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CaixaBank ofrece cambiar la tarjeta de débito por una revolving «gratis» para esquivar los 35 euros
Un cliente recibe la llamada de su gestor: su tarjeta de débito va a empezar a costar 35 euros al año. La alternativa que le ofrecen es una tarjeta de crédito sin comisión. Lo que no le dicen —o eso sostiene— es que se trata de una revolving. El episodio, relatado con detalle de contrato en mano, describe una práctica que, según el cliente, se produce en oficinas de CaixaBank: convertir la renuncia a una comisión en la firma de un producto de crédito revolving.
La secuencia es casi de manual. El gestor llama, advierte del nuevo coste de la tarjeta de débito y aconseja pasarse a una de crédito «que es gratis». El cliente pregunta si es revolving. La respuesta es que no. Después llega el contrato: **33 páginas** que, en la cuarta, ya recogen la palabra maldita. La tarjeta se llama MyCard y, según otro testimonio del mismo banco, tiene un coste de **48 euros a partir del segundo año**.
Qué es una tarjeta revolving y por qué el banco insiste en colocarla
Una revolving es una tarjeta de crédito que permite aplazar el pago de las compras aplicando intereses, instrumentada como crédito al consumo. La diferencia con una tarjeta de crédito clásica está en la forma de pago: si esta última permite liquidar a fin de mes sin recargo, la revolving está diseñada para que el saldo se renueve mes a mes con intereses. Ahí está el negocio.
El problema no es solo el producto, sino cómo se vende. En el caso descrito, el cliente baja el límite de **4.800 a 2.000 euros** y se compromete a no usar nunca el modo crédito. Lo hace, dice, para no tener que volver cabreado al año siguiente por los 35 euros. La paradoja la resume él mismo: para acceder a su propio dinero tiene que renunciar voluntariamente a una tarjeta y solicitar otra que no quería.
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La letra pequeña: 48 euros a partir del segundo año
El contrato de la MyCard incluye una cláusula que desmonta el argumento de la gratuidad. Según la captura que otro cliente del mismo banco comparte, la tarjeta es gratuita el primer año, pero a partir del segundo tiene un coste de **48 euros**. Es decir, la operación no elimina la comisión: la aplaza y, de paso, introduce un producto de crédito en el patrimonio del cliente.
La estrategia encaja con una tendencia más amplia. La banca española lleva tiempo sustituyendo tarjetas de débito por tarjetas de crédito con pago aplazado o a fin de mes. El objetivo declarado es fomentar el consumo; el no declarado, captar intereses. Hay quien sostiene que muchas de estas tarjetas permiten configurar el pago a fin de mes sin intereses, y que el conflicto real aparece cuando la única modalidad disponible es la revolving pura.
El cliente que se queda atrapado por la hipoteca
El relato no termina en la tarjeta. El afectado tiene una hipoteca bonificada con nómina y recibos en la misma entidad. Podría amortizarla y marcharse, pero no lo hace: este año ha amortizado **3.000 euros** y prevé repetir el año que viene para mantener liquidez. Es la trampa habitual del cliente bancario español: el producto principal —la hipoteca— ata al cliente a los productos accesorios.
La alternativa que circula en la conversación pasa por abrir una cuenta en entidades online con tarjeta de débito gratuita, cobrar allí la nómina y hacer transferencias periódicas. OpenBank, N26, MyInvestor o Revolut aparecen como opciones. La pega: las cuentas de ahorro de esas entidades remuneran poco o nada.
El contexto judicial: la revolving no es usura
El trasfondo legal explica por qué estas prácticas proliferan. El cliente lo apunta con amargura: la justicia dictaminó que las revolving no son usura. Desde entonces, los bancos han encontrado un filón en un producto que, si se paga a fin de mes, no genera intereses, pero que, si se fracciona, puede convertirse en una deuda perpetua.
Hay despachos de abogados que litigan contra estas tarjetas por usura, cobrando un porcentaje de los intereses recuperados. Y hay quien sostiene que la jurisprudencia ha empezado a girar: que los tribunales están declarando la guerra a las revolving y que el modelo de negocio acabará en pérdidas. La fecha de esa sentencia, y su alcance, es el punto exacto donde este análisis se atasca.
La conclusión práctica para el cliente es incómoda: si el banco te llama para «mejorarte» algo, lo más probable es que la mejora sea para él. Leer el contrato completo —las 33 páginas, no las 14 primeras— sigue siendo el único filtro fiable. Y si la tarjeta que te ofrecen es gratuita solo el primer año, la pregunta correcta no es cuánto cuesta ahora, sino cuánto costará después.
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«Al final es ir de malaga a malagón.»
— Antiparras · coste real del cambio
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
Los bancos colocan revolving con engaño60%
El cliente debió cerrar la cuenta25%
Es legal y el cliente consintió15%
📅 EVOLUCIÓN
2021Un cliente de CaixaBank recibe la llamada del gestor advirtiendo de la comisión de 35 euros en la tarjeta de débito
2021El cliente firma la MyCard tras comprobar que el contrato menciona revolving en la cuarta página
2021Otro cliente del mismo banco descubre que la MyCard cuesta 48 euros a partir del segundo año
2021Se confirma que la justicia dictaminó que las revolving no son usura
💬 POR QUÉ PARTICIPAR
✓El desglose del contrato: qué página revela la revolving y qué cláusula fija los 48 euros del segundo año
✓La secuencia completa de la llamada del gestor y cómo se desmonta el argumento de la gratuidad
✓Las alternativas de banca online que permiten mantener una tarjeta de débito sin comisiones
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Descargo de responsabilidad: Este artículo se basa en testimonios de clientes y no constituye asesoramiento financiero. Para decisiones sobre productos bancarios, consulte con un profesional.
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