El negocio de las oposiciones: un fenómeno casi exclusivo de España
Un chaval termina la carrera y, en lugar de buscar trabajo, se mete a tiro fijo a preparar una oposición de grupo A1. Otro lleva una década dando tumbos por el sector privado y acaba en un aula de academia preparando un C2 para, al menos, vivir con sosiego. Entre ambos perfiles se levanta una industria que mueve dinero a espuertas en España: las academias de
oposiciones. La pregunta que planea sobre este negocio es si existe algo parecido en el resto del mundo o si, por el contrario, es una singularidad patria.
La respuesta corta es que no, no es exclusivo de España, pero la versión española tiene rasgos que la diferencian. En Francia, país con fama de funcionarial, la preparación de las oposiciones se hace en escuelas públicas o a distancia, sin una industria privada de academias comparable a la española. En China, el sistema de exámenes para acceder a cargos públicos es milenario y durísimo, pero está vinculado a la militancia en el partido único. En Italia o Portugal existen oposiciones, pero el concepto de plaza en propiedad y de preparación privada como negocio tiene aquí una escala que no se repite.
Una industria que vive de ayudar a otros a cobrar del Estado
El negocio de las academias de oposiciones es, en esencia, un parásito del sistema público. Gente que gana dinero ayudando a otros a ganar dinero público. El Lazarillo de Tormes ya terminaba con el protagonista accediendo a un cargo público, y en los años 80 del siglo pasado ya existían academias de oposiciones en España. No es un fenómeno nuevo, pero sí uno que se ha ido sofisticando y expandiendo al ritmo que crecía el empleo público.
Hay quien sostiene que este sistema se ha montado porque la alternativa natural, dada la idiosincrasia local, sería la herencia profesional y el feudalismo de iure. En Francia, país aún más opositor que España, todo pasa por exámenes de estado, desde la secundaria hasta los altos puestos, pasando por las escuelas de ingeniería, los oficiales del ejército o los pilotos. Pero allí los exámenes se basan en gran medida en el pensamiento crítico y racional, y se tienen en cuenta otras cualidades además de la nota. En España, el peso de la memorización y de la preparación privada es mayor.
¿Por qué el sector privado empuja a la gente a opositar?
La empresa privada española no ayuda. Mil títulos para entrar, pero hasta las 18:30 para salir. Salario por convenio, en la categoría más baja y suerte con las horas extras. Normal que la gente se vaya a lo público. El sector privado es en un 90 y pico por ciento trabajo basura, y lo poco decente que hay o es enchufe trifásico o piden un premio Nobel. Prácticamente para cualquier trabajo hay que tener enchufe.
En muchos países trabajar en el sector público es sinónimo de tener poca valía y los salarios son similares a los del privado o incluso algo inferiores. En España, en cambio, la plaza en propiedad se ha convertido en un refugio codiciado. Hay mucha gente con muy buenos currículos en la privada preparándose oposiciones sencillas de grupo C porque ser funcionario es como una jubilación anticipada. Y a día de hoy, ¿qué es valer en la privada? Si el 95% de los trabajos los podría hacer un mono y en la gran mayoría de empresas casi todo el trabajo cualificado es ser un mero administrativo.
El enchufe como sistema paralelo de acceso
El tema de los bomberos es bestial. En Almería, si no te entrena alguien y si no conoces a alguien que está dentro, no entras, seas quien seas. Así seas una máquina física y mentalmente, no entras. Es muy bestia que gente que se ha pasado años preparándose y suspendiendo repetidas veces reciba el chivatazo de que hay que conocer a Fulanito y mágicamente, al año siguiente, entre.
La inmensa mayoría de los que han entrado a bomberos y a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado tenían contactos para facilitar los trámites. Pero eso ha sido siempre la manera natural de conseguir ganarse la vida en España. Hay conceptos muy españoles como colocarse o la plaza en propiedad que derivan de la Edad Media y que incluso en países como Italia, Francia o Portugal ya no se manejan. En este aspecto, nos parecemos más a los asiáticos, donde hay mucha herencia profesional y mucho dedicarse a lo que se han dedicado tus padres, incluso en Japón y Corea del Sur.
El conocimiento de idiomas en las oposiciones españolas
En la Administración General del Estado el conocimiento de idiomas se valora en las pruebas selectivas para A1, pero en el resto de cuerpos no. Tiene su sentido, ya que son estos funcionarios los que se relacionan con sus homólogos internacionales a nivel de relaciones interadministrativas. Para las funciones de un administrativo de la Seguridad Social, el conocimiento del inglés no representa un valor diferencial salvo necesidades específicas del puesto, como tampoco lo es en el resto de países.
En Francia lo valoran también en las policías porque al final tienen que hablar con extranjeros, y les pagan un complemento. En España, por su condición de país turístico, también el personal sanitario se relaciona con extranjeros al cabo del año. En los cuerpos A1, si tienes diplomas que acrediten mínimo un B2 no tienes que hacer examen de idioma; si no, es obligatorio en todos los cuerpos A1 de la AGE, y a algunos A2 como ayudante de archivos y bibliotecas.
El Estado como máquina de crear negocios absurdos
El Estado es una máquina de crear negocios absurdos e improductivos. Directamente, ya sabemos: empresas públicas, chiringuitos, más todos los que subvenciona. Pero indirectamente, el efecto es aún mayor. Academias de oposiciones, gestores para llevar todo al día, consultores de compliance, empresas de cursos obligados por la ley, auditores para todo tipo de requisitos legales para casi cualquier actividad, empresas que se crean casi exclusivamente para absorber subvenciones, y un etcétera interminable. Un montón de empresas cuya actividad no sería deseada por nadie si no estuviera el Estado detrás.
Improductivo, pero a veces muy necesario. Si el Estado no hubiese permitido construir alegremente en zonas inundables, se habrían lamentado menos desgracias con la DANA. Si el Estado no impide fábricas contaminantes en poblado, la contaminación en las ciudades sería mucho peor. Y sí, hay mucha burocracia absurda. Con políticas fiscales más lógicas se podría mejorar; mucho capital en turismo podría reorientarse a otro tipo de actividades.
La cuarta parte del PIB industrial, en manos extranjeras
La cuarta parte del PIB industrial de España será de capital francés, pero los poderes de decisión están en Francia. Dacia ya la pusieron en Marruecos y factorías Renault las están moviendo allí. España tiene un engañoso PIB industrial. Francia tiene más grandes industrias por el impulso estatal: Renault está participada en un 40% por el Estado francés, Matra también tiene participación de Aérospatiale, que a su vez participa en la brasileña Embraer, y así con todo. España precisamente tiene muchas empresas pequeñas industriales, más que Francia o Alemania.
Los Falcon que tanto le gustan a Pedro Sánchez existen gracias a los pedidos de Mirage para el Ejército del Aire francés. Al final la industria militar, que por definición es de base nacional, ejerce una tracción enorme sobre otras. La nuclear civil francesa no se explica sin lo militar, y los satélites o el programa Ariane tampoco. Quizá si el Ejército de Tierra o las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado hicieran pedidos más grandes, UROVESA podría tener una línea civil conocida y con más presencia, y así con tantos otros fabricantes de producto militar. Incluso puede que Santana Motor hubiera sobrevivido si los pedidos militares hubieran sido mayores.
La industria de las oposiciones en España no es un fenómeno aislado, pero sí tiene una escala y unas características que la hacen singular. La combinación de un sector privado precarizado, un sistema de acceso basado en la memorización y una cultura del enchufe que se remonta a la Edad Media ha creado un ecosistema en el que preparar oposiciones es, para muchos, la única salida laboral viable. Mientras el Estado siga siendo el principal empleador estable del país, las academias seguirán llenando sus aulas. Y los que no entren, seguirán engrosando las listas de espera.