Alerta en los móviles de Madrid: 100 litros en puntos del centro
Los móviles de Madrid se pusieron a pitar a la vez pasadas las 14:25. Un mensaje de
Protección Civil, en español y en inglés, avisaba de lluvias torrenciales y tormentas. En un restaurante del Paseo de la Florida sonaron todos los terminales al unísono y la escena terminó en carcajada general: fuera caían gotas sueltas. Horas antes, con la alerta todavía sin repartir, había quien paseaba por Madrid Río con varios niños y quien se había metido
20 o 24 kilómetros saliendo desde la sierra. Llovió. El diluvio, de momento, se quedó en el aviso.
Qué decía la alerta de Protección Civil que sonó en los móviles
El aviso entró de forma escalonada. A unos teléfonos llegó a las 14:26, a otros pasadas las 14:25 y a un tercer grupo casi a las 14:40, siempre con pitidos sonoros y doble texto, uno en castellano y otro en inglés. La imagen se repitió en locales cerrados: decenas de personas mirando la pantalla al mismo tiempo y una broma inmediata.
«Ya está, Putin ha lanzado los misiles o nos invaden los aliens», resume la reacción de quien estaba comiendo cuando el móvil se puso a gritar. La alerta no ordenaba nada y no hubo confinamiento oficial, pero el mensaje se entendió como una recomendación de quedarse en casa.
Cuánto llovió realmente en Madrid
El registro es desigual, y ahí está el problema. En un paseo por Madrid Río, las gotas aparecieron en un par de momentos, con poco viento; por la noche llovió de forma continuada,
«pero no creo que de forma torrencial». En paralelo se cerraban varias entradas a la Casa de Campo con cintas de plástico, mientras ciclistas y deportistas seguían circulando por dentro. Hubo quien se encontró goteras en casa. Y hubo, sobre todo, una enorme disparidad geográfica: en unos pocos puntos del centro cayeron más de
100 litros por metro cuadrado, mientras que a unos 25 kilómetros al oeste de la capital descargó con ganas. Nadie discute que llovió. Se discute cuánto, dónde y si eso justificaba encender todas las alarmas.
El nivel rojo que AEMET no llegó a activar
De esa brecha sale el reproche cruzado. Hay quien sostiene que la agencia estatal debería haber decretado el nivel rojo para toda la
Comunidad de Madrid ante el escenario más adverso modelizado, y quien responde que los modelos apuntaban a una situación que luego no se materializó en la capital. En medio, un rifirrafe sobre la privacidad: los mismos que se quejan de intromisión del Estado cuando suena el móvil, ironizan otros, son los primeros en pedir que alguien avise antes de que caiga un árbol. Las predicciones para el centro no se cumplieron. Y eso, en términos de gestión del riesgo, no es un éxito ni un fracaso: es una incógnita.
Del ciclón Hortensia de 1984 al confinamiento preventivo
La comparación histórica aparece sola. El ciclón Hortensia, en 1984, dejó
6 muertos en toda España, árboles caídos, tejas volando y gente agarrándose a las farolas. Se suspendieron las clases en algunas comunidades y el resto del país siguió funcionando casi sin notarlo. La reflexión que recorre el episodio actual es incómoda: hoy, con menos viento que entonces, buena parte de la población se metería debajo de la cama tres días. La alerta masiva añade una capa nueva al repertorio: la posibilidad de suspender la vida cotidiana de millones de personas con un pitido.
Qué era la prueba de alerta masiva de Estados Unidos del 4 de octubre
El episodio se lee también en clave internacional. El 4 de octubre estaba prevista una prueba del Sistema Nacional de Alerta de Emergencia Inalámbrica de Estados Unidos, coordinada por la agencia federal de emergencias y la comisión de telecomunicaciones, con un mensaje de texto a todos los dispositivos antes del aviso de que no se requería ninguna acción. La coincidencia sirvió para preguntarse si lo de Madrid fue una advertencia meteorológica o, además, un ensayo de infraestructura. La duda no se resolvió.
El asunto se quedó atascado justo ahí: entre quienes creen que avisar de más es gratis y quienes sostienen que un aviso que no se cumple destruye la credibilidad del siguiente. El cuento de Pedro y los lobos se citó varias veces. Nadie ha medido todavía cuánto costó el susto y cuánto habría costado no darlo.