La UE enviará inspectores a España por el desvío de 2.389 millones en pensiones
El Parlamento Europeo ultima una misión para fiscalizar la gestión de los fondos europeos en España. La expedición, prevista para octubre, llega después de que el Tribunal de Cuentas detectara un desvío de 2.389 millones de euros destinados a pensiones, una partida que no estaba permitida. La falta de presupuestos generales del Estado ha sido señalada como el origen del problema. La prensa alemana no ha tardado en calificar el caso como «absolutamente inaceptable», mientras Alemania figura entre los principales contribuyentes netos a las arcas comunitarias y España entre los mayores receptores.
Un desvío que no es un accidente
El Tribunal de Cuentas atribuye la desviación a la ausencia de Presupuestos Generales del Estado, que se mantienen prorrogados desde hace más de tres años. Sin presupuestos, el Ejecutivo ha tenido que recurrir a partidas extraordinarias para pagar las pensiones, y ha usado fondos europeos que estaban destinados a otros fines. Esta práctica, aunque técnicamente ilegal, ha sido tolerada durante años. La cifra exacta, 2.389 millones, es lo que se ha desviado específicamente para cubrir pensiones. La pregunta es si esta cantidad es solo la punta del iceberg.
La misión de octubre: ¿inspección o teatro?
La misión europea, encabezada por un eurodiputado crítico con Pedro Sánchez, no llega con un cheque en blanco. De hecho, el contexto sugiere que los fondos ya están prácticamente finiquitados. Como apunta una corriente de análisis, la inspección llega cuando no queda nada que rascar: es pura escenografía para que Bruselas pueda decir que «controla», mientras el guano ya está repartido entre los amigos de turno. La factura, como siempre, para los contribuyentes de a pie y para las generaciones futuras. La impresora del BCE no crea riqueza; crea deuda con fecha de caducidad.
Bruselas, cómplice necesario
Otra corriente de opinión sostiene que la Unión Europea es tan corrupta y cómplice como los gobiernos nacionales. El argumento es que Bruselas sabe lo que ocurre, pero prefiere no remover el avispero para evitar contagios. Cuando países como Alemania, Francia o Finlandia protestan «enérgicamente», se les calma con contratos o concesiones. Perro no mata perro. Esta perspectiva explica por qué la misión de octubre probablemente termine en un informe tibio y sin consecuencias reales.
Mientras tanto, en España, la falta de presupuestos se convierte en excusa perfecta para la improvisación. Se gastan fondos europeos en partidas que no corresponden, y cuando Europa llama a la puerta, el Ejecutivo se escuda en la prórroga presupuestaria. La paradoja es que nadie parece haber rendido cuentas. La pregunta que queda en el aire es si la misión de octubre servirá para algo o si acabará como otras: una visita protocolaria con foto y poco más.