Eva Soriano y su ligue en Grecia: la andanada machista al relato femenino
¿Qué ocurre cuando una mujer cuenta un episodio de su vida amorosa sin pedir permiso? En el caso de la cómica y presentadora Eva Soriano, la respuesta ha sido una combinación de desprecio y cosificación que dice más de quien escribe que del relato en sí. Su historia, un ligue vivido en Grecia, ha generado una oleada de reacciones en las que predomina el sexismo más cansino: desde el desinterés más absoluto hasta el intento de reducirla a un objeto. Lo llamativo no es que exista crítica; es la virulencia y la dirección del ataque.
Otros han entrado en el terreno de la humillación con apelaciones a su físico o a su edad. Y no falta quien reinterpreta la anécdota para afirmar que ella no estaba ligando, sino que era utilizada. Ese paternalismo agresivo, que borra la autonomía de la mujer que narra su propia experiencia, es exactamente el patrón que se repite cada vez que una voz femenina sale del guion.
La cuestión de fondo es irremediablemente aburrida de tanto repetirla: queda un largo trecho para que el relato íntimo de una mujer se trate con la misma naturalidad que el de un hombre. La anécdota griega de Soriano es menor. La reacción, en cambio, es un termómetro de cuánto queda por avanzar.
Quizá lo único que sorprende es que aún sorprenda. La próxima vez que una mujer cuente una historia así, habrá quien vuelva a responder con el mismo desprecio autoafirmado. Y así hasta que el ingenio para criticar dé para algo más que repetir los mismos tópicos.