El matriarcado nunca existió: la arqueología entierra el mito de las diosas madre
Hubo un tiempo en que se vendió la idea de un pasado idílico con mujeres en el poder, amor libre y sociedades pacíficas donde todos compartían todo. Era mentira. La arqueología y la antropología llevan décadas acumulando datos que apuntan en la dirección contraria: el matriarcado como forma de organización política jamás existió. El relato, sin embargo, sigue circulando con la fuerza de un dogma.
De Bachofen a Engels: el mito nace en el siglo XIX
La teoría del matriarcado primigenio no nació en un yacimiento, sino en un despacho. En 1861, Johann Jakob Bachofen publicó «El matriarcado», donde dividía la evolución humana en cuatro fases, desde la promiscuidad del hetairismo hasta el patriarcado. Era filología, no arqueología: mitos griegos y romanos interpretados para sostener un esquema evolutivo. Veinte años después, Engels convirtió aquella especulación en dogma marxista con «Los orígenes de la propiedad privada, la familia y el Estado», imaginando un comunismo primigenio con dominio femenino. La carga ideológica quedó sellada.
Las venus paleolíticas y el espejismo de Gimbutas
El siguiente capítulo lo escribió Marija Gimbutas: una Europa neolítica matriarcal, pacífica y adoradora de una diosa madre, arrasada por los invasores indoeuropeos. La arqueología no ha dejado en pie ni una sola pieza del relato. Las famosas venus paleolíticas —tetas y caderas exageradas— se interpretan como divinidades femeninas, pero se pasa de puntillas sobre las miles de estatuillas de falos erectos de la misma época. Si una venus es una diosa, ¿qué es un falo? En Göbekli Tepe, anterior al Neolítico (9.500-8.000 a.C.), la iconografía destacada es una figura masculina con el pene erecto; no hay rastro de diosa madre. La propia Gimbutas acabó repudiando la apropiación feminista de su trabajo.
Matrilinealidad no es matriarcado
La confusión entre herencia por línea materna y poder político sigue siendo la base del mito. Sociedades como los Mosuo de China transmiten propiedades y herencia por vía materna, pero nadie ha documentado que las mujeres gobernaran. Marvin Harris ya señaló que matrilocalidad o matrilinealidad no implican matriarcado. Tampoco la matrilinealidad judía es antigua: las genealogías del Antiguo Testamento son patrilineales, y la norma de que judío es el hijo de madre judía aparece en la Mishna, hacia el año 200. El matriarcado minoico es otro invento: la evidencia apunta a que los minoicos practicaban sacrificios humanos, algo incómodo para el cuento new age.
El mito pervive porque cumple una función política: ofrecer un paraíso perdido al que volver. Cuando se desmonta, queda el trabajo incómodo de explicar cómo se organizaron realmente las sociedades humanas. Y eso, por ahora, sigue siendo un agujero negro.