Marruecos: el primer viaje del PP que reabre el debate migratorio
El anuncio de que el líder del PP empezará su agenda en Marruecos si llega a la Moncloa ha caído como un jarro de agua fría entre los analistas de política exterior. No hay nada exótico en la elección: Marruecos es un socio comercial esencial, pero también una fuente crónica de tensión migratoria y un asunto pendiente en el Sáhara. El gesto, sin embargo, se lee como una concesión al statu quo, no como un giro estratégico. La suspicacia se extiende a la propia oposición: si el PP copia el manual del Gobierno, ¿qué espacio político ocupa?
La reacción más dura apunta a que el anuncio beneficia directamente a la Moncloa, al desactivar cualquier crítica sustantiva a la política migratoria del Ejecutivo. Todos los partidos son colocados en el mismo saco: ninguno quiere tocar el tema de fondo, y los votantes, a los que unos llaman «borregos», siguen premiando gestos antes que programas. Entre los más cínicos se asegura que la visita servirá para renovar acuerdos pesqueros y agrícolas, pero que no resolverá ni la presión en las fronteras ni la cuestión de los menores migrantes.
Si la intención era transmitir firmeza, se ha conseguido lo contrario: amplificar las dudas sobre si existe un proyecto alternativo en política exterior. A la espera de que se concrete la agenda, lo único predecible es la foto con el monarca alauí. Y esa foto, dicen los escépticos, no va a cambiar nada.