ofrecer a China y a Rusia el reparto del mundo con un patrón mixto —fiduciario, oro y Bitcoin— para contentar a todos. Cómo es mixto, acabará fracasando, pero dará vida a Estados Unidos un par de décadas más como líder mundial. Como en 1971, cuando Nixon abandonó temporalmente el patrón dólar oro sin saber qué lo sustituiría. Al principio estuvo a punto de un colapso inflacionario. Solo el acuerdo impuesto a Arabia Saudí para imponer el petrodólar lo frenó.
Estamos en momentos de incertidumbre hasta que se instaure un nuevo patrón. Trump, con sus maneras de matón, no es muy fino, pero ha decidido como Nixon cambiar el orden establecido. Estados Unidos está reconociendo como en 1971 una bancarrota de facto. Ahora no sabemos si, como en 1971, Trump consigue salir del atolladero. Ahí estamos.
El debate: entre el colapso y la confianza infinita
La discusión ha generado posturas encontradas. Hay quien sostiene que el Bitcoin no puede ser patrón de referencia porque el patrón que imponga Estados Unidos debe ser algo de lo que tengan en abundancia, y no van a dejar que pertenezca a pequeños inversores. Otros argumentan que Bitcoin lo tienen en abundancia: lo crearon ellos con sus agencias de inteligencia, se minó casi todo cuando era un invento de unos cyberpunks. No digo que lo vayan a usar, pero que lo tienen ellos y es suyo, cero dudas.
Frente a los colapsistas, una corriente escéptica recuerda que la economía real, la de los recursos, va por un lado, y la financiera, la de humo, por otro. Se termina el baile de los vampiros. Pero otros responden que no hay sustituto porque el BTC es como el oro, un patrón inherentemente deflacionario que rompe el esquema de generación de deuda que moviliza la reinversión capitalista. Y sin reinversión, entonces se jodió el Perú. Estados Unidos no puede exportar inflación y tener una industria potente. O una cosa o la otra. Por eso el objetivo de Trump es un callejón sin salida: o la fábrica o la impresora, las dos a la vez no se puede.
También hay quien defiende que el dólar no necesita cambiar nada. Solo es cuestión de confianza. Actualmente, ante cualquier incertidumbre, todo el mundo se refugia en el dólar. Solo necesita afianzar la confianza en el dólar para poder seguir imprimiendo y endeudándose ad infinitum. Mientras el resto del mundo mantenga la confianza suficiente, no hay límite. Solo tiene que ser un poco más confiable que el resto, ni siquiera bueno, solo algo mejor. En un mundo tan global, todos estamos en el mismo barco y compartimos los mismos vicios.
El impacto global y las alternativas
El análisis también aborda las consecuencias para el resto del mundo. Se señala que la Unión Europea tendrá que enfrentarse tarde o temprano a Estados Unidos si quiere sobrevivir, y que la guerra comercial es el preludio de conflictos bélicos. Otros apuntan a que China y Rusia no tienen ningún incentivo a pactar si Estados Unidos abandona el patrón oro en medio de un repliegue militar y con sus aliados alejándose. La ostia de la URSS, se dice, va a ser una anécdota.
Entre las alternativas que se barajan, aparecen las CBDC, las monedas digitales de banco central, y el XRP, una moneda que cumple con el estándar ISO20022 y que ya usan algunos bancos a nivel interno para realizar transacciones grandes de forma rápida y con bajas comisiones. Siendo además un producto de Ripple Inc., Estados Unidos podría tener de facto el control de la red. También se menciona la posibilidad de un patrón basado en una canasta de commodities, como funcionaría el banco de los BRICS, o incluso que el euro se convierta en la nueva divisa de reserva mundial.
El debate, en definitiva, refleja una incertidumbre profunda sobre el futuro del sistema monetario internacional. Como en 1971, nadie sabe qué va a sustituir al patrón actual. Solo que algo tiene que cambiar.