El PP irá a elecciones si Vox exige entrar en el Gobierno
Alberto Núñez Feijóo ha dejado de lado la ambigüedad. En la clausura del congreso nacional del PP, el líder popular fijó su hoja de ruta para un hipotético triunfo electoral: alianzas parlamentarias con todos los grupos del Congreso salvo Bildu, ningún cordón sanitario a Vox y un Gobierno en solitario. Este lunes, el nuevo secretario general, Miguel Tellado, convirtió esa aspiración en compromiso expreso tras la rueda de prensa en Génova, en conversación informal con periodistas. Fuentes de la dirección nacional ratifican que Feijóo solo contempla aterrizar en la Moncloa gobernando en solitario y que se negará a incluir ministros de Vox. ¿Y si los de Santiago Abascal exigen entrar en el Ejecutivo a cambio de apoyar una investidura? La respuesta que trasladan esas mismas fuentes es afirmativa: repetición electoral.
Qué significa el compromiso de Génova
La promesa tiene un perímetro concreto. El PP acepta pactos parlamentarios externos —votos a favor o abstenciones que permitan investir a Feijóo— pero no reparto de carteras. Es la línea que el propio Feijóo desplegó en la clausura del congreso, donde se negó a levantar un cordón sanitario a Vox como le exige la izquierda. Génova sostiene que ese compromiso es electoral, no táctico, y que se mantendría aunque el precio fuera volver a las urnas.
La jugada tiene un coste evidente.
Ir a una repetición electoral es una apuesta que históricamente castiga al partido que la provoca, según la lectura más extendida entre quienes siguen este tipo de escenarios. Si el PP gana y no puede gobernar por el veto a Vox, el desgaste recaería sobre él. Si el PSOE mantiene un suelo alto —en el entorno de los 90 a 100 escaños según los cálculos que circulan—, el castigo se concentraría en el partido que fuerza la nueva cita con las urnas.
La tesis de Vox: la sartén por el mango
En el otro lado del tablero, la lectura dominante es que Vox no debería ceder. El argumento: con una horquilla de
entre 55 y 80 escaños, Vox entraría en el Gobierno sí o sí, salvo que el PP y el PSOE acabaran fusionándose en un solo partido. La táctica que se propone es la de Junts: exprimir cada negociación y convertir cada investidura en un infierno. La tesis de fondo es que el PP no rasca votos en ese espacio, sino que los pierde, y que la única esperanza de Feijóo es que el electorado de izquierdas deje de votar al PSOE.
Hay quien va más allá y sostiene que el objetivo de Génova no es gobernar, sino quedarse en la oposición.
Nadie quiere tocar el agujero de la Seguridad Social, las pensiones ni el gasto público, reza ese argumento, y por eso Feijóo seguiría al mando sin vocación real de ejecutar cambios. La crítica interna más repetida apunta a su perfil: un líder que no arrastra votos nuevos y que en campaña volvería a replegarse.
El desgaste del relato y la vía de la abstención
El problema de fondo es de credibilidad. Una parte del electorado conservador da por hecho que el compromiso de gobernar en solitario se diluirá, como se diluyeron otros.
La sospecha de que el PP acabará pactando con el PSOE una gran coalición es el escenario que más votos empujaría hacia Vox, porque haría evidente que solo queda una alternativa a la izquierda. Otra corriente, en cambio, cree que Vox debería abandonar los pactos territoriales y dejar que el PP se retrate: o gobierna Sánchez, o gobierna Feijóo, o hay elecciones.
La pregunta que sobrevuela el asunto es qué pasa si la lista más votada es la de Vox. La exigencia de simetría es inmediata: si Vox no puede entrar en el Gobierno con el PP, el PP tampoco debería exigir entrar en uno presidido por Vox. Génova no ha respondido a esa hipótesis. Tampoco ha aclarado si el compromiso incluye el escenario inverso.
Con estos mimbres, la predicción más razonable es que el PP mantenga el marco de Gobierno en solitario hasta la misma noche electoral y que la tensión se traslade a la negociación posterior. Si Vox aguanta la presión y no renuncia a las carteras, la repetición electoral deja de ser una amenaza y pasa a ser el escenario base. Nadie en Génova ha explicado todavía cómo se explica eso al votante que cambió de papeleta para desalojar a Sánchez.