El nuevo pulso colombiano: cocaína, Marruecos y la sombra del narco
El nuevo presidente de Colombia ha lanzado una ofensiva militar contra los narcos con métodos que recuerdan a Bukele. Y en el mismo paquete, ha girado su diplomacia hacia Marruecos. Dos gestos que, según los análisis disponibles, podrían compartir una misma raíz: la ruta de la cocaína hacia Europa a través del estrecho.
Colombia, principal productor de cocaína del mundo, ha visto crecer su producción un 500% desde 2002. Ahora, con un presidente que presume de pasaporte estadounidense, el respaldo explícito a las tesis marroquíes sobre el Sáhara y Ceuta y Melilla levanta suspicacias.
La ofensiva antinarco, bajo sospecha
El plan de «limpiar la selva» de narcos recuerda al método Bukele. Pero no hay consenso sobre sus fines. Hay quien lo ve como una campaña real para desmantelar las guerrillas que controlan la producción; otros sospechan que, en realidad, busca entregar el negocio a grupos paramilitares afines al nuevo Ejecutivo.
España, sin autoridad moral para protestar
El malestar en Madrid por el giro colombiano choca con un problema: España no tiene margen. Abandonó el Sáhara a su suerte tras la muerte de Franco, ignoró durante décadas su estatus de potencia administradora y, más recientemente, reconoció la soberanía de Marruecos sobre el territorio. Cualquier reproche a Bogotá suena a hipocresía.
La ruta del estrecho: el verdadero objetivo
El único interés económico claro entre Colombia y Marruecos, más allá de la diplomacia, es la coca que los cárteles colombianos mueven por las rutas del hachís. Queda en el aire si el respaldo a Rabat es la llave para que esa ruta se amplíe. La respuesta, por ahora, no está escrita.