Gasolina a 1,75 y gasoil a 1,65: el crudo sube y el surtidor no baja
El precio de los carburantes vuelve a tensarse. Un participante del debate sitúa la gasolina de 95 en **1,75 euros el litro** y el gasoil en **1,65**, cifras que, con el crudo en el entorno de los 85 dólares, dejan poco margen: si el barril escala a los 90, cosa que ese mismo usuario considera factible, la gasolina se irá otra vez a los **2 euros**. La clave no está en el petróleo, sino en lo que se ha dejado de repercutir.
El crudo sube, el litro aguanta: la brecha que nadie cierra
El punto de partida del análisis es una asimetría. Con un crecimiento económico más débil que hace un mes, el petróleo está más caro. Esa combinación —menos actividad y materia prima más cara— es la que se señala como anómala, porque rompe la lógica de oferta y demanda. La explicación que gana peso apunta a la OPEP: según ese análisis, el cártel ya no se conforma con 80 dólares de mínimo y buscaría un entorno de **90 dólares de media** a medio plazo. Por debajo de 85, dicen, no hay acuerdo posible.
El cálculo que se maneja es incómodo. Con el petróleo a 100 dólares y el tipo de cambio en paridad, la gasolina se iría a **2,5 euros el litro**. No es un escenario de ciencia ficción: en 2008, con el barril a 100 dólares, el euro cotizaba a 1,6 frente al dólar. Hoy la moneda única se queda en la paridad y cada dólar del crudo pesa el doble en el surtidor. La gasolina, en ese contexto, no tiene suelo.
El 70% son impuestos: quién se lleva el dinero del depósito
La estructura fiscal es el otro gran bloque del asunto. Se sostiene que **el 70% de lo que se paga en el surtidor son impuestos** y que un coche en circulación funciona como una máquina de generar ingresos para las administraciones. Sobre esa base se añade la amenaza de nuevas tasas: el pago por circular por autovías, que se sitúa en el horizonte de la vuelta de vacaciones y las navidades.
La comparación internacional sirve de contraste. En Francia, la gasolina de 95 está a **1,8 euros**, y las gasolineras de productor aplican un precio máximo de **1,90 euros en autovía**, que es donde repostar sale más caro en ambos países. En Estados Unidos, en cambio, se paga menos que el año anterior. La conclusión que se extrae es que el problema no es solo el crudo, sino el margen que cada Estado se queda por el camino.
¿Por qué no baja el consumo si el precio sube?
Aquí aparece la paradoja que descoloca a más de uno. Aunque el litro suba a 2 euros, el consumo no cae. La experiencia cotidiana lo confirma: la mayoría de la gente que conoce el asunto va en coche o moto, no en patinete eléctrico, y echa 30 euros en lugar de 20. El gasto se mantiene porque el desplazamiento al trabajo no es opcional. Quien vive a 40 kilómetros de la fábrica es el más sensible al precio; quien vive a cinco, ni mira la cifra del surtidor.
El umbral psicológico existe, pero es alto. Se apunta a que cuando el litro pasa de **1,90 euros**, la gente empieza a dejar el coche. Por debajo, se traga. La visa se pasa y asunto arreglado. Esa resistencia del consumo es lo que permite a las petroleras y a los Estados mantener los precios sin perder volumen.
El cuello de botella está en el refino, no en el pozo
Una de las tesis más desarrolladas del análisis apunta a la capacidad de refino. Las políticas de descarbonización y la prohibición de motores de combustión habrían desincentivado la inversión en nuevas refinerías. El resultado es que el problema no está en el precio o el suministro de petróleo, sino en la capacidad de transformarlo. Si la demanda se recupera en algún momento de los próximos años y el refino no acompaña, el precio será mucho más alto de lo que debería ser.
A eso se suma el efecto de las sanciones. La compra de petróleo ruso a 60 dólares se presentó como una victoria, pero el crudo sigue llegando al mercado global y el precio final no ha bajado. El aceite de oliva, con España produciendo el **40% mundial**, se pone como ejemplo de otro mercado tensionado: los precios no bajan aunque se produzca en casa.
El impuesto a circular y la resaca de la masa monetaria
El horizonte inmediato incluye el pago por uso de autovías, que se espera para después del verano. La masa monetaria M2 se ha duplicado en dos años, y eso, según el análisis, tiene que notarse en algún sitio. El petróleo entre 90 y 100 dólares es el escenario central; por debajo de 85, no.
La comparación con 2008 vuelve a aparecer. Entonces el petróleo a 100 dólares no dolió tanto porque el euro estaba fuerte. Ahora, con la paridad, el mismo barril cuesta un 60% más en euros. La competitividad no mejora y el margen de las familias se estrecha. El análisis se atasca exactamente aquí: con el crudo en 90 dólares, la gasolina debería estar por debajo de 1,75. No lo está. Y nadie termina de explicar por qué.