Si hubieran entrado a razón de un millón al año desde 2000 y se hubieran quedado todos, estaríamos hablando de 26 millones de personas nacidas en Latinoamérica.
A día de hoy residen en España 4,7 millones de personas nacidas en Latinoamérica.
Tu imaginación es prodigiosa.
No es imaginación si cuando vas en metro a primera hora hay un 95% de extranjeros. Si cuando vas por la calle ves que, incluso en las horas de mayor calor del día en agosto, cuando antiguamente no se movía casi nadie, ahora hay miles y miles de americanos deambulando. Madrid tiene cerca del 50% de extranjeros del total de población. Si hace 15 años había 6 millones en la provincia, ahora tendremos 5 millones de españoles y unos 4 millones de extranjeros. Sólo en Madrid.
Tus cifras oficiales no tienen en cuenta que hay alrededor de 10 o 12 millones con nacionalidad española o doble nacionalidad. Y no los cuentan como extranjeros pero lo son. Muchos se convierten en "españoles" tras sólo dos o tres años de vivir en España. Y hay varios millones de ilegales que no constan en ningún sitio. Millones duermen en las calles de toda España, esperando que en pocos años puedan optar a la regularización.
Los extranjeros de todo el mundo están trayendo a sus amigos y familiares a millones desde el anuncio de regularización masiva: de Bangladés, del Congo, de Senegal, de Pakistán, de Jovenlandia, de toda América... entran con visado turístico y no vuelven más a sus países. Los funcionarios de fronteras no hacen nada de nada. Solo ponen sellos y, cuando no están de baja, se pasan por el aeropuerto. En España entra absolutamente todo el que quiere sin ningún control. Como efecto secundario de esta falta absoluta de control está el hecho de que están instaladas en España todas las redes de lavado de dinero de dinero de todo el mundo, todas las organizaciones mafiosas y todos los incivil que echan de otros países.