Un ucraniano que se enfrenta solo a actos prorrusos en España desde Canarias
Hay una cifra que resume el caso: veintidós de los cuarenta y dos años de
Vadym Syroyezhko han transcurrido en las Islas Canarias. Nació en Alejandría, una ciudad de Crimea, y desde 2014 no puede volver a la casa familiar que, según su relato, Moscú le arrebató tras el Euromaidan. Su respuesta no ha sido el silencio ni la resignación: se presenta, casi siempre solo, en actos de apoyo al Kremlin para increpar a quienes blanquean la invasión. Lo hace en la Península y en las islas, y lo graba.
El episodio que mejor retrata su método ocurrió el
27 de septiembre, cuando se plantó en un acto del Partido Comunista de los Pueblos de España para preguntar a su antiguo presidente, Carmelo Suárez, por qué algunos militantes habían lucido camisetas con la letra zeta en un evento previo. La respuesta fue un «fascista» y un «provocador», y tuvo que irse. Le pasa casi por sistema.
Qué hace un ucraniano enfrentándose a prorrusos en España
Syroyezhko no es un agente encubierto ni un sicario. Es un residente de larga duración que regenta una inmobiliaria y que, en su tiempo libre, monitoriza redes sociales en busca de propaganda rusa y se persona en charlas de propagandistas. En abril salió en la televisión isleña tras un rifirrafe físico con el cónsul ruso en Canarias, a cuya sede había ido a colgar carteles contra los ataques a su país. Las fuerzas de seguridad españolas le han recomendado prudencia. No la practica.
Su motivación no es abstracta. «No he podido volver desde 2014 y, si lo hiciera, me meterían preso o algo mucho peor», relata. Menciona casos documentados de activistas ucranianos desaparecidos o asesinados en territorios ocupados. Su abuela murió en el verano de 2022 sin que él pudiera viajar a Sebastopol a despedirla. Ese es el combustible.
Las amenazas que recibe y quién las lanza
El acoso que sufre es explícito. En Facebook, un perfil que responde al nombre de Roger Vega le escribió: «Ya te tenemos localizado y hemos documentado tu lugar de residencia. Pronto serás ejecutado sin piedad como todos los terroristas neonazis ucranianos». Otro usuario, desde una página llamada Internacionalistas 36, le espetó: «En el gulag haréis grandes cosas». Muchos de esos acosadores operan tras identidades falsas y desde países donde no se les puede perseguir.
El patrón es conocido: cuentas desechables, amenazas que buscan intimidar, y una impunidad que depende de la geografía. La pregunta que sobrevuela es cuántos de esos perfiles son trolls profesionales y cuántos son militantes convencidos. La respuesta no está en el material disponible.
Lo que se discute cuando se discute a Syroyezhko
La conversación pública sobre su figura se parte en dos. Una corriente sostiene que un residente extranjero no debería dedicarse a confrontar a ciudadanos españoles en actos políticos, y que si tan comprometido está con la causa ucraniana, su lugar sería el frente. Otra responde que la comparación es tramposa: quien se manifiesta a favor de una invasión no está ejerciendo una opinión inocua, y la impunidad con la que lo hace en España es el verdadero problema.
Entre medias aparecen las sospechas sobre su financiación. Hay quien se pregunta de dónde sale el dinero para vivir en una casa grande y regentar un negocio, y desliza que podría estar en nómina de algún servicio extranjero. Es una insinuación sin prueba alguna, del mismo tipo que se lanza contra cualquier activista visible. La única información verificable es que es dueño de una inmobiliaria y que lleva más de dos décadas en las islas.
El objetivo para el año que viene
Syroyezhko tiene una meta concreta: impedir que los simpatizantes del Kremlin celebren en España el
80 aniversario de la Gran Victoria, la conmemoración del triunfo sobre la Alemania nazi que Moscú utiliza como herramienta de legitimación. Es un acto simbólico, pero también un pulso sobre el relato: quién puede conmemorar qué y con qué banderas.
La pregunta que queda abierta no es si un hombre solo puede boicotear un aniversario. Es otra: ¿qué dice de una democracia que sus residentes extranjeros tengan que hacer ese trabajo solos, con la policía recomendándoles que se cuiden, mientras los organizadores de actos prorrusos siguen convocando sin obstáculos?