Un eurodiputado francés pide cerrar los Pirineos por la regularización
Un diputado europeo de la derecha francesa reclama a Macron cerrar la frontera de los Pirineos. El motivo: la regularización masiva de migrantes que prepara el Gobierno español. La cadena
CNEWS, el equivalente galo de la Fox, abrió con el asunto. Y desde el otro lado del Pirineo llega la misma pregunta que aquí nadie quiere contestar: si España reparte papeles, ¿quién se come después el problema?
El planteamiento no es nuevo, pero el tono sí.
François-Xavier Bellamy, eurodiputado de Los Republicanos, pidió a Macron medidas inmediatas. En Francia se habla de «catástrofe para toda Europa» y de «traición». El diario
Le Figaro recogió el malestar de la derecha francesa con el plan español. Y en España, la conversación derivó rápido hacia lo de siempre: unos culpan a Sánchez, otros a la UE, otros al sistema entero.
Qué se juega España con la regularización
El núcleo del conflicto es sencillo de enunciar y complicado de resolver. España concede residencia a un volumen de personas sin papeles que, según el cálculo más repetido en la conversación, ronda las
450.000. Francia teme que una parte de esas personas, muchas originarias de países francófonos del África subsahariana y del Magreb, crucen después la frontera. El argumento se sostiene sobre una lógica simple: quien obtiene papeles españoles puede circular por el espacio Schengen.
Hay quien sostiene que el temor francés es puro cinismo. Francia lleva décadas permitiendo lo mismo en su territorio y ahora usa a España como chivo expiatorio. Otros apuntan lo contrario: que el problema es real y que Bruselas debería coordinarse antes de que cada país improvise su propia política migratoria. Entre ambas posiciones, una coincidencia incómoda:
nadie cree que la UE vaya a hacer nada.
El efecto llamada y las furgonetas que ya llegan
La conversación derivó hacia el efecto llamada. Se menciona que ya están llegando personas desde Reino Unido, Italia y Francia hacia España. La imagen que se repite es la de furgonetas cargadas de profesionales que aprovechan la regularización para instalarse. No hay forma de verificar ese flujo con los datos disponibles, pero la percepción se ha instalado.
El otro frente es el económico. Una parte del análisis sostiene que ciertos sectores públicos y privados se benefician de la regularización: mano de obra barata, cotizaciones, consumo. El trabajador autóctono, en cambio, compite por vivienda y servicios con una población que crece más rápido que la infraestructura. El cálculo completo, partida a partida, da una diferencia que sorprende a quien lo lee por primera vez.
Schengen, Hungría y el precedente que nadie cita
El argumento más repetido contra Bruselas es el de Hungría. El país paga una multa diaria por no acoger migrantes, según se recuerda en la conversación. La cifra que se maneja es de
un millón diario. Si eso es cierto, la UE tiene herramientas para presionar a los Estados. Lo que no tiene, se argumenta, es voluntad.
La pregunta que sobrevuela todo el asunto es qué pasa si Francia cumple su amenaza. Cerrar los Pirineos dejaría a España como estado tapón entre África y Europa. Algunos lo ven como una condena. Otros, como una oportunidad para negociar en Bruselas con más fuerza. Lo que nadie discute es que la frontera pirenaica es hoy más simbólica que real: hay quien recuerda que se cruza por el bosque sin que nadie lo note.
El malestar que va más allá de la migración
Debajo del asunto migratorio late otro debate. Una parte de la conversación señala que el problema no es solo quién entra, sino cómo se ha gestionado todo lo demás: vivienda, sanidad, educación, salarios. La sensación de abandono del trabajador medio es el terreno donde crecen las opciones políticas que el sistema llama «feas». Ese malestar no se resuelve con una regularización ni con un cierre de fronteras.
La conversación también dejó un dato generacional. Alguien con 48 años confesaba no creer que vería una transformación tan rápida del país. No es una opinión aislada. Es la constatación de que el debate migratorio ya no va de cifras, sino de percepción de cambio. Y esa percepción, con razón o sin ella, mueve votos.
¿Qué pasa si Francia cierra los Pirineos y España se queda sola con su regularización?