El panettone gana estantería al turrón en el supermercado
La escena se repite cada diciembre: el lineal de turrones llega recortado y el del panettone ocupa el hueco con una docena de marcas. La compra de Navidad se ha convertido en un pulso entre la bollería industrial italiana y el dulce que se elabora en España desde hace siglos, y la estantería ya ha dictado sentencia sobre quién va ganando.
El panettone se vende en cadenas de descuento desde hace años, según quienes siguen la pista al producto, mientras el turrón pierde variedad en los supermercados generalistas.
No es solo una cuestión de gusto. Es una pelea por el espacio comercial, por el margen y por la identidad de una fecha que se ha globalizado a toda velocidad.
Cuánto cuesta un panettone y cuánto un turrón
El precio es el primer campo de batalla. Un panettone industrial de supermercado se mueve entre los
10 y los 15 euros, según los cálculos que manejan los compradores habituales. Los artesanales de pastelería escalan hasta los
25 y 50 euros. En las cadenas de descuento se han visto mini panettones por
0,89 euros y cajas de polvorones de un kilo a
3,99 euros.
El turrón, en cambio, mantiene un abanico más amplio y más barato en su versión industrial. Ahí está la clave de que el panettone haya entrado en la cesta navideña sin hacer ruido: se percibe como un capricho asequible, no como un producto de lujo.
Un pastelito, lo llaman algunos. Y un pastelito que dura semanas sin ponerse duro, lo que juega a su favor en la despensa.
Hay quien sostiene que el panettone no es más que bollería industrial con otro nombre. La comparación no es gratuita: buena parte de los que se venden en gran distribución se elaboran con
grasa de palma hidrogenada en lugar de mantequilla, lo que abarata el coste y aleja el producto del original milanés. El resultado, dicen los más críticos, es un bizcocho con pepitas de chocolate que se parece más a una magdalena que a otra cosa.
Por qué el panettone ha desbancado al turrón en el lineal
La respuesta corta es logística. El panettone aguanta meses. Se fabrica en octubre y se puede consumir hasta bien entrada la primavera, según la experiencia de quienes compran varios y los guardan. Eso permite a las cadenas comprar grandes volúmenes, almacenar y colocar el producto desde noviembre sin miedo a las devoluciones. El turrón tiene una ventana más estrecha y una estacionalidad más rígida.
La respuesta larga tiene que ver con la globalización del consumo. El panettone llegó como producto importado, se quedó como producto de temporada y ha acabado compitiendo de tú a tú con el turrón.
Su origen es italiano, milanés concretamente, y su primo el pandoro es veronés. El turrón tampoco es español de nacimiento, pero se elabora aquí desde hace muchísimos años y su variedad es enorme. La paradoja es evidente: se acusa al panettone de borrar un signo de identidad cuando el turrón también llegó de fuera.
El desembarco no ha sido pacífico. Hay quien ve en la invasión del panettone una maniobra del
globalismo para arrinconar lo autóctono. Y hay quien responde que el turrón es un producto cargado de azúcar y manteca que no necesita defensa identitaria, solo defensa de precio.
El turrón no desaparece: se transforma
Conviene no exagerar el funeral. En muchos supermercados sigue habiendo de todo: turrones de varias marcas, polvorones, mazapanes, bombones y galletas navideñas. La queja no es que el turrón haya desaparecido, sino que ha perdido variedad y protagonismo en las estanterías más visibles. El panettone ocupa el sitio que antes ocupaban las cajas de turrón de siempre.
Mientras tanto, el consumo se diversifica. Hay quien ha cambiado el panettone por el roscón de Reyes, que ahora se vende desde noviembre hasta febrero. Hay quien reivindica el stollen alemán, que viene a ser lo mismo pero alargado y más fácil de cortar en rebanadas. Y hay quien se queda con el chuletón y manda a paseo la bollería entera.
La tradición no se pierde, se recicla. La sopa de almendras, postre navideño de toda la vida en algunas zonas, se está perdiendo sin que nadie monte una campaña por ella. El panettone, en cambio, ha llegado para quedarse. La estantería ya lo ha decidido.
¿Cuánto tardará el turrón en recuperar el espacio perdido, o hemos aceptado ya que la Navidad se compra en italiano?