El hilo convierte el debate montaña-motos en un recuento de muertes
Arranca la conversación con una intuición —que los edemas, las congelaciones y el desconocimiento matan más de lo que parece— y acaba, cuatro años después, convertida en una crónica casi diaria de accidentes de montaña. Un forero abre el fuego: no es solo la alta montaña, también cualquier subida. Otro responde que en la montaña decide uno mismo y que, en moto, puedes llevarte a alguien por delante. A partir de ahí el hilo se parte en dos: quien sostiene que cada cual asume su riesgo y quien empieza a colgar, uno tras otro, los fallecimientos que llegan de los medios. Esa acumulación provoca la bronca más dura del tramo entre quien publica las noticias y quien le acusa de vivir de la desgracia ajena.
Qué se ha sabido
Un forero enlaza el estudio de The BMJ sobre mortalidad en el Everest entre 1921 y 2006: un 2,7% (43 de 1.585) para los escaladores frente al 0,4% (5 de 1.231) para los sherpas, y añade un gráfico de The Atlantic. Otro apunta que el Annapurna da un 41% de probabilidades de morir. Respecto a otros deportes, se cita que el paracaidismo registra una muerte por cada 75.000 saltos y que las escaleras domésticas, una por cada 20.000.
El hilo pasa a seguir rescates y tragedias. En enero de 2018, la operación de rescate en el Nanga Parbat de Tomek Mackiewicz y Elisabeth Revol: la francesa es evacuada con graves congelaciones por Denis Urubko y Adam Bielecki, mientras se abandona al polaco, que muere. Semanas después, Urubko parte solo a intentar el K2 invernal sin permiso de su expedición. Se cuenta que el permiso invernal del Nanga Parbat cuesta 300 euros y el de verano, 10.000. En julio de 2018, Alexander Gukov es rescatado con vida en el Latok I tras morir su compañero de cordada. En abril de 2019 desaparecen David Lama, Hansjörg Auer y Jess Roskelley en una avalancha en las Rocosas canadienses. Ese mismo año, el 22 de mayo, más de 200 personas abarrotan la cima del Everest y mueren Don Cash y Anjali Kulkarni; la temporada termina con once fallecidos. Se añaden los ocho alpinistas desaparecidos en el Nanda Devi, la muerte del británico Robin Haynes Fisher, el rescate polémico de Wui Kin Chin en el Annapurna —que fallece después— y la del peruano Richard Hidalgo en el Makalu. También la muerte de Tom Ballard y Daniele Nardi en el Nanga Parbat, seis años después de que la madre de Ballard, Alison Hargreaves, muriera en el K2.
En el plano doméstico, el hilo acumula sucesos: la muerte de un soldado de la UME durante la búsqueda de un montañero desaparecido; varios fallecidos en el Pirineo aragonés que llevan el balance a quince entre junio y septiembre de 2019; un esquiador fallecido fuera de pista; un caso de escalada sin permiso en Nepal que acaba con la entrada prohibida cinco años a un compañero y con el dato de que el permiso costaba 125 dólares. Fuera de España aparecen Brad Gobright (noviembre de 2019), la escaladora francesa de 16 años Luce Douady (junio de 2020), el guía Matteo Bernasconi (mayo de 2020) y tres barranquistas españoles muertos en Suiza, con uno desaparecido.
Las posturas
Un bloque defiende que la montaña es un riesgo voluntario y que solo decide quien sube. Un participante sostiene que en moto puedes llevarte a alguien por delante pero en la montaña decide uno mismo, y que morir haciendo lo que te gusta es una buena forma de morir. Frente a eso, otro responde que, proporcionalmente, la alta montaña matará a más gente que las motos, y varios señalan que no es lo mismo una caída tonta que un accidente a 7.000 metros, donde nadie puede bajarte.
Un tercer grupo pone el foco en la masificación y en el perfil del accidentado: el «Forrest Gumpismo», el escapismo individual, y la obsesión de cuarentones y cincuentones por el deporte extremo. Otros comparan con el San Fermín o con los toros como reductos de virilidad que se fomentan por dinero. La defensa más repetida es que el motorista mata a terceros y que en la montaña el único responsable es quien sube.
El choque más duro del tramo es el que enfrenta a un forero que recopila los accidentes con otro que le reprocha hacer «carroña» con la desgracia ajena: le acusa de no entender la seguridad en montaña y de creerse a salvo porque se cree más listo. El recopilador responde que seguirá siendo el aviso del hilo y que quizá salve alguna vida. En paralelo, entran temas prácticos: frente a quien pide que cada uno pague su rescate, otro recuerda que a diario mueren más personas en la carretera o en accidentes laborales, y el recopilador responde que la cuestión es el ratio de heridos y muertos por practicante.
Lo que cambia respecto a antes
Al ser el primer tramo, aquí entra en escena todo: la comparación numérica con las motos, el goteo de noticias de fallecimientos, la disputa sobre publicarlas y el salto a la montaña como producto de consumo. También entra la conversación práctica de equipamiento —GPS, mapas en papel, crampones, brújula— y la idea, repetida, de que los servicios de emergencia se multiplican cada verano.
Las predicciones que se hicieron
Un forero vaticinó que el alpinista atrapado en el Latok I no saldría con vida; se equivocó y Gukov fue rescatado. Acertó, en cambio, al dar por perdidos a los dos alpinistas del Nanga Parbat, cuyos cuerpos se localizaron después. Sobre los rescatadores, avisó de que no estaban aclimatados para los 7.000 metros.