Bruce Willis: ¿verle así o no verle? El dilema de las familias ante la demencia
La foto reciente de Bruce Willis ha reabierto una pregunta incómoda que ninguna familia con un enfermo crónico puede esquivar: ¿es un acto de amor acompañar el deterioro o una condena asistir a él? La cuestión, planteada como hipótesis sobre sus hijos, choca con la realidad de miles de familias que llevan años resolviéndola en silencio.
Hay quien sostiene que estar al lado del padre en su vejez es un deber, y que los hijos de Willis, criados en la cultura de la dureza, pueden con ello. Otros admiten que no querrían verle así, que preferirían conservar la memoria del hombre fuerte que corría sobre cristales rotos. Entre medias asoma el tabú del suicidio y de la muerte digna: quien prefiere una escopeta antes que una cuidadora limpiándole el trasero no oculta su pavor a la dependencia.
La distancia engaña. Muchos pagarían una fortuna por verse como Willis en la foto, con buena apariencia para lo que padece. La percepción externa del paciente casi siempre se queda corta.
Detrás de chanzas y bravuconadas, la conversación sobre el cuidado de los mayores esconde una pregunta de fondo. Este debate no resuelve nada, pero apunta a que cada familia decide desde un lugar distinto, y que juzgar a quienes eligen una u otra opción es tan fácil como inútil. Queda por ver si la discusión pública sobre el final de la vida avanza con el mismo aplomo con el que algunos opinan sobre los hijos del actor.