El Rey atribuye a la UE el mayor periodo de paz y prosperidad de Europa
¿De verdad debe Europa su periodo más largo sin guerras a la Unión Europea? El Rey sostiene que «nuestro continente ha vivido, con la creación de la Unión Europea, el mayor periodo de paz, estabilidad y prosperidad de su historia», un hecho que, dice, «conviene recordar». La afirmación, repetida en sede institucional, choca con una realidad incómoda: la UE insiste ahora en que los civiles deben prepararse para la defensa ante la amenaza rusa, bajo el axioma de que «si queremos la paz, debemos prepararnos para la guerra». Entre el relato triunfal y el rearme, el consenso se agrieta.
¿Cuánto duró realmente la paz europea tras 1945?
El argumento oficial se apoya en un dato verificable: dentro de la zona de integración no ha habido conflicto desde 1945, lo que constituye el periodo de paz más largo en la parte continental de Europa occidental desde la
Pax Romana. Sobre ese pedestal se construye la narrativa de la
Pax Europaea. Pero el paralelismo con Roma tiene trampa: la paz romana también fue impuesta, no negociada.
Hay quien sostiene que el mayor periodo de paz en Europa no fue europeo sino soviético, impuesto tras la toma de Berlín en 1945 y sostenido hasta la caída del Muro en 1989. Bajo ese prisma, el desmantelamiento de la URSS habría costado 300.000 vidas y tres millones de desplazados, con episodios como el pogromo de Bakú, del que huyeron 200.000 personas. La cifra no está verificada de forma independiente, pero circula con fuerza en los análisis que cuestionan el relato occidental.
Los agujeros del relato: Yugoslavia y el siglo XIX
El punto más débil de la tesis oficial es Yugoslavia. La UE está formada por trozos de la antigua Yugoslavia, y su separación no fue precisamente pacífica. Los habitantes de Belgrado también son europeos. ¿Cuentan? La objeción no es menor: si el criterio es geográfico, la paz de posguerra tiene excepciones sangrientas en el propio continente.
El siglo XIX tampoco ayuda. Está plagado de guerras en Europa, y la
Belle Époque no fue más que la última fase de la llamada paz armada, el periodo en que se desarrolló la capacidad bélica necesaria para pertrechar a 70 millones de soldados. Cuando empezó la Primera Guerra Mundial, también se venía de un largo periodo de paz. El paralelismo con la contienda actual inquieta a más de uno.
¿Prosperidad o endeudamiento?
La palabra prosperidad es la que más resistencias genera. Se argumenta que la UE vivió mantenida por la energía barata subvencionada por Rusia, y que al decidir cortar esa fuente se mató a la gallina de los huevos de oro. Otros apuntan a que España era la séptima potencia mundial hasta que entró en la entonces Comunidad Económica, y que desde entonces habría quedado convertida en un país decadente y corrupto.
El cálculo más optimista asume que la integración trajo mercado, fondos y estabilidad monetaria. El escenario pesimista parte de una deuda creciente y de una pérdida de soberanía que se traduce en saqueo sin disparos. La discusión sobre si España ha sido saqueada sin pegar un solo tiro tiene más recorrido del que parece.
El problema migratorio y la fractura social
El otro eje del malestar es migratorio. Se sostiene que la llegada masiva de personas no viene a pagar las pensiones, sino a sostener a una casta corrupta, egoísta e insolidaria que estaría llevando a Europa de vuelta a la Edad Media, con un modelo social de millones de pobres sosteniendo a ricos multimillonarios. Es una tesis dura, sin datos que la respalden en el material disponible, pero que articula buena parte del descontento.
La discusión deriva hacia la calidad democrática. Se afirma que en España no existe cultura democrática, que el Poder está divinizado y blindado, sin contrapesos ni separación de poderes, con leyes ambiguas de libre interpretación y siempre a favor de quien las redacta. Más allá de los formalismos, se sostiene que no hay diferencia sustancial en la relación entre el Poder y el pueblo respecto al Franquismo. Es una comparación extrema, y como tal se plantea.
¿Quién genera las guerras que dice evitar?
La tesis más repetida es que Occidente es quien genera y necesita la guerra. Tras la Segunda Guerra Mundial, Europa debía ser reconstruida mientras se saqueaba y desestabilizaba Asia y luego Sudamérica mediante guerras, golpes de Estado y guerras civiles. Una vez desintegrada la URSS llegó la guerra de los Balcanes como parte de ese proceso, y después la guerra contra el terrorismo. La paz en Europa habría sido una fantasía que seguramente acabe pronto.
En el otro extremo se sitúa la lectura geopolítica: EEUU estaría obligado a derrotar o debilitar a Rusia para poner al mando una clase oligarca afín que le ayude a combatir a China. Frente a eso, se objeta que la cultura rusa y la china impedirán que Washington lleve a cabo sus propósitos, y que ignorar otras culturas y sus formas de afrontar conflictos es peligroso. El razonamiento colonialista clásico, dicen, distorsiona la percepción de la realidad.
La pregunta que queda flotando es sencilla: si la UE garantizó la paz, ¿por qué ahora pide a los civiles que se preparen para la guerra? Puede que la respuesta sea que la paz nunca fue un logro, sino un equilibrio entre bloques que se ha roto. O puede que, como sostiene una corriente cada vez más amplia, el enemigo ya no esté fuera.