La hambruna de posguerra fue una política económica deliberada
El profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Granada Miguel Ángel del Arco Blanco sostiene que el hambre que asoló España tras la Guerra Civil no fue una fatalidad meteorológica ni una herencia inevitable del conflicto, sino el resultado de una política económica adoptada de forma voluntaria por el franquismo. Su investigación colectiva, recogida en el libro
Los años del hambre. Historia y memoria de la posguerra franquista (Marcial Pons), reconstruye una década de penuria que durante décadas quedó fuera del relato oficial. La producción agrícola e industrial no recuperó los niveles de preguerra hasta
1953, catorce años después del final de la contienda.
Qué fue la hambruna de la posguerra franquista
El coste de vida se disparó mientras los salarios permanecían congelados. Del Arco describe una etapa en la que los más humildes, muchos identificados con el programa político de la República, abandonaron sus sueños y su ideología para centrarse en conseguir alimento. La protesta social, recuerda el historiador, estaba tipificada como delito contra la patria. El régimen no solo no corrigió la escasez: la administró.
El caso del poeta Miguel Hernández funciona como retrato paradigmático de aquellos años. Encarcelado y condenado por un tribunal militar por sus ideas políticas, murió en prisión en condiciones de hacinamiento, higiene pésima y alimento paupérrimo. Su castigo no se limitó a la pérdida de libertad.
Las enfermedades del hambre en Extremadura y el sur
Los investigadores Sergio Riesco y Francisco Rodríguez documentan el desplome de la producción agrícola extremeña. Informes secretos del
Foreign Office británico, basados en comisiones médicas de la Dirección General de Sanidad, detallaban cifras elevadas de pelagra —falta de vitamina B3 por malnutrición— y edema del hambre. En localidades enteras como Castuera se registraron casos de listeriosis entre jóvenes de ambos sexos de
18 a 25 años, con parálisis de extremidades inferiores sin posibilidad de curación posterior, originados por la ingesta de harina de almortas. En Extremadura se comían durante meses enteros hierbas cocinadas con sal.
Los servicios diplomáticos de Inglaterra, Estados Unidos y Francia señalaban el arco sur como la zona más castigada: Murcia, toda Andalucía, Extremadura y las provincias más meridionales de Castilla-La Mancha.
El mercado negro y la prostitución en la Sevilla de Queipo
Rúben Leitão Serém describe cómo la pobreza general estimuló un mercado negro controlado por la oligarquía sevillana. La ciudad, que había dejado de ser capital administrativa de la España rebelde, se convirtió en el centro de la prostitución del país, con más de un centenar de burdeles nutridos por una red de trata de personas que llegaba hasta el norte de África y se cebaba con mujeres pobres de clase trabajadora.
La propaganda que borró la responsabilidad del régimen
A pesar de la carestía, el franquismo logró un éxito rotundo con su aparato propagandístico. La mayoría de los testimonios recogidos hacen suyas las explicaciones del régimen y esconden lo sucedido, incluida la responsabilidad de la dictadura. Ese borrado explica por qué durante décadas solo quedaron las estampas de películas como
Los santos inocentes o novelas como
Tiempo de silencio y
Si te dicen que caí, y cifras inventadas por el propio régimen.
La controversia no se limita a la historiografía. En el terreno público se ha discutido el encargo del secretario de Estado de Memoria Democrática, Fernando Martínez López, al propio Del Arco para peritar si una manifestación de Falange Española del 20 de noviembre atentó contra la Ley de Memoria Democrática, coincidiendo con que su departamento tenía contratada a la hija de ese mismo secretario de Estado. Hay quien sostiene que el aislamiento internacional posterior a 1945, promovido por el gobierno republicano en el exilio, agravó la escasez; frente a esa tesis pesa el hecho de que la autarquía y el control de precios y racionamiento fueron decisiones soberanas del régimen, no imposiciones externas.
Con estos mimbres, lo previsible es que el debate académico siga avanzando hacia el estudio de la mortalidad real por malnutrición, aunque la politización del asunto y la falta de series estadísticas fiables permiten augurar que las cifras definitivas tardarán en cerrarse.