Ethereum 2.0 no tiene fecha y el gas expulsa proyectos
¿Cuándo sale Ethereum 2.0? La pregunta se repite cada ejercicio y cada ejercicio la respuesta se aleja un poco más. En el tramo de conversación abierto a comienzos de 2022, la horquilla de previsiones va de «nunca» a 2024, y el propio Vitalik Buterin admite que completar la hoja de ruta puede llevar otros seis años. No hay fecha oficial. La actualización que debe jubilar la minería y abaratar las transacciones sigue sin calendario.
Mientras se espera, la red pierde proyectos por un motivo muy poco ideológico:
las comisiones. Y eso, más que la hoja de ruta, es lo que mueve el dinero.
¿Cuándo sale Ethereum 2.0? Sin fecha y con la amenaza de seis años
Las estimaciones que circulan no son optimistas. Hay quien no la espera ese mismo año y quien directamente afirma que no llegará antes de 2023. Una tercera vía, más cortante, sostiene que
nunca llegará: que quienes cobran las comisiones no van a renunciar a ellas. Y luego está la referencia a Buterin, recogida en una publicación que cifra en unos seis años el trabajo pendiente.
La propuesta más reciente del propio Buterin para rebajar comisiones apunta a lo mismo:
es necesaria, pero llega tarde. Desarrollar una solución así se mide en años, no en trimestres. El precedente que se cita es Polygon Zero, un proyecto arrancado en
2019 cuyo último hito, Plonky2, se anuncia justo ahora, y que todavía no es una realidad operativa.
El gas que empuja a los proyectos fuera de Ethereum
El argumento que más se repite no es técnico, es contable. Migrar un proyecto de Ethereum a Polygon, BSC, Fantom o Harmony se hace en
un mes o menos, porque todas usan la máquina virtual de Ethereum y el mismo lenguaje: Solidity. Saltar a Solana exige entre tres y seis meses, porque hay que programar en RUST y casi nadie sabe. Y saltar a Cardano, directamente, no se hace: hay que aprender Plutus, una variante de Haskell, y el mercado de programadores es residual.
La conclusión es incómoda para el relato de la descentralización perfecta:
la decisión no la toma la tecnología, la toma la liquidez. Si el dinero está en una red, los proyectos van detrás, aunque esa red se caiga.
Lo que cuesta comprar un NFT en cada red
Puestos a comparar, el ejemplo que se pone es la compra de un NFT:
- Ethereum: 40 dólares
- Fantom, BSC y Solana: 1 dólar
- Polygon (Matic): 0,05 dólares
- Harmony: 0,00001 dólares
La diferencia entre la red principal y las alternativas baratas es de
tres órdenes de magnitud. Eso explica que un marketplace de NFTs pueda vivir en Polygon y Ethereum y añada BSC en una semana, mientras Solana queda aparcada en la lista de prioridades. El detalle fino está en cuánto tarda el puente de vuelta a Ethereum: en Polygon puede rondar una semana. Para mover dinero, eso es una eternidad.
Solana, la alternativa de moda que se cae sola
Solana vive su propio espejismo. El minting de NFTs con Candy Machine cuesta unos
5 dólares frente a los
160 dólares de Ethereum, y eso ha disparado los proyectos. El problema es que la red se ha caído por completo varias veces en un año —cinco, según uno de los recuentos que se cruzan— y que buena parte de lo que se construye encima es el mismo patrón copiado: marketplaces montados una y otra vez.
Hay quien sostiene que las caídas no importan, que Ethereum también se caía en cada ICO de relumbrón y que lo que decide no es la fiabilidad, sino por dónde circula el dinero. Es una versión cripto de
el VHS contra el Beta.
El triple halving y la promesa de los 40.000 a 150.000 dólares
Frente al pesimismo sobre los plazos, la tesis alcista tiene su propio calendario. El llamado triple halving llevaría la inflación de Ethereum del
4,3% al 0,4% y cambiaría el modelo: del minero que vende cada día al tenedor que hace staking. El paralelismo con Bitcoin es explícito, multiplicado por tres. De ahí salen objetivos de precio para 2023 que van de los
40.000 a los 150.000 dólares.
Es una apuesta, no un dato. Y da igual si el merge llega antes o después: la tesis se sostiene sobre el efecto en la oferta, no sobre la fecha.
RUST, Plutus y el cuello de botella de los programadores
El freno real del sector no es la escalabilidad, es la mano de obra. El perfil que se busca —frontend con React y web3.js, backend con Rust— tiene trabajo bien pagado y casi sin competencia. Para EVM basta conocer Solidity. Para Solana hace falta Rust, y para Cardano, Plutus.
El resultado es una migración desigual: rápida hacia Polygon, BSC, Fantom o Harmony; lenta hacia Solana; y prácticamente nula hacia Cardano, no por falta de interés, sino porque no hay quien lo programe a precio de mercado. Un proyecto que se hizo en Solana acabó contratando a alguien del propio equipo fundador, talón mediante.
Al final, la fecha de Ethereum 2.0 sigue siendo un ejercicio de fe. Queda la broma que recorre estas conversaciones y que tiene más precisión que cualquier hoja de ruta: la transición llega siempre
seis meses después de la fecha en la que estés leyendo esto. Con ese calendario, lleva años siendo puntual.