La fuerza de Chamberlain y la de Schwarzenegger no se miden igual
La pregunta es clara: ¿puede un jugador de baloncesto ser más fuerte que un culturista como Arnold Schwarzenegger? La respuesta corta es que sí, pero solo si se mide la fuerza en su versión atlética. Wilt Chamberlain, pívot de la NBA, era ágil, explosivo y atlético para su altura: en ese terreno barre a Arnold por motivos obvios. No es una opinión, es el consenso de cualquiera que haya visto jugar a Wilt.
El matiz llega al definir fuerza. La del culturismo es otra cosa: estática, de gimnasio, pensada para levantar peso en una sala, no para saltar a canasta o correr la pista. Son dos tipos de fuerza distintas, y mezclarlas lleva a conclusiones absurdas.
La chispa que ha reactivado el asunto es cinematográfica. Chamberlain compartió reparto con Schwarzenegger en la secuela de Conan. Y fue tan mal actor que hizo que Arnold pareciera Marlon Brando. Aquel papel fue su primero y último en el cine. No es difícil averiguar por qué. Para los amantes de las películas chancleteras, el duelo de altura por excelencia sigue siendo el de Kareem Abdul-Jabbar contra Bruce Lee, mucho más digno de recordar.
En resumen, la próxima vez que comparen a un baloncestista con un culturista, pregunten qué fuerza miden. La respuesta cambiará el resultado. Y la realidad queda dividida: Chamberlain supera en explosividad, Schwarzenegger en fuerza estática. Nadie gana del todo.