Del «aporta hijos» al «aporta un coño»: el hilo se rompe
El hilo deja la contabilidad de Hacienda y se mete en el cuerpo. En una sola tanda, la pregunta del título pasa de «quién paga» a «para qué sirve», y las respuestas se reparten entre la maternidad, el consumo y el deseo. Nadie aporta una serie. Nadie la pide.
Qué se ha sabido
Datos, pocos.
Vlad_Empalador suelta el único porcentaje de la tanda: las mujeres son, según su cálculo, un
75% del consumo, y lo apoya en una observación de calle —apenas ve tiendas para hombres salvo ferreterías y alguna de caza o pesca—. No cita fuente.
Cruzado recupera la teoría de la inversión parental de
Robert Trivers (1972) y la desarrolla: en mamíferos la hembra invierte más —gestación, lactancia, cuidado temprano—, eso la vuelve más selectiva y al macho más competitivo; añade el dimorfismo sexual en fuerza de tren superior.
Rescatador pega cuatro enlaces —
radiocable,
infosalus,
redacción médica,
La Vanguardia y
Europa Press— bajo dos palabras:
GINECOCRACIA y
BUROGAMIA. Nadie los comenta.
ATARAXIO cuenta que un amigo coronel no asciende a general porque, dice, solo ascienden a mujeres. Sin fuente, sin nombre, sin fecha.
Dónde está la bronca
Aquí salta la bronca de verdad, y no es fiscal.
El Fairy blandengue abre fuego: lo más valioso que aporta la mujer son hijos, la mayoría renuncia a la maternidad, el valor se deprecia y la sociedad entra en decadencia.
pacomer lo desarrolla en clave física: sostiene que la mujer se casca antes en trabajos de hombres y que ha sido hecha para la maternidad y las tareas domésticas.
silenus lo reduce a «impresoras biológicas».
hijodeputin va más lejos: hasta hace poco no aportaba ningún trabajo, su baza era perpetuar la sociedad, y empoderarla fue la forma de hundir Occidente.
SamLowry lo cierra con cuatro palabras.
Enfrente,
Breadface responde con oficios: psicólogas, profesoras de yoga, masajistas, vendedoras online y doctoras, «a patadas», y todas pagan impuestos.
Matahari invierte el reparto: las cosas relacionadas con la suciedad las hace un hombre —sacar la basura, desatascar el baño, limpiar fosas sépticas, abonar el campo—.
Maedhros manda a quien pregunta a un hospital o a la función pública y añade que ellas, a diferencia de ellos, saben dónde se vive bien con menos esfuerzo.
Zbigniew zanja que sin mujeres no existirían las actividades descritas.
Lemavos intenta una síntesis: los hombres crean cosas y las mujeres les dan vida, pero con el feminismo se quedan los beneficios sin sufrir el trabajo duro.
Y luego está la capa del deseo, que nadie discute.
jota1971 dice que le encanta trabajar con mujeres guapas, mirarlas, cómo huelen, cómo se mueven, y que un campo de hombres es otra cosa.
Mr.Foster lo lleva al extremo y responde a la pregunta del hilo con el deseo masculino como único aporte.
Cruzado lo había anticipado desde Trivers: da igual que no vayan a parir, estamos programados para verlas como si fueran a hacerlo.
Hay una tercera vía, la del consumo y el mercado.
EXTREME DERROITION enumera cuatro consecuencias de la incorporación laboral: doble competencia, vivienda al doble, selección de pareja por dinero y, añade, inestabilidad.
Votante=Gilipollas da el hilo por cerrado con la dicotomía hombres productivos frente a mujeres consumidoras.
MrDanger propone lo contrario: aprender de ellas y buscar los trabajos que ellas buscan, que él trabaja rodeado de mujeres y sabe de qué habla.
d4c6 aprieta: si aportaran algo, no harían falta cuotas.
germanalca responde con una palabra: cuota.
Qué cambia respecto a antes
La contabilidad de caramelos se queda sin defensores. Nadie vuelve a discutir si el saldo fiscal es positivo o negativo: el eje se ha movido a para qué sirve la mujer, y ahí las posturas son irreconciliables. La predicción de
Breadface —que no existe ni existirá la mujer antisistema— no se cumple en este tramo:
Fausto1880 sostiene lo contrario, que el rebaño que obedece normas absurdas termina matando el sistema. Entra un asunto nuevo, el de los ascensos militares, con un testimonio de segunda mano. Y entra, sobre todo, el deseo: lo que en la entrega anterior era consumo aquí es mirada.
El hilo no se cierra. Se parte.