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Una tarjeta revolving es un crédito en el que pagas una cuota fija mensual en lugar del total a fin de mes, y lo que queda pendiente se aplaza con intereses. Con TAEs que suelen superar el 20%, es una de las financiaciones más caras del mercado.
Una tarjeta revolving es un crédito en el que pagas una cuota fija mensual en lugar del total a fin de mes, y lo que queda pendiente se aplaza con intereses. Con TAEs que suelen superar el 20%, es una de las financiaciones más caras del mercado.
La revolving funciona así: usted debe dinero, paga todos los meses una cantidad fija que eligió al contratar, y lo que no cubre esa cuota se queda a deber. El crédito se va "reviviendo" a medida que amortiza, porque el disponible que libera lo que paga vuelve a estar a su disposición. Esa comodidad tiene un precio, y no es pequeño.
Cada mes, de su cuota se descuentan primero los intereses y solo lo que sobra reduce la deuda. Piense en 3.000 euros de saldo con una TAE del 24% y una cuota de 100 euros. De esos 100, alrededor de 60 se van en intereses y apenas 40 amortizan capital. Con ese ritmo, salir de la deuda lleva años y acaba pagando bastante más de lo que pidió.
El problema de fondo es que el interés se calcula sobre el saldo pendiente, no sobre lo que ya pagó. Cuanto más baja es la cuota, más tiempo permanece vivo el capital y más intereses genera. La cuota mínima parece cómoda porque lo es hoy; el coste llega después, repartido en meses y meses.
Hay un efecto bola de nieve que mucha gente descubre tarde. Si sigue usando la tarjeta mientras la paga, el saldo no baja: lo que amortiza por un lado lo vuelve a gastar por otro. La deuda se queda quieta y los intereses siguen corriendo.
A eso se suma la falta de transparencia. Es habitual encontrar titulares que no saben qué TAE están pagando ni cuántos meses les quedan por delante. Sin ese dato, es imposible saber si la cuota que tienen les acerca o les aleja del final.
Lo primero es pedir a la entidad el cuadro de amortización: cuánto debe, a qué TAE y cuántos meses le quedan con la cuota actual. Con ese papel delante se toman decisiones, no antes.
Subir la cuota todo lo que pueda es la vía más rápida y barata de salir. Y dejar de usar la tarjeta hasta liquidarla del todo evita que el saldo se recoloque. Conviene además revisar si el interés puede considerarse usurario: el Tribunal Supremo ha anulado contratos revolving con una TAE notablemente superior a la normal del mercado, y en ese caso se puede reclamar la devolución de los intereses.
Fíjese siempre en la TAE, no solo en el TIN, y pida un ejemplo del coste total. Desconfíe si le hablan de "cuota cómoda" sin mencionar el interés. Una revolving no es mala en sí misma si se liquida rápido, pero como financiación habitual es de lo más caro que existe.
Si tiene dudas sobre su caso concreto, consulte con un profesional especializado en derecho de consumo antes de tomar decisiones.
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