En vivienda, el desahuciado es el Gobierno (Editorial de El ABC)

En vivienda, el desahuciado es el Gobierno (Editorial de El ABC)
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

La política de vivienda del Gobierno español, centrada en la intervención y la regulación, no ha logrado aumentar la oferta y está provocando un encarecimiento del mercado, lo que genera un problema que el propio Ejecutivo no puede resolver.

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La política de vivienda del Gobierno español, centrada en la intervención y la regulación, no ha logrado aumentar la oferta y está provocando un encarecimiento del mercado, lo que genera un problema que el propio Ejecutivo no puede resolver.

La crisis de vivienda en España ha alcanzado un punto crítico, y las políticas implementadas por el Gobierno de Pedro Sánchez parecen haber dado la espalda a sus propios objetivos. La situación, lejos de mejorar, se ha complicado, dejando al Ejecutivo en una posición delicada, casi como si fuera él mismo el desahuciado de su propia estrategia.

La oferta se estanca, la demanda crece

Desde que Sánchez llegó a la presidencia en julio de 2018, España ha experimentado un notable aumento demográfico, sumando casi 3,1 millones de habitantes hasta alcanzar los 49,8 millones en julio de 2026. Sin embargo, la construcción de nuevas viviendas no ha seguido este ritmo. El año pasado, por ejemplo, se crearon alrededor de 240.000 hogares, pero solo se finalizaron unas 92.000 viviendas. El Banco de España estima un déficit acumulado de unas 755.000 viviendas desde 2021, cifra que podría superar el millón en 2028. Esta brecha entre la necesidad y la oferta real es un problema estructural difícil de solucionar con medidas paliativas.

El impacto en el mercado del alquiler

El mercado del alquiler es un claro reflejo de esta tensión. El Banco de España ha señalado cómo los precios de los nuevos contratos se disparan, mientras que quienes ya tienen una vivienda alquilada disfrutan de una relativa estabilidad. Esto crea un mercado dual: protege a los inquilinos actuales, pero encarece drásticamente el acceso a la vivienda para jóvenes, recién llegados y familias con menores ingresos. Estos colectivos se ven obligados a retrasar su emancipación o a destinar una parte desproporcionada de sus ingresos al alquiler. El supervisor bancario advierte que los topes de precios, si no van acompañados de un aumento de la oferta, pueden desincentivar la inversión y reducir aún más la disponibilidad de viviendas en alquiler.

Un equilibrio roto por la intervención

El Gobierno parece resistirse a reconocer que sus propias políticas están agravando el problema. La aplicación de topes de precios, prórrogas extraordinarias, una creciente inseguridad regulatoria y una legislación que carga sobre los propietarios —en su mayoría particulares con una sola vivienda en alquiler— las responsabilidades que deberían ser del Estado, están deteriorando los incentivos para ofrecer alquileres estables y asequibles. Históricamente, se han buscado equilibrios. En 1985, el Gobierno de Felipe González eliminó la prórroga forzosa para estimular la construcción de viviendas en alquiler. Más tarde, en 1994, otro gobierno socialista estableció un marco normativo razonable como condición necesaria para potenciar la oferta. El PSOE actual, sin embargo, ha desmantelado ese equilibrio.

Anuncios que no se traducen en realidades

Los anuncios de grandes planes de vivienda tampoco parecen estar dando los frutos esperados. En diciembre de 2023, el presidente Sánchez prometió movilizar todos los recursos del Estado para crear 184.000 viviendas públicas y de alquiler asequible. Aunque ahora presume de haber "movilizado" más de 120.000, una cifra que permite una amplia interpretación, no se ofrece un balance claro de cuántas de estas viviendas están realmente terminadas y disponibles. Esta opacidad sugiere una política más centrada en la imagen pública que en la resolución efectiva del problema. El nuevo decreto, con ayudas para la entrada de la primera vivienda, podría ser un estímulo a la demanda que, sin una oferta adecuada, solo conseguirá recalentar aún más los precios. Si bien la rebaja del IVA a la vivienda protegida es un paso en la dirección correcta, la calificación permanente de estas viviendas podría desincentivar a los promotores privados. La prioridad esencial sigue siendo la misma: construir más, movilizar suelo, reducir trabas administrativas y garantizar seguridad jurídica.

España se enfrenta a un desafío mayúsculo en materia de vivienda, pero no es irresoluble. Utilizar casos individuales para justificar políticas que, en la práctica, dificultan el acceso al mercado, es irresponsable. Después de ocho años, el Gobierno no puede presentarse como un mero espectador de una crisis cuya evolución lleva su firma. Antes de crear nuevos símbolos, debería reconocer el fracaso de sus políticas. El verdadero desahuciado de esta situación es el propio Gobierno.

Datos clave
  • El INE estima que España ha ganado casi 3,1 millones de habitantes entre julio de 2018 y julio de 2026.
  • El Banco de España cifra en unas 755.000 el déficit de vivienda acumulado desde 2021.
  • En diciembre de 2023, se prometieron 184.000 viviendas públicas y de alquiler asequible.
  • El Gobierno de Felipe González suprimió la prórroga forzosa en 1985.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

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En vivienda, el desahuciado es el Gobierno​

29/09/2026

Editorial-ABC​

  • La última crisis de Sánchez es una enmienda a la totalidad de una política que castiga la oferta y perjudica a quienes dice proteger

La acampada en la Puerta del Sol tras el desahucio de Maricarmen pretende evocar el 15-M de 2011 y convertir un caso individual en símbolo nacional. El Gobierno, que llevaba desde julio aplazando su decreto de vivienda, lo ha desempolvado a toda prisa bajo la consigna de que no haya «una sola Maricarmen más». Sería un error aceptar el marco impuesto por la izquierda. Maricarmen merece respeto; el problema de la vivienda, rigor. Su gravedad exige examinar resultados, no propaganda. Desde que Pedro Sánchez llegó a la Moncloa, España ha ganado casi 3,1 millones de habitantes: de 46,7 a 49,8 millones entre julio de 2018 y julio de 2026, según el INE. La oferta no ha seguido ese ritmo: solo el año pasado se formaron unos 240.000 hogares y se terminaron apenas 92.000 viviendas, según el Banco de España, que cifra en unas 755.000 el déficit acumulado desde 2021 y advierte de que superará el millón en 2028. No hay política social capaz de derogar esa realidad.

El alquiler lo refleja aún mejor. El Banco de España ha descrito cómo se dispara el precio de los nuevos contratos mientras quienes ya tienen uno quedan a resguardo. Es un mercado dual, que protege al que está dentro y traslada el coste al que intenta entrar: jóvenes, recién llegados y hogares de menor renta, obligados a retrat su emancipación o a destinar al alquiler buena parte de sus ingresos. El supervisor advierte de que los topes de precios, sin más oferta, reducen la inversión y expulsan viviendas del alquiler.

El Gobierno se resiste a admitir que sus políticas agravan el problema. Topes de precios, prórrogas extraordinarias, inseguridad regulatoria y una legislación que carga sobre los propietarios –en su inmensa mayoría particulares con una sola vivienda alquilada– las responsabilidades del Estado deterioran los incentivos para ofrecer alquiler estable. En 1985, el Gobierno de Felipe González suprimió para los nuevos contratos la prórroga forzosa heredada del franquismo, con el fin de estimular la construcción de viviendas en alquiler. Y en 1994 otro gobierno socialista, tras corregir los excesos que pudieron generarse, fijó un equilibrio sobre una premisa escrita en la ley: un marco normativo razonable es «condición necesaria» para potenciar la oferta. El PSOE de hoy ha desmontado ese equilibrio pieza a pieza.

Tampoco bastan los anuncios. En diciembre de 2023, Sánchez comprometió «todos los recursos del Estado» para habilitar 184.000 viviendas públicas y de alquiler asequible. Hoy presume de haber «movilizado» más de 120.000, una categoría suficientemente elástica para incluir actuaciones muy distintas, pero no ofrece un balance equivalente de cuántas viviendas de aquella promesa están ya terminadas y a disposición de sus destinatarios. Esa opacidad retrata una política más volcada en la imagen que en cambiar la realidad.

El nuevo decreto amenaza con reincidir en el error. Incluye ayudas para pagar la entrada de la primera vivienda, un estímulo a la demanda que, sin más oferta, solo recalentará los precios. La rebaja del IVA a la vivienda protegida apunta en la buena dirección, pero la calificación permanente ahuyentará a los promotores privados. Ninguna medida sustituye la prioridad esencial: construir más, movilizar suelo para abaratar los precios, reducir trabas administrativas y dar seguridad jurídica. El Gobierno replica que PP y Vox tumbaron el decreto que habría evitado el desahucio de Maricarmen. Olvida que suspender desahucios no crea una sola vivienda: solo traslada a un particular una obligación del Estado. Las medidas que prepara el Ejecutivo confirman que pretende responder a la crisis con más intervención, protección frente a desahucios y regulación de contratos.

España tiene un problema grave de vivienda, pero no insoluble. Lo irresponsable es utilizar a una anciana para perseverar en políticas que estrechan el acceso al mercado mientras dicen proteger a quienes quedan fuera. Después de ocho años, el Gobierno no puede presentarse como espectador de una crisis cuya evolución lleva su firma. Antes de fabricar otro símbolo, debería reconocer su fracaso. El verdadero desahuciado de su política de vivienda es el propio Gobierno.
 
 

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