Francia, espejo roto (Ignacio Camacho en El ABC)

Francia, espejo roto (Ignacio Camacho en El ABC)
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

La crisis francesa combina un déficit y una deuda que el Gobierno no controla, violencia urbana recurrente y un espacio de centro que Macron no ha reconstruido. La duda que se plantea es cuándo, no si, ese contagio llega a España.

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La crisis francesa combina un déficit y una deuda que el Gobierno no controla, violencia urbana recurrente y un espacio de centro que Macron no ha reconstruido. La duda que se plantea es cuándo, no si, ese contagio llega a España.

Un presidente sin margen y unas cuentas sin control

Emmanuel Macron afronta el último tramo de su doble mandato sin control sobre lo esencial. Su Gobierno no domina el déficit, ni la deuda, ni la economía, ni la inmigración, ni el orden en las calles. Así lo plantea Ignacio Camacho en un artículo publicado en ABC el 20 de octubre de 2026, donde describe la situación como una crisis de sistema en la segunda potencia económica de la Unión Europea.

El calendario aprieta: faltan ocho meses para unas elecciones presidenciales que, con toda probabilidad, se disputarán entre dos candidatos radicales. El presidente no ha sabido o no ha querido recomponer el espacio de centro ni encontrar a alguien capaz de defenderlo con posibilidades reales. Los problemas estructurales que el ensayista Nicolas Baverez denunció en ‘La Francia que cae’ siguen sin resolverse casi un cuarto de siglo después, y la mayoría se han agravado.

De los chalecos amarillos a los black blocs

Las protestas de estos días empezaron por los estudiantes y siguieron por sindicalistas, agricultores, funcionarios, jubilados y consumidores asfixiados por el coste de la vida y el colapso de los servicios. A ellos se unieron los heterogéneos chalecos amarillos. Pero no es esa gente la que ha quemado Limoges, arrasado Marsella, colocado la bandera palestina en la torre Eiffel y saqueado comercios parisinos.

Tras ese malestar ha aparecido otra cosa: los black blocs de la extrema izquierda y los militantes enmascarados de la Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon, actuando como vanguardia de los jóvenes musulmanes de las banlieues. Camacho los describe como hijos del fracaso del multiculturalismo. Sobre esas barricadas de fuego, el veterano líder poscomunista pretende arrancar su campaña hacia los comicios, aunque tal vez solo consiga acercar a Marine Le Pen los votos de una clase media espantada por el vandalismo.

El contagio ya toca a los vecinos

Los disturbios se han extendido a naciones vecinas como Bélgica e Italia, y eso vuelve pertinente la pregunta de si llegarán a España. La única duda al respecto es la de cuándo: si antes o después de las elecciones convocadas y planteadas por el sanchismo sobre una polarización frentista máxima. Lo más probable, según el artículo, es que hasta el 29 de noviembre solo se vean apuntes y ensayos de una movilización populista a gran escala.

Esa movilización cobraría mayor agresividad cuando se consume la previsible alternancia. Con las derechas en el poder y unas municipales y autonómicas en primavera, el texto considera verosímil que la alarma antifascista desemboque en una sucesión de huelgas, escraches y algaradas. Un desafío callejero disfrazado de revuelta ciudadana, con una nómina de intelectuales y medios dispuestos a analizarlo, comprenderlo o justificarlo.

La economía que sostiene el descontento

El fondo del asunto es material. Una sociedad incapaz de pagar su enorme gasto subsidial se ha acostumbrado a evacuar sus malestares en estallidos periódicos de violencia. El coste de la vida y el deterioro de los servicios públicos alimentan la protesta de base, mientras el Ejecutivo no logra ordenar las cuentas. Sin margen fiscal ni político, el último gobernante moderado de Europa llega a las presidenciales con el espejo roto.

Datos clave
  • El artículo de Ignacio Camacho se publicó en ABC el 20 de octubre de 2026.
  • Faltan ocho meses para las elecciones presidenciales francesas, que probablemente disputarán dos candidatos radicales.
  • Los disturbios se han extendido a Bélgica e Italia.
  • El 29 de noviembre es la fecha electoral española que cita el texto como referencia temporal.
  • Nicolas Baverez denunció los problemas estructurales franceses en ‘La Francia que cae’, casi un cuarto de siglo antes.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

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Francia, espejo roto​

20/10/2026

Ignacio Camacho-ABC​

  • Antes o después de las elecciones: ésa es la única duda sobre el contagio a España de la revuelta de violencia urbana

Emmanuel Macron, el último gobernante moderado de Europa, ha perdido el control de Francia en el último tramo de su doble mandato. Su Gobierno no controla el déficit, ni la deuda, ni la economía, ni la inmi gración, ni el orden en las calles. La segunda potencia económica de la UE se desangra en una crisis de sistema a ocho meses de las elecciones presidenciales, que con toda probabilidad se fruta entre dos candidatos radicales, ambos prorrusos, porque el presidente tampoco ha sabido ni quizá querido recomponer el espacio de centro ni encontrar a alguien capaz de defenderlo con ciertas posibilidades. Los problemas estructurales que el ensayista Nicolas Baverez denunció en ‘La Francia que cae’ siguen sin resolverse, la mayoría más graves, casi un cuarto de siglo más tarde. Los recurrentes estallidos de violencia urbana son el retrato de una sociedad sin horizontes, incapaz de pagar su enorme gasto subsidial, que se ha acostumbrado a evacuar sus malestares en una periódica oleada de disturbios.

Las protestas de estos días empezaron por los estudiantes y siguieron por sindicalistas, agricultores, funcionarios, jubilados y consumidores asfixiados por el coste de la vida y el colapso de los servicios, a los que luego se unieron los heterogéneos ‘chalecos amarillos’. Pero ésa no es la gente que ha quemado Limoges, arrasado Marsella, colocado la bandera palestina en la torre Eiffel y saqueado los comercios parisinos. Tras ella han aparecido los ‘black blocs’ de la extrema izquierda, los guerrilleros enmascarados de la Francia Insumisa de Melenchon, como vanguardia de los jóvenes de las ‘banlieues’, los descendientes del fracaso del multiculturalismo. Esos son los que han prendido las barricadas de fuego sobre las que el veterano líder poscomunista –una especie de Pablo Iglesias setentón y más revenido– pretende iniciar su campaña hacia los futuros comicios, aunque tal vez sólo consiga arrimar a Le Pen los votos de una clase media espantada por el vandalismo.

Como los disturbios se han extendido ya a naciones vecinas como Bélgica o Italia se vuelve pertinente la pregunta de si llegarán a España. Y la única duda al respecto es la de cuándo, si antes o después de estas elecciones convocadas y planteadas por el sanchismo sobre la base de una polarización frentista máxima. Lo más probable es que hasta el 29 de noviembre sólo veamos apuntes, ensayos de una movilización populista a gran escala que cobrará mayor agresividad en el momento en que se consume la previsible alternancia. Con las derechas en el poder y unas municipales y autonómicas en primavera parece bastante verosímil que la ‘alarma antifascista’ desemboque es una sucesión de huelgas, escraches y algaradas, un desafío callejero disfrazado de democrática revuelta ciudadana. Y habrá, como siempre, una conspicua nómina de intelectuales y órganos de opinión dispuestos a analizarlo –y comprenderlo o justificarlo– con esa prosopopeya enfática que el sedicente pogre aplica a las causas revolucionarias.
 

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