El forero que citas se caracteriza por el ya clásico patrón interpretativo español de elucubrar un artificio para aferrarse a la tesis de que España fue una normalidad en su entorno y que la decadencia si la hubo obedeció a causas externas. Es el recurso típico de "inventar auto-estimita nacional" engañándose a uno mismo para evitar reconocer que España se quedó atrás y este subdesarrollo nos condenó a siglos de adversidad. Forma parte de las típicas ensoñaciones hispanas cocidas en un fundamentalismo religioso que como en el hilo se ha visto, niega el avance del mundo acaecido en los últimos cinco siglos. No va desencaminado CUATERBAC cuando los señala como talibanes: hay gran parte de verdad en esto. El fundamentalismo religioso que exhiben tiene poco o nada de europeo y sí mucho de hebrea sarracin.
Respecto a lo que preguntas: en el siglo XVI en España no existía una burguesía comparable a lo que había en las regiones más ricas de Europa como las ciudades-Estado del norte de Italia y los Países Bajos. Hacer dinero y comerciar era algo que socialmente estaba mal considerado de acuerdo a los criterios de estatus social de la época. Se asociaba a los judíos literalmente. La gente quería ser cristiana vieja, tener HONRA, y ello estaba en contradicción con trabajar o comerciar como he dicho a lo largo del hilo. El español valía por lo que "era", no por lo que "hacía".
La economía de Castilla ya desde siglos atrás se caracterizaba por la exportación de lana a centros industriales de Flandes. Burgos era un centro importante de comercio y había no pocos descendientes de judíos conversos por allí, sí. Existía asimismo una considerable producción manufacturera en la red de ciudades de lo que hoy sería Castilla y León. Realmente esta Castilla estaba mucho mas urbanizada de lo que se piensa de antemano. Pero sus manufacturas en comparación con las flamencas o italianas eran más toscas y menos especializadas. Todo esta economía productiva se fue yendo pogre al garete a lo largo del siglo XVI desde el fracaso de la Revuelta Comunera, que fue en esencia una revuelta proto-nacionalista y de orientaciones más o menos burguesas en contraposición al paradigma imperial que vino imponiendo un rey extranjero. Realmente lo que denunciaban los comuneros era profético respecto de lo que terminaría sucediendo.
Con Felipe II el declive ya adquirió visos de gravedad pues la opresión fiscal iba en detrimento del trabajo productivo, literalmente dejó de salir rentable trabajar. No es que los españoles tuvieran mucho afán de ello tampoco. El ideal caballeresco de la época era ser rentista, trabajar para el Estado o enrolarse en los TERCIOS. Esta es la clave de la grandeza pero también la miseria de España: nuestro país vivía para la épica, la GLORIA, las hazañas, no para acumular capital. La Reconquista nos condicionó muchísimo pues hizo de los españoles un pueblo de guerreros, de bravos.
También influyó mucho la pérdida de Amberes como centro del comercio mundial. Para finales del XVI las alusiones a la decadencia ya eran frecuentes en los escritos de la época. El capitalismo mercantilista jamás pudo arraigar en España esencialmente por 1) los valores de Castilla eran antitéticos al capitalismo; 2) la política fiscal de los Austrias era incompatible con una economía productiva de base manufacturera. Es por ello que llegó un punto en el siglo XVII que en España apenas se producían cosas teniendo forzosamente que recurrir a comprar todo de fuera. De igual modo era masiva la entrada de comerciantes y trabajadores extranjeros, sobre todo franceses pues los altos sueldos aquí les permitía acumular suculentas riquezas. Los españoles abandonaron la economía real por la sencilla razón de que dedicarse a ella estaba en contradicción con el ethos aristocrático que movía a la sociedad española.
"Los seis aventureros de España, y cómo el uno va a las Indias, y el otro a Italia, y el otro a Flandes, y el otro está preso, y el otro anda en pleitos, y el otro en religión, y no hay más de estos seis"
Los comerciantes españoles que acumulaban cierto capital dejaban de practicar el comercio para adquirir algún titulo nobiliario que era lo que daba estatus. Tampoco existía una mentalidad capitalista de reinvertir las ganancias. La riqueza iba destinada a erigir palacios, comprar arte, consumo suntuario vaya.