Freixenet recorta 615 empleos y el cava se apaga en San Sadurní
El fabricante de cava Freixenet, propiedad del grupo alemán Henkell desde hace años, ha presentado un expediente de regulación de empleo que afecta a
615 trabajadores. La empresa lo atribuye a la sequía y a la caída de ventas. El anuncio ha reabierto en el subforo de Economía una discusión que mezcla la política catalana, el boicot al producto y la letra pequeña de una industria que ya no es lo que era.
¿Por qué Freixenet recorta 615 empleos?
La sequía es el argumento oficial. La empresa lo ha comunicado como causa principal, y buena parte del sector lo da por bueno: la falta de agua en el Penedès afecta a la uva y encarece la producción. Pero el recorte coincide con un desplome de ventas que no se explica solo por el clima. El cava ha perdido terreno frente a otros espumosos y el consumidor esporádico tiene ahora más opciones que nunca.
Hay quien sostiene que el problema es de producto. Los cavas de gama baja de Freixenet se perciben como mediocres, y el cliente habitual se ha ido a bodegas pequeñas que ofrecen más calidad por poco más de precio. La sequía sería el detonante, no la causa única.
El boicot al cava catalán y su efecto real
Una parte del consumo ha convertido el cava en un objeto de castigo político. El boicot a marcas catalanas, impulsado desde sectores españolistas, ha tenido un impacto difícil de medir pero real en la hostelería y en las compras de particulares. Freixenet, sin embargo, no es precisamente una empresa independentista: sus antiguos propietarios eran españolistas declarados, y ahora el dueño es alemán.
Eso no ha impedido que el boicot se cebe con la marca. El resultado es una paradoja: se castiga a una empresa que nunca apoyó el proceso independentista y se perjudica a los trabajadores de San Sadurní, que no tienen culpa de la política.
El efecto dominó en el Penedès
El recorte no se queda en la plantilla de Freixenet. Los viticultores de la comarca se preparan para vender su uva más barata o no venderla. Los comercios de San Sadurní y alrededores verán caer sus ventas. Talleres, ferreterías, restaurantes y hasta el sector inmobiliario local notarán la contracción.
El cálculo completo, con los efectos indirectos sobre la comarca, da una cifra que asusta. No es solo el cava: el vidrio viene de Alicante, el corcho de Cádiz, y el etiquetado se hace fuera de Cataluña. La caída arrastra a proveedores de media España.
La sequía como coartada
La sequía existe, pero no explica por sí sola un ERE de 615 personas. El sector llevaba años con márgenes ajustados y una competencia creciente de espumosos valencianos, extremeños y de otras zonas. La sequía ha sido la puntilla, no la enfermedad.
Hay quien ve en el anuncio un ajuste de cuentas con el relato: si el cava catalán se vende menos, la culpa es del boicot y de la sequía, nunca de la calidad. Es una forma cómoda de no mirar el producto.
El futuro incierto del cava catalán
Freixenet no ha detallado si habrá más recortes. La empresa dice que en mayo no confiaba en llegar ni a la campaña de Navidad, lo que da idea de la magnitud del problema. El sector del cava catalán afronta una reconversión que puede dejar fuera a los más débiles.
Mientras tanto, los trabajadores afectados esperan un ERE que les deja en la calle en una comarca sin muchas alternativas. La política y el clima se han aliado para apagar el cava en San Sadurní. Y nadie sabe cuándo volverá a brillar.