Brokkr: «Las mujeres ya no pagan impuestos. Los cobran»
El tramo empieza hablando de manos y acaba en Hacienda. En una sola tanda de mensajes el hilo deja atrás quién suelda mejor y se mete de lleno en quién paga y quién cobra. La frase que ordena todo lo demás la suelta
Brokkr, sin matices: «Las mujeres ya no pagan impuestos. Los cobran». A partir de ahí cada respuesta intenta colocarse a un lado de esa raya.
Qué se ha sabido
Material nuevo, poco y en cuentagotas. El único dato con cifra y curso lo trae
fayser: sostiene que el porcentaje de mujeres en el profesorado se mantuvo en el
67,2% el curso
2020-2021, bajó al
67,1% en
2021-2022 y volvió al
67,2% en
2022-2023. Lo pega para apretar, no para aplaudir.
Matahari responde con una lista de sectores donde sí las ve —marketing, turismo, educación, sanidad, peluquería, estética, decoración y venta— y remata con un aviso: depende de dónde mires.
meme-laif 3 cuenta una experiencia concreta en mecanizados, sección de tratamientos superficiales, con una encargada menuda al frente de los hornos de tratamiento térmico.
Excelente, dice, aunque admite que no es lo normal.
Y luego está el aparato contable de
Brokkr. Su tesis: la mayor parte del dinero femenino viene de impuestos porque, sostiene, están sobrerrepresentadas en la burocracia, así que pagan menos de lo que cobran. Lo ilustra con caramelos:
yo fabrico diez, mi vecino diez, un tercero otros diez; un señor nos quita cinco a cada uno y le da diez a una señora. ¿Esa señora ha pagado cinco? Es la pregunta con la que cierra. Nadie la contesta con número.
Dónde está la bronca
Dos bloques. Uno mira el gasto:
macready zanja que son las mejores consumidoras del mercado y que, en realidad, «solo somos consumidores».
2B-san añade que a muchos sectores les interesa el rol actual que cumple la mujer.
Javier.Finance mete una capa más: el consumo como escaparate de estatus que pagan otros.
El otro bloque mira la recaudación.
Breadface defiende que sacar a la mujer al mercado laboral fue un acierto del sistema para recaudar más, que paga impuestos puntualmente, alquila, tiene coche y gasta lo que no está escrito, y suelta una predicción política:
no existe ni existirá la mujer antisistema. Contra eso,
Brokkr insiste en que el saldo es negativo.
Breadface le rebate que hay cada vez más gente pagando impuestos en occidente y que muchas mujeres son autónomas igual que sus parejas.
Aquí salta la segunda bronca, la del puesto de trabajo.
Lian cuenta que en su empresa se puso de moda contratar mujeres y que han dado
más problemas que rendimiento: pesos, posturas, equipos y, sobre todo, la reducción por conciliación, que le descuadra la sección.
Napalm las coloca buenas en lo procedimental —control de calidad, auditorías, contabilidad— y les da un cero en lo creativo y en la toma de decisiones.
meme-laif 3 matiza justo lo contrario con su encargada.
Ibar recuerda que no todas están en planta: también firman proyectos como ingenieras o trabajan en laboratorios.
Hay un tercer frente que no discute nada de esto. Varios mensajes pasan directamente al desprecio del colectivo y a la nostalgia del reparto antiguo: él trabaja fuera, ella en casa, la mesa puesta al volver.
slopez lo escribe sin ironía.
Basta de amerindios lo firma: la mujer, para la casa y la crianza. Ese grupo no entra en cifras ni en matices; repite la consigna. El hilo los deja correr sin contestarles apenas.
Qué cambia respecto a antes
El eje se mueve. Ya no se discute la presencia de mujeres en sectores concretos, sino el
signo del balance: si el conjunto suma o resta a las cuentas públicas. La pregunta de Brokkr —dónde está la caja que cuadra— arrastra el hilo y nadie la cierra.
Max1234 avisa de lo de siempre: aquí casi no se produce y la deuda lo paga todo;
espera a que corten el grifo.
macready le pone imagen: la impresora de dinero aguanta, y el día que pete va a ser histórico.
Lo que se da por superado: la defensa de la mujer como aporte al tejido productivo casi desaparece del tramo. Lo que entra nuevo: la idea de que su función económica es
consumir y recaudar, y que eso no es mérito sino engranaje. Falta saber cómo se mide ese engranaje y con qué fuente.