Pintar tazas: el negocio de 1 euro que llena locales y fastidia a los escépticos
El modelo es ridículamente simple: piezas de cerámica en blanco que cuestan menos de 1 euro, pintura, un horno y un local en zona céntrica. Y sin embargo, los estudios de pintura de cerámica se están multiplicando en ciudades como Vigo, Madrid o Salamanca con colas a las puertas. Un observador habitual de uno de estos establecimientos en Vigo describe cómo las clientas –mayoritariamente mujeres jóvenes, aunque también hombres– hacen fila antes de la apertura vespertina. Las dueñas, al parecer licenciadas en Bellas Artes, han conseguido que pagar por decorar una taza se convierta en plan de tarde.
¿Qué vende realmente un estudio de cerámica?
Lo que se vende no es la pieza, sino la experiencia. Como señala un análisis del sector, el núcleo del negocio es la socialización en un entorno offline: la gente acude para quitarse el móvil de las manos, charlar y compartir una actividad manual. No es muy distinto de los clubes de ganchillo que proliferaron en Nueva York, o los locales de abrazar gatos que reducen la necesidad de ansiolíticos, según se ha documentado en Estados Unidos. La clave está en ofrecer un espacio seguro y entretenido donde el tiempo se invierte en compañía.
Los números que sostienen el modelo
El coste de cada pieza en bruto ronda 1 euro; el precio al público parte de 3 euros por pieza, y puede alcanzar los 60 euros por un plato decorado que se recoge una semana después. El margen es amplio, pero los gastos fijos –alquiler, hornos cerámicos y electricidad– no son despreciables. Aun así, el flujo constante de clientes y la rotación rápida (no se apalancan, consumen y se van) permiten que el modelo funcione. En uno de estos locales de Vigo ya han colgado un cartel buscando personal: ofrecen contrato de 22 horas semanales para una persona alegre y dinámica, con conocimientos de arte.
¿Moda pasajera o tendencia estructural?
Las voces críticas advierten que estos negocios son flor de un día: como las cafeterías de cupcakes o los team buildings de manualidades, una vez que el círculo social ha cubierto la experiencia, la demanda se desinfla. Otros señalan que detrás hay un fenómeno más profundo: la necesidad de espacios de desconexión digital en una sociedad hiperconectada. Según datos recogidos, alrededor del 85% de las decisiones de consumo las toman mujeres, y el marketing se ha alineado históricamente con este patrón. La pregunta es si esta burbuja de las tazas pintadas resistirá el paso del tiempo o se convertirá en una anécdota más en la crónica del emprendimiento urbano. ¿Estamos ante un modelo de negocio sostenible o ante otra moda que se llevará por delante los ahorros de sus fundadoras?