45.000 'me gusta' contra los cuatro millones de Ortega
¿Cuánto hay que donar para que dejen de llamarte miserable? La pregunta tiene trampa, y la respuesta, en España, es que nunca es suficiente. Un mensaje que critica al fundador de Inditex por donar cuatro millones de euros a los afectados por la DANA acumula 2,5 millones de visitas y 45.000 'me gusta' en un solo día. La cifra es el verdadero titular: no mide solidaridad, mide el tamaño del resentimiento.
El reproche tiene dos patas que se contradicen entre sí. La primera sostiene que cuatro millones son calderilla para alguien a quien se le atribuye una fortuna de 100.000 millones. La segunda, más técnica, ignora que esa cifra es una valoración contable de activos, no un saldo disponible en cuenta corriente. Ambas conviven en el mismo muro de comentarios sin que nadie señale la incomodidad.
La diferencia entre patrimonio y liquidez
El argumento más repetido en el debate es el error de bulto que comete el reproche: confundir patrimonio con efectivo. La fortuna de Ortega está en acciones de Inditex, inmuebles, naves y participaciones. Convertir eso en dinero exige vender, y vender a ese volumen mueve el mercado y hunde el precio de lo que uno mismo posee.
Hay quien lo explica con una comparación doméstica: el que tiene 5.000 euros en el banco y un piso de 200.000 no dona 200.000, dona lo que tiene líquido. La analogía circula con insistencia porque desmonta el reproche sin necesidad de defender al donante.
Liquidez, esa palabra que casi nadie usa en la barra del bar, es la clave de todo el asunto.
La segunda pata del argumento es más política: se sostiene que el dinero acabará en manos de gestores públicos y se perderá por el camino. Es la desconfianza en la administración convertida en excusa para no exigir nada a nadie. Nadie gana con ese razonamiento, pero calma conciencias.
¿Cuánto han donado los que critican?
La pregunta que recorre todo el debate es la más incómoda: ¿cuánto han aportado quienes reprochan la donación? El cálculo que circula es simple: si alguien con 5.000 euros en el banco dona 20 céntimos, está dando la misma proporción que el empresario. Y nadie dona 20 céntimos.
El contraste se extiende a los cargos públicos y a los presentadores de televisión con sueldos millonarios. La comparación no es del todo limpia —un patrimonio no es un salario— pero funciona como espejo. La crítica al rico acaba siendo, casi siempre, una forma de no mirarse a uno mismo.
Aparece también la comparación con otras fortunas y con las cuentas de las formaciones políticas. El resultado es siempre el mismo: nadie queda bien. La donación de cuatro millones se convierte en el listón que nadie más alcanza, y eso molesta más que la donación en sí.
La DANA como espejo de la política fiscal
El fondo del asunto es otro, y el debate lo roza sin querer: un Estado moderno no puede depender de donaciones puntuales para responder a una catástrofe. La crítica sensata no es al donante, sino a la falta de previsión y a la gestión de los recursos públicos. Ahí sí hay material para discutir durante horas.
El problema es que ese debate exige datos y responsabilidades concretas, y es mucho más cómodo señalar al que da. La donación privada se convierte en coartada para no exigir cuentas a quien gestiona. Y mientras tanto, el mensaje que insulta al donante suma 45.000 adhesiones en un día.
Hay una corriente que lo dice sin rodeos: el que dona cuatro millones hace más que el que no dona nada. Es una verdad tan obvia que da vergüenza tener que escribirla. Pero en un país donde el esfuerzo ajeno se mide por lo que le sobra a otro, hasta lo obvio hay que argumentarlo.
El cálculo que nadie quiere hacer
La comparación más repetida es la del porcentaje: cuatro millones sobre una fortuna valorada en 100.000 millones representa un 0,004%. El dato se lanza como prueba de tacañería, pero ignora que ese 0,004% es dinero real y el resto es una estimación de mercado que fluctúa cada día.
El desglose completo de esa comparación —qué parte del patrimonio es líquida, qué parte son activos productivos y qué parte es deuda— da un resultado que sorprende a quien lo lee con atención. No está en los titulares porque no cabe en un tuit, y porque desmonta la indignación.
El cierre es el de siempre: el que dona cuatro millones es un miserable, y el que escribe el tuit desde el sofá es un héroe cívico.
España va bien.