El aceite español que aquí cuesta el doble
Una botella de aceite de oliva virgen extra español, marca Primadonna, se vende en supermercados de Irlanda a 3,69 euros el litro, según un mensaje difundido en un foro. En España, ese mismo producto —o su equivalente en lineal— se paga a 6,95 euros, según otro participante. La paradoja no es nueva, pero el dato vuelve a circular con fuerza: el país que produce más aceite de oliva del mundo lo vende más barato fuera que dentro. Y sin tener un solo olivo.
El hallazgo, difundido a través de una cadena de supermercados irlandesa, ha reabierto el debate sobre los márgenes comerciales, la formación de precios y el papel de España en la cadena global de valor del AOVE. Los cálculos que se manejan apuntan a que el litro sale a 4,92 euros si se tiene en cuenta el formato de 750 mililitros, una cifra que en España resulta difícil de igualar.
¿Por qué el aceite español es más barato en Irlanda que en España?
La explicación más repetida tiene que ver con el momento de compra. El aceite cotiza a diario, como cualquier materia prima. Un exportador que adquirió una gran partida a primeros de año, cuando el precio estaba en torno a 3 euros el litro, puede venderla ahora más barata sin perder dinero. Quien compró caro, o quien valora su stock a precio de mercado actual, no puede competir con esa horquilla.
Hay otro factor que se menciona con insistencia: los sueldos. En Irlanda, el salario medio ronda el doble que en España. Eso significa que, en paridad de poder adquisitivo, ese aceite a 3,69 euros equivale a unos 3 euros en términos españoles. La diferencia real, por tanto, se estrecha. Pero no desaparece.
El tercer elemento es la estrategia comercial. El aceite es un producto cebo: atrae clientela al supermercado. Si una cadena reduce su precio para captar compradores, compensa la pérdida con el resto de la cesta de la compra. En España, donde el aceite es un producto básico y muy vigilado, esa táctica se aplica menos porque el margen ya es estrecho.
La cosecha que lo cambia todo
El contexto agrícola es determinante. La cooperativa donde trabajó un participante vendió en enero unos 120.000 kilos de virgen extra a un exportador a 4,20 euros el kilo. Hoy, esa misma cooperativa lo vende a 7,35 euros. Los trujales estaban en enero al 60% de su capacidad; ahora están al 10%, con previsión de muy mala cosecha.
La sequía es la causa. Si no llueve, el olivo da media cosecha. Si no llueve dos temporadas seguidas, no da ni un cuarto. España es el primer productor mundial de aceite de oliva, pero también el primer consumidor. Si la producción cae, el precio sube. Y si el precio sube, el aceite español se convierte en un producto de lujo dentro de sus propias fronteras.
Quien compró en enero puede vender más barato y ganar pasta. Quien no, mira cómo el mercado se le escapa. Esa es la trampa del momento.
El fraude que nadie quiere ver
Más allá del precio, hay una sospecha que recorre el debate: ¿es realmente virgen extra lo que se vende? En España, el fraude en el etiquetado del aceite es una realidad documentada, según un participante. Se estima que casi el 60% de las tandas no cumplen con lo que prometen. En Irlanda, en cambio, la normativa de etiquetado se aplica con más rigor, según quienes han trabajado allí.
La ley española es laxa, precisamente para favorecer a los industriales, según otro participante. Lo que manda es la documentación sanitaria, no la calidad. Se pueden mezclar aceites de distinta procedencia y seguir llamándolo virgen extra mientras no se note. Hasta los premium llevan mezclas. Es el milagro bíblico de los panes y los peces, pero con aceitunas.
Quien haya probado el aceite irlandés lo describe como «orujo sin casi sabor». Otros defienden que el AOVE español que se exporta es de mejor calidad que el que se queda aquí. La duda queda en el aire.
¿Es rentable importar aceite español desde Irlanda?
Sobre el papel, sí. Comprar AOVE de origen español en el extranjero e importarlo aquí sale más barato que comprarlo en el supermercado de al lado. Es una anomalía de mercado que algunos ya han calificado como negocio a la vista. Pero la logística, los aranceles y el IVA se comen el margen. Y nadie ha montado todavía la operación a escala.
El diferencial de precio entre España e Irlanda es real. La pregunta es cuánto durará. Si la cosecha sigue siendo mala, el aceite español se encarecerá en todos los mercados. Y entonces la paradoja se resolverá sola: no habrá aceite barato en ningún sitio.
Con estos mimbres, lo lógico sería que el precio español convergiera a la baja con el irlandés. No lo está haciendo. Nadie termina de explicar por qué.