Esa izquierda suicida (Gabriel Sanz en Vospópuli)

Esa izquierda suicida (Gabriel Sanz en Vospópuli)
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

Si el plazo de inscripción ante la Junta Electoral Central cierra con dos candidaturas a la izquierda del PSOE, Frente Amplio y Podemos, Pedro Sánchez no tendría escaños suficientes para reeditar el Gobierno. El sistema d'Hont penaliza esa división en provincias donde se reparten pocos diputados.

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Si el plazo de inscripción ante la Junta Electoral Central cierra con dos candidaturas a la izquierda del PSOE, Frente Amplio y Podemos, Pedro Sánchez no tendría escaños suficientes para reeditar el Gobierno. El sistema d'Hont penaliza esa división en provincias donde se reparten pocos diputados.

La política española tiene una cita con las urnas el 29 de noviembre. Antes, este viernes a medianoche, los partidos y coaliciones deben inscribir sus candidaturas ante la Junta Electoral Central. Si a esa hora hay dos listas a la izquierda del PSOE, una de Frente Amplio y otra de Podemos, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, puede despedirse de La Moncloa. No es una hipótesis de barra de bar: es aritmética electoral.

El reparto provincial no perdona la división

El sistema d'Hont convierte votos en escaños y favorece cierta proporcionalidad, pero castiga la dispersión en un mismo espacio político. Sobre todo cuando ninguna de las marcas supera el 10% de sufragio en toda España. Los sondeos que maneja el sector otorgan a la formación liderada por la ex alcaldesa de Barcelona Ada Colau no más de un 6% del voto. A la candidatura de Irene Montero, ex ministra y pareja de Pablo Iglesias, no más de un 2,8%.

Con esos porcentajes, ninguna de las dos estaría en disposición de arañar el cuarto o quinto diputado en al menos 40 de las 52 provincias españolas. Esa España interior reparte más de 220 de los 350 escaños del Congreso. Ahí el PP, Vox y el PSOE se reparten el pastel por ese orden. La izquierda a la izquierda del PSOE se queda fuera de juego en la mayor parte del mapa.

De 33 diputados a diez como mucho

Sumar cerró los comicios de 2023 con 33 diputados. Las encuestas que se cruzan en las redacciones pronostican que Frente Amplio lograría 9 o 10 escaños, arañados a duras penas entre Madrid, la Barcelona de Colau, Sevilla, Córdoba, Zaragoza y Palma de Mallorca. A Montero le costaría incluso sacar el escaño de Podemos por Madrid. La participación prevista, superior al 70%, encarece cada escaño y complica la hazaña.

La actual fórmula de Gobierno progresista, apoyada por nacionalismos catalanes, vascos, gallegos y valenciano, no llegaría ni de lejos a los 176 escaños de mayoría absoluta necesarios para cualquier investidura. La división del voto en un mismo espacio no solo resta; multiplica el daño.

La unidad que nunca llegó

El 18 de febrero hubo fanfarria en la Sala Galileo, un local mítico de la contracultura madrileña. Se presentó como la epifanía de la unidad de la izquierda. Estaban Gabriel Rufián y Emilio Delgado, moderados por Sarah Santaolalla. Poco después, Rufián se alejó del invento, tensionó su relación con ERC y eligió a Irene Montero para otra epifanía meses más tarde en Barcelona.

Mientras tanto, Sumar debatía sobre el debate. Con Yolanda Díaz retirada, el espacio quedó descabezado. El ministro Pablo Bustinduy dijo no a quienes le pedían liderar. Ernest Urtasun se dejaba querer sin que nadie le quisiera. Mónica García se autopropuso sin éxito. La solución que se impuso fue Ada Colau, a la que varias voces de ese espacio describen como alguien a quien nadie quiere, pero que iba a recomponer la unidad con Podemos.

ERC y el golpe final a la unidad

ERC y Rufián se proponen como marca Podemos en Cataluña. Para el sector, eso es una traición al Frente Amplio y un golpe a Colau, su enemiga íntima desde los tiempos del Procés. El resultado es que la supuesta unidad de la izquierda verdadera queda definitivamente rota. Y con ella, la única posibilidad que le quedaba a Sánchez de seguir en La Moncloa.

La matemática electoral es tozuda. En la noche del 29-N todos los partidos ganarán y ninguno perderá, según el manual no escrito. Pero los números, esos que se reparten provincia a provincia, dicen otra cosa. Si este viernes se inscriben dos listas a la izquierda del PSOE, el Gobierno progresista no sumará. Y no habrá relato que lo arregle.

Datos clave
  • El plazo de inscripción de candidaturas ante la Junta Electoral Central cierra a medianoche del viernes 17, con las elecciones generales fijadas para el 29 de noviembre.
  • Los sondeos otorgan a Frente Amplio, con Ada Colau, no más de un 6% del voto, y a Podemos, con Irene Montero, no más de un 2,8%.
  • Sumar pasó de 33 diputados en 2023 a un pronóstico de 9 o 10 para Frente Amplio.
  • 40 de las 52 provincias reparten más de 220 de los 350 escaños, y ahí la izquierda a la izquierda del PSOE no arañaría el cuarto o quinto diputado.
  • La mayoría absoluta en el Congreso son 176 escaños.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

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Esa izquierda suicida​

14/10/2026

Gabriel Sanz-Vospópuli​

  • Si a medianoche de este viernes se inscriben para el 29-N dos candidaturas a la izquierda del PSOE, Frente Amplío y Podemos, Pedro Sánchez no tendrá posibilidades de reeditar gobierno

Cartas boca arriba: si en la medianoche de este viernes al sábado 17, cuando concluye el plazo para que los partidos y coaliciones se inscriban a las elecciones generales del 29 de noviembre ante la Junta Electoral Central, hay presentadas dos listas a la izquierda del PSOE, una de ese Frente Amplio que viene a sustituir a Sumar, y otra de Podemos, Pedro Sánchez ya puede despedirse de La Moncloa.

La actual fórmula de Gobierno pogre apoyado por nacionalismos varios catalanes, vascos, gallegos y valenciano, no llegaría en ese caso, ni de lejos, a sumar los 176 escaños de mayoría absoluta necesarios para cualquier investidura del presidente del gobierno.

El sistema d´Hont de conversión de votos en fruta, elegido por nuestros padres de la Constitución hace medio siglo favorece la proporcionalidad, cierto, pero penaliza la división en un mismo espacio, sobre todo a quienes no alcanzan el 10% de sufragios en toda España; y eso es lo que les auguran todos los sondeos a las formaciones lideradas por la ex alcaldesa de Barcelona Ada Colau y por Irene Montero: no más de un 6% de voto a la ex alcaldesa de la Ciudad Condal, no más de un 2,8% a la ex ministra y pareja de Pablo Iglesias.

De 33 fruta a diez, como mucho​

Así que a esta hora ya se puede afirmar, sin temor a equivocarse, que ninguna estará en disposición de arañar el cuarto o quinto fruta de, por lo menos, 40 de las 52 provincias españolas que forman esa España interior que otorga más de 220 de los 350 a repartir; justo donde PP (primero) y Vox (tercero) van a lograr el grueso de sus apoyos en detrimento del PSOE (segundo).

Es decir, esos 220 se los repartirán todos Alberto Núñez Feijóo, Sánchez y Santiago Abascal, por este orden; es más, me atrevo a pronosticar que, dada la exhibición de caos que está dando la izquierda verdadera, el llamado Frente Amplio que pretende heredar lo que fueron aquel Sumar y Yolanda Díaz en los comicios de 2023, acabará apareciendo como un Frente Estrecho desde la misma noche electoral del 29N.

Todas las encuestas pronostican que los 33 actuales fruta de Sumar se van a ver reducidos a 9/10 del Frente Amplio logrados a duras penas entre Madrid, la Barcelona de Colau, Sevilla, Córdoba, Zaragoza y Palma de Mallorca; incluso a Irene Montero le costará sacar el escaño de Podemos por Madrid dada la alta participación que prevén las casas de sondeos -superior al 70%- y lo caro que se va a poner cada escaño en esas circunstancias.

Hasta aquí les he hablado de matemática electoral, tozuda, por más que en la noche electoral todos los partidos ganen y ninguno pierda, ya me entienden. Ahora me gustaría detenerme en esa vocación suicida de esa izquierda, que nunca entenderé.

¿Solución? Una Colau a la que “nadie quiere”​

Empezó un 18 de febrero con gran fanfarria en un lugar mítico de la contracultura madrileña, la Sala Galileo y con el morbo de ver juntos a Gabriel Rufián y Emilio Delgado moderados por la estrella mediática rutilante en aquel momento: Sarah Santaolalla. Aquello se nos presentó como una epifanía de lo que iba a ser “la unidad de la izquierda” en los meses venideros.

Pero fuéronse y no hubo nada ya en los días siguientes. Un Rufián despechado por los celos y los odios orgánicos de siempre se alejó de aquel invento madrileño mientras tensionaba su relación personal con ERC, dejó a Delgado y en Barcelona elegiría a Irene Montero para otra epifanía pocos meses más tarde.

Entre tanto, Sumar perdía tiempo como mejor sabe hacer: debatiendo sobre el debate. Con Yolanda Díaz retirada, es decir, descabezado, se sumió en diversas crisis interna mientras el ministro Pablo Bustinduy decía no a quienes le pedían que liderará, otros ministro, Ernest Urtasun se dejaba querer pero nadie le quería, y Mónica García hasta se autopropuso, sin éxito, para liderar el Frente Amplio. Solución: una Ada Colau a la que “nadie quiere” (sic, dicho por varios de ese espacio a este periodista) pero que iba a recomponer la unidad con Podemos.

Y en esas llegan ERC y Rufián, “traicionan” al Frente Amplio para fastidiar a su íntima enemiga desde los tiempos del Procés, Ada Colau, y se proponen como Marca Podemos en Cataluña fastidiando definitivamente esa supuesta unidad de la izquierda verdadera; y, por extensión, la única posibilidad que le quedaba a Pedro Sánchez de seguir en La Moncloa y al Gobierno pogre de seguir en el machito… ¿Ustedes entienden algo? Yo nada.
 
Más conocido por Gaby, es habitual del programa de Ferreras, llevan a los voceros de la derecha para disimular y Gaby se lleva la palma.
 

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