El régimen iraní: ¿por qué sigue contando con apoyo popular?
Desde 1979, los ayatolás han mantenido el poder en Irán apoyados en un sector duro de la población. La narrativa occidental insiste en que los iraníes odian a su régimen, pero un análisis de la historia chiita revela razones profundas para ese respaldo. No se trata solo de represión: siglos de persecución han forjado una identidad que el régimen explota hábilmente.
Siglos de persecución y la identidad chiita
La división del Islam en suníes y chiitas no es una simple disputa teológica. Los chiitas han sido perseguidos y asesinados durante siglos, lo que ha creado una cultura de martirio y resistencia. El régimen iraní se presenta como el defensor de los oprimidos, conectando con esa memoria histórica. La figura del mártir es central: cuando un anciano religioso muere, se le convierte en mártir, avivando profecías sobre la llegada del Imam Mahdi, un guerrero que vendrá a cortar cabezas de opresores. Esta narrativa no es marginal; moviliza a sectores enteros.
La doctrina de la autosuficiencia
Otro pilar del apoyo es la doctrina chiita de autosuficiencia nacional, reforzada por el golpe de Estado contra Mosaddeq en 1953, orquestado por Estados Unidos. El régimen actual promete no depender de nadie, y ha transferido tecnología a países como Venezuela para demostrarlo. "No dependamos de nadie sino de nosotros mismos" es un eslogan que resuena entre quienes desconfían de Occidente.
Orgullo persa vs. rechazo al régimen
Pero no todo es apoyo. Una postura contraria distingue entre el orgullo persa —que es real— y el régimen de mierda que tienen, como lo expresó un analista. El régimen cuenta con un sector duro, pero no necesariamente con la mayoría. La profecía del Imam Mahdi puede leerse como esperanza de cambio o como herramienta de control.
Lo que queda claro es que el apoyo no se explica solo con propaganda. La historia chiita, la persecución y la promesa mesiánica dan al régimen una base que Occidente subestima. La pregunta es si esa base será suficiente cuando llegue el verdadero cambio.
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