Ibiza: la vivienda expulsa a los trabajadores y colapsa los servicios
Ibiza no tiene un problema de vivienda: tiene un problema de gente que no puede pagarla y unos servicios públicos que se caen por falta de personal. En mayo había
más de un millar de ofertas de empleo sin cubrir en las Pitiusas, algunas con salarios por encima de 3.000 euros —cocineros, conductores, jefes de obra—. Muchas no llegaron a ocuparse porque quien las leía echaba la cuenta del alquiler y se bajaba del barco antes de desembarcar. El precio desorbitado de la
vivienda en Ibiza se ha convertido en el mayor quebradero de cabeza para los propios empresarios de las islas. El resultado es una isla que pierde a la vez trabajadores y servicios.
Tráfico, Correos y funcionarios: los servicios que se caen
La Dirección General de Tráfico es el caso más cantado. Una oficina dimensionada para 15 personas tenía 11 en diciembre del año anterior, y aquel era su mejor momento. Traslados y bajas obligaron a cerrarla un día a la semana; en mayo, apenas abría los lunes y miércoles por la mañana. Con el
80% de las plazas sin cubrir, la Jefatura de Burgos tuvo que asumir buena parte de la carga, los usuarios insultaron y amenazaron al personal y a mediados de septiembre se dejó de atender en ventanilla. Una examinadora causó baja por ansiedad. Correos tampoco se salvó: la oficina de Sant Francesc, en Formentera, renunció a abrir por las tardes desde julio, y en Ibiza, de los 130 puestos existentes, entre un 25% y un 40% están vacantes a lo largo del año.
En los cuerpos de seguridad y entre los docentes el mecanismo es otro, pero el desenlace idéntico. Las plazas se cubren porque el destino es obligatorio al iniciar la carrera profesional, y se vacían en cuanto el funcionario o el docente puede pedir traslado a un sitio donde su nómina dé para vivir. En sanidad, la residencia de sanitarios del Hospital Can Misses es la excepción, y ni siquiera se plantea como solución estable. Hay quien detecta el mismo patrón en Madrid con colectivos como los médicos: quien cobra una nómina honrada no está dispuesto a entregar la mayor parte al casero.
Camiones parados y talleres sin manos
El problema ya no es solo de hoteles y administraciones. Hasta el
25% de la flota de mercancías pitiusa está parada por falta de conductores, y los talleres mecánicos se han sumado a la lista de sectores que hasta hace poco no lo conocían. Las empresas privadas han improvisado lo que la administración no hace: muchas asumen el alojamiento de sus empleados y descuentan la renta de la nómina. Empezaron las grandes cadenas hoteleras, con instalaciones propias donde meter a la plantilla, y hoy es práctica común entre pymes. Alsa llegó a ofrecer vivienda pagando parte del alquiler para captar 22 chóferes de autocar en verano.
La paradoja es que el turista sigue llegando. Se llenan las terrazas; lo que falta es quien las atienda.
¿Quién está comprando la isla: el particular o el fondo?
Aquí se rompe cualquier consenso. Una corriente señala al propietario con un piso heredado que lo pone a precio de oro. Otra sostiene que el verdadero dueño del suelo es el capital extranjero, y que a ese no lo mete en vereda nadie. Los números del año apuntan a lo segundo: la inversión hotelera en España alcanzó los
4.100 millones de euros en 2023, con más de 180 hoteles cambiados de manos, y operaciones como la compra del Mandarin Oriental de Barcelona por algo más de 200 millones, a razón de cerca de 1,7 millones por habitación. Cuando el dinero entra por arriba, el precio de la habitación no baja por abajo.
La consellera balear de Vivienda, Marta Vidal, aseguró que el 90% de la oferta de alquiler turístico es clandestina. La portavoz de Fevitur, María Gibert, replicó que la cifra debía referirse a las zonas metropolitanas de Palma y Eivissa. Traducción: nadie reconoce su trozo del pastel.
Regular el alquiler turístico: lo que se pide y lo que se teme
Las recetas sobre la mesa van del límite al número de propiedades por persona y el veto a la compra por inversores —leído por una parte como un ataque frontal a la propiedad privada— hasta la bajada de impuestos y el recorte de gasto público. En medio circula un cálculo sencillo: con alquileres de 2.000 euros hacen falta sueldos de 4.000, o el trabajador se va. Y una idea más incómoda: que buena parte del alza no la causa el particular con un piso, sino las sociedades sin actividad productiva que compran bloques enteros.
Los propietarios de viviendas de uso turístico reclamaron al Ministerio participar en la regulación del alquiler vacacional, mientras los sindicatos y las organizaciones de inquilinos sí estaban convocados. La norma se esperaba para 2024. Nadie sabe con qué contenido.
Lo que viene
Puede que la isla se ajuste sola por la vía fea: menos trabajadores, menos servicios, menos turistas y, con suerte, alquileres más razonables. También puede ocurrir lo contrario —que el dinero siga entrando por arriba, que quien aguante cobre más y que el que no aguante se marche—, y entonces Ibiza será un destino estupendo para visitar y un sitio imposible donde vivir. La única predicción que se sostiene es que la factura de la fiesta la acabará pagando alguien que no estaba invitado.